4 claves para ayudarle a desarrollar el lenguaje

CRIANZA CON RESPETO

4 claves para ayudarle a desarrollar el lenguaje

Hacerle preguntas que le permitan expresarse con calma, ayudarle a abandonar el chupete a su debido tiempo y prepararle comidas que pueda masticar son la base de la estrategia.

Mariana Vas

Que nuestro hijo hable bien es una de nuestras mayores preocupaciones como padres. Todos sabemos que es una parte fundamental de su desarrollo, y anhelamos poder comunicarnos con ellos de la mejor manera posible.

¿Qué podemos hacer nosotros al respecto? Aunque existen varios factores a tener en cuenta, en un principio, nos centraremos en cuatro aspectos fundamentales:

  1. El uso del chupete
  2. Las preguntas a los niños
  3. La lactancia materna
  4. El exceso de triturados

No a los excesos

El chupete, una vez establecida la lactancia, no es ni bueno ni malo en sí mismo; es el uso que le damos lo que puede convertirlo en perjudicial para la boca de nuestro hijo. Porque si la zona orofacial (boca, dientes, paladar...) no se desarrolla bien, el niño no podrá hablar correctamente.

El bebé nace con una serie de funciones básicas: respiración, deglución, succión, masticación, fonación... Entre todas estas maravillosas capacidades que les permiten empezar con fuerza la vida fuera del útero materno conviene destacar la succión. Esta función no sólo le permite alimentarse para sobrevivir sino que también tiene otro objetivo importante: tranquilizarle y servirle de consuelo. Es el denominado “hábito de succión no nutritiva”.

Los posibles conflictos aparecen si el chupete se usa más allá de una edad prudencial, que se sitúa aproximadamente entre los 24 y los 30 meses, etapa en la que se va formando la dentición. A partir de entonces, el uso del chupete tiene que ser muy cauteloso. No debe ser utilizado de manera continuada más allá de esta época porque deforma la boca del niño: los dientes y el paladar en formación se ven alterados por un elemento extraño si éste permanece demasiado tiempo en la boca. Otra cosa bien distinta es que el niño lo utilice en momentos puntuales, como la hora de irse a dormir, aunque lo mejor es ir pensando en abandonarlo.

Además del aspecto puramente fisiológico, hay otro punto a tener muy en cuenta en cuanto al desarrollo del lenguaje. Estamos ante una época de crecimiento de vocabulario vertiginoso; el niño aprende palabras nuevas cada día y ha de tener la posibilidad de practicarlas: si va a todas horas con el chupete en la boca hablará menos y peor, es decir, no sólo tiene menos posibilidades de hablar, sino que no puede articular los sonidos correctamente.

Cuestiones bien formuladas

En muchas ocasiones sus intervenciones nos maravillan, y sus geniales ocurrencias se convierten en tema de conversación entre adultos. Pero quizás deberíamos cuestionarnos: ¿qué preguntas hacemos nosotros a los niños?, ¿preguntamos bien?, ¿les acosamos con preguntas?, ¿esta demanda excesiva favorece la comunicación? Vayamos por partes.

¿Nos hemos detenido a pensar alguna vez en la cantidad de preguntas de respuesta cerrada que hacemos a nuestros niños? En la mayoría de las ocasiones no tienen otra opción que responder sí o no.

Veamos tres preguntas típicas que se hacen a los niños pequeños una tarde cualquiera:

  • “¿Te lo has pasado bien hoy en el cole?”
  • “¿Quieres merendar?”
  • “¿Has terminado?”

En todas ellas el niño se ve abocado a responder sí o no. Son preguntas que no favorecen el desarrollo de la comunicación, sobre todo si una va después de la otra, sin espacio de tiempo para que el niño pueda pensar y explicar algo más. Es cierto que los adultos las utilizamos en el día a día sin problemas, pero debemos tener en cuenta que los niños están aprendiendo a hablar y un uso excesivo de este tipo de preguntas no les ayuda a saber cómo mantener una conversación.

Por este motivo, quizás podríamos plantearnos las siguientes alternativas:

  • “¿Qué es lo que más te ha gustado en el cole?”
  • “¿Para merendar prefieres una manzana o un vaso de leche?”
  • “¿Qué quieres hacer cuando termines?”

En muchas ocasiones hacemos demasiadas preguntas, muy seguidas y sólo relacionadas con lo que nos interesa a nosotros. Si escuchamos y estamos atentos a aquella palabra o expresión del niño, adónde mira, tal vez encontremos un “tema de conversación” más interesante para comunicarnos. El diálogo nace en la primera infancia y el adulto debe respetar el espacio y el tiempo que el niño necesita para elaborar su respuesta y expresar aquello que necesita. El que no escucha no puede dialogar, y el niño debe ser escuchado atentamente.

Así pues, ¿qué entendemos por buenas preguntas? Son aquellas que consiguen los objetivos siguientes:

  • Demostrar interés y crear expectación. Se consigue dejando preguntas en el aire (“¿Qué sigue...?”, “¿Y ahora?”) o encabezando las preguntas con un simple “¿Y si…?”.
  • Dar opciones para decidir. “¿Quieres un plátano o un melocotón?”.
  • Ampliar la mente. Le estimulan a pensar, por ejemplo: “¿Qué está pasando?” o “¿Cómo funciona?”.
  • Ampliar la curiosidad. Lo conseguimos usando los sencillos “¿qué?”, “¿quién?”, “¿cómo?”.

Es importante hacer hincapié en que el futuro del habla de nuestros hijos está en estas primeras etapas, momento en el que más nos necesitan. El habla nos “explica” muchas cosas sobre su desarrollo: si se lanza con las primeras palabras, si pide aquello que desea, si hace frases, si es capaz de conversar…Y qué duda cabe que nosotros podemos hacer mucho para ayudarle.


Cómo podemos ayudarle

Desde el mismo día de su nacimiento, e incluso mucho antes... las madres y los padres hablamos con nuestros hijos. Algunas actitudes facilitarán el desarrollo del habla a medida que vayan creciendo:

  • Estar atento a las diferentes etapas del desarrollo del lenguaje. Saber qué es normal en cada etapa permite no anticiparse ni preocuparse por aquello innecesario. Por ejemplo, muchos niños pasan por etapas de un cierto tartamudeo; si sabemos que eso es normal a una edad determinada, actuaremos mejor ante su supuesta dificultad. O si dudamos sobre si debe pronunciar ya la “r” o no, mejor que lo consultemos; así no le forzaremos a algo para lo que no está preparado.
  • Un clima de cariño y respeto hacia las opiniones del niño. El diálogo, la conversación, implica escucha y respeto hacia las opiniones del otro. A un niño que no se le permite hablar y al que no se valoran sus intervenciones difícilmente encontrará gratificante el hecho de charlar tranquilamente con los otros. En el colegio también debe haber un espacio de escucha y diálogo en el que cada alumno tenga la oportunidad de expresarse.

Factores que juegan en contra

Un problema de salud o una actitud exigente por parte del adulto pueden entorpecer su desarrollo. Éstos son algunos de los puntos más importantes a tener en cuenta:

  1. La otitis. Entre los ocho meses y los dos años, tres o cuatro períodos de otitis pueden dejar al niño en una situación delicada en la correcta adquisición del habla. La inflamación interna y la presencia de mocos pueden causar problemas de audición.
  2. El uso excesivo del chupete. A partir de los dos años o dos años y medio, si el niño recurre a él de manera exagerada puede llegar a entorpecer el desarrollo del habla.
  3. Cualquier tipo de dificultad física o cognitiva que impida el habla. Los padres hemos de estar atentos a posibles frenillos linguales, a que exista una buena audición por parte de nuestro bebé, a que responda correctamente a los estímulos...
  4. Situaciones que puedan afectarle psicológicamente. Por ejemplo: la incorporación a la guardería, los traslados de ciudad o país, separaciones conyugales... En estas situaciones es posible que el niño deje de hablar con alguna persona determinada (que lo haga con todos es más excepcional, y se da en pocas ocasiones), expresando así su malestar.
  5. Demandas excesivas. Exigir al niño más de lo que puede dar, hacerle demasiadas preguntas, no valorarle sus capacidades son actitudes que frenan su desarrollo.
  6. Insistir en que repita las cosas una y otra vez. Una de las prácticas más nefastas es la de hacer repetir constantemente a un niño aquellas palabras que no entendemos o que creemos que dice mal. Es imprescindible que sepamos si realmente tiene la madurez necesaria para decirlas bien, o si sus “dificultades” se deben a otras causas.

Mamar le beneficia

La lactancia materna influye positivamente en el desarrollo del habla, ya que el mecanismo de succión que implica mamar favorece el crecimiento y desarrollo de los órganos implicados en la fonación: posición y funcionamiento labial, lingual, mandibular y de las arcadas dentarias; presión muscular y del área intrabucal; posición del velo del paladar y vibración laríngea.

Por otra parte, una cantidad importante de estudios científicos –entre ellos uno de la Universidad de McGill y el Hospital Infantil de Montreal (Canadá) publicado en 2008–, han relacionado la lactancia materna con un incremento del nivel cognitivo y del nivel de lenguaje de los niños.

El peligro de dárselo todo triturado

A partir del séptimo mes, la mayoría de bebés se suelen interesar por alimentos distintos a la leche.

  • El paso a los sólidos, tiene que hacerse sin prisas y siguiendo el ritmo del niño.
  • Es importante no abusar de una dieta triturada, y menos cuando el niño va creciendo y mostrando interés por lo que comen los mayores. El exceso de triturados y papillas impide un correcto desarrollo de los dientes y el paladar, con las consiguientes repercusiones en el habla. Los niños pequeños, necesitan, por tanto, ir incorporando alimentos duros y fibrosos progresivamente.

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