Sintonía con tu bebé

POSPARTO

4 claves para sintonizar emocionalmente con tu bebé (y contigo misma)

Para poder fundirnos con las percepciones de nuestro hijo y dejarnos guiar por él, necesitamos vivir los primeros días arropadas por quien nos brinda un apoyo sincero.

Laura Gutman

Durante el primer embarazo no somos capaces de imaginar casi nada más allá de la escena del parto. Nos resulta complejo pensar que habrá vida después de ese hecho que anhelamos con miedo, ilusión y esperanzas. Tan abrumadas estamos por el cansancio y las fantasías sobre cómo sucederán las cosas, que no tenemos tiempo, literalmente, de pensar en nada que pueda suceder “después”.

Sin embargo, un día el parto acontece. El niño nace. Y allí estamos nosotras las mujeres que nos hemos convertido en madres alegres, exultantes o desesperadas, perdidas, doloridas, solas o desilusionadas. Dependiendo de cómo hemos podido atravesar el parto, de cómo nos han tratado, de cómo ha nacido el niño, del nivel de intimidad que hemos experimentado, nos encontramos, de un momento a otro, más seguras o más atormentadas. Pero en todos los casos estamos frente a un abismo. En nuestros brazos se encuentra un niño desconocido. También experimentamos sensaciones corporales extrañas. Dolores. Incluso contracciones uterinas. Sangrados abundantes. Secuelas de la anestesia. Migrañas. Miedo. Soledad. Amor. Excitación. Euforia.

En un instante, la realidad del posparto se hace presente. Y aunque nos hayan relatado con anterioridad ciertos detalles, durante el embarazo era difícil prestarles atención porque estábamos en otra película. Ahora hay un niño al que tenemos que abordar, pero al mismo tiempo hemos perdido las referencias que teníamos de nosotras mismas: el cuerpo está desencajado, los pechos se llenan, duelen, a veces sangran. Nuestro vientre aún está abultado. Las piernas no responden. Tenemos dudas prácticamente sobre todo. Y algo más que sucede con frecuencia: lloramos sin saber por qué. ¿Somos felices? Sí, casi siempre somos inmensamente felices. Sin embargo lloramos, incapaces de dar una sola explicación a nuestro entorno, que trata de satisfacernos.

¿Qué podemos hacer?

  • Busca compañía respetuosa

En primer lugar, aunque creamos que no sabremos cómo manejar la situación, no preguntemos a los demás qué es lo correcto. No es tiempo de hacer lo correcto. Es tiempo de estar conectadas con nosotras mismas. Aun así, en todos los casos, pidamos compañía. Es importantísimo no estar solas con el bebé.

Dentro de esta realidad hay un tema a tener en cuenta: Tenemos que poder elegir una compañía que sea capaz de ofrecernos una presencia cariñosa, de facilitarnos los descubrimientos que, con paciencia e introspección, irán surgiendo. El apoyo que nos brinda esa persona no le da derecho a opinar ni a imponer sus ideas, ni siquiera a pretender que le hagamos caso. Una persona bien dispuesta y con el propósito de ayudarnos debe estar abierta a resolver lo que vamos necesitando a cada instante. Puede suceder que necesitemos que responda los mensajes del móvil, que nos prepare la comida, que esté con nosotras durante el baño del bebé, o que duerma en casa si la noche nos genera aprensión. Esa persona que nos acompaña podría ser nuestra pareja, si puede, si está dispuesto, si tiene capacidad. Pero si no es nuestra pareja, no pasa nada; eso no lo convierte en peor padre ni significa que no nos ama, simplemente no sabe hacer “eso” que necesitamos. Seguramente sabrá ofrecer otras cosas.

Es poco probable que podamos anticipar qué es lo que nos va a suceder interiormente después del parto. Posiblemente estemos sorprendidas por la intensidad de la demanda del bebé, por la frecuencia de sus requerimientos, o incluso por el complicado reacomodamiento de nuestra vida. Pase lo que pase, necesitamos el apoyo y la complicidad de nuestro entorno para buscar en nuestro interior, para hacer caso a nuestras intuiciones y para saber que el bebé nos está guiando.

En cada decisión que tomemos, de modo único y personal, estaremos en sintonía con nuestra nueva realidad emocional si prestamos atención a nuestras percepciones y si intentamos satisfacer a nuestro bebé, siempre, a cada instante. Si eso nos resulta muy arduo, busquemos ayuda en otros adultos y solicitemos específicamente lo que esperamos que esa persona haga para aliviarnos la tarea. Y si creemos que nadie nos comprende, si nos sentimos juzgadas o estamos perdidas entre múltiples opiniones, busquemos en otros ámbitos.

  • Siéntete amparada para poder sumergirte en las necesidades de tu bebé

El posparto es un momento crítico, doloroso y confuso. Pero es una pena atravesarlo así a causa de la ignorancia de otros adultos alejados del territorio emocional. Está bien que sea un período raro, porque esa maraña de sensaciones indescriptibles nos asegura que nos fundiremos en las percepciones oníricas del bebé, y justamente por eso, seremos capaces de acunarlo y satisfacerlo.

Sentirnos transportadas a un mar de sensaciones intensas es saludable. En cambio, pretender volver a la razón no nos sirve ni a nosotras ni mucho menos a nuestro bebé. Hacer lo que las personas razonables opinan, tampoco. Las mujeres merecemos que otros adultos nos amparen, nos acaricien y nos cobijen mientras nos sumergimos en las demandas de nuestros recién nacidos.

  • Su única prioridad es estar en tus brazos

Nacer es traumático. Los seres humanos pasamos del medio acuático al medio aéreo, pasamos de estar cabeza abajo a estar cabeza arriba, cambiamos drásticamente de temperatura ambiente y, además, iniciamos lentamente todo el proceso de digestión, que suele ser doloroso e incómodo. Es decir, los primeros días son especialmente difíciles. Por eso, todo aquello que nos reconforte y nos ayude en nuestra adaptación será bienvenido.

Durante un primer período, lo único que necesitamos es estar en brazos de nuestra madre, y si eso no fuera posible, en brazos de un adulto que nos ofrezca cobijo y calor. No importa si hay una guerra afuera, si hay conflictos, si la casa es pequeña o si viajamos en barco durante días. La única hostilidad aparece si estamos solos, es decir, si estamos fuera de los brazos de un adulto amoroso.

Si sentimos que nuestro entorno más inmediato es duro, frío o adverso, esas primeras impresiones harán huella en nuestra percepción futura del mundo. Una cuna sin movimiento puede resultar suficientemente desfavorable. Esperar largos minutos hasta obtener el pecho materno, también.

En verdad, mientras esperamos que el cobijo por fin llegue, la sensación será de soledad y miedo. Por eso, ahora que ya han nacido, simplemente permanezcamos con nuestros bebés en brazos, y si nosotros no podemos, pidamos otros brazos disponibles para ellos.

  • Ver qué pasó en un parto que tal vez no imaginábamos

Una de las mayores dificultades que podemos tener para recuperarnos del parto es, justamente, que éste no se haya desarrollado tal como habíamos imaginado. Pueden darse dos situaciones muy distintas: que hayamos sido bien asistidas pero el parto se haya complicado de todas maneras; o que no hayamos sido bien asistidas y, por lo tanto, la frustración y el desconcierto tras el nacimiento de nuestro hijo sean aún mayores. Sin embargo, el parto ya pasó y seguramente tendremos muchas cosas que aprender sobre nuestras elecciones personales, sobre el modo de comunicar lo que realmente deseamos, o sobre los acuerdos que somos capaces de mantener. Aunque estemos viviendo un momento crítico, intentemos pensar a largo plazo. Tengamos en cuenta qué podemos aprender gracias a esta experiencia, aunque haya sido dura.

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