¿Adictos a la tecnología?

NIÑOS Y JÓVENES FELICES

¿Adictos a la tecnología?

Los ordenadores y las pantallas son una buena herramienta. Pero a veces se convierten en un refugio de soledad.

Laura Gutman

No podemos imaginarnos la vida sin tele o sin móvil. Si un extraterrestre se acercara a a la Tierra y recorriera las diferentes regiones con su nave espacial, mandaría mensajes a su planeta explicando que la humanidad entera ha sido hipnotizada por una pantalla. De Norte a Sur, de Este a Oeste, en climas templados o fríos, en el desierto o en la selva, la pantalla está presente.

Los niños nacen, crecen, comen, duermen, se relacionan, se pelean y se desdibujan con la tablet, la televisión o el teléfono encendido.

Hemos permitido que la televisión se instale en los rincones más íntimos de nuestra vida cotidiana, hasta el punto de que no sabríamos cómo vivir si no estuviera.

Es lógico que los niños adopten a la pantalla como una compañía fiel, sobre todo cuando la soledad y el aislamiento duelen hasta el alma.

Por eso, es ridículo hacerle la guerra si no estamos dispuestos a reemplazar la pantalla con nuestra permanencia efectiva.

Cualquier niño elige la presencia amorosa si tiene que elegir entre el vínculo con un ser vivo o con un programa. Pero entre la nada y la pantalla, obviamente, elige la pantalla.

El ordenador tiene una ventaja sobre la televisión: comporta acción. Messenger, WhatsApp, Facebook o Twitter son herramientas que nos permiten interactuar en lugar de ser solo un observador pasivo. Sin embargo, entre la presencia afectiva, cariñosa y comprometida de alguien cercano y amoroso, y el chat, el niño elegirá sin duda la primera opción. Pero entre la nada y el ordenador, está claro que elegirá el segundo.

Dependerá de los adultos que el ordenador sea una herramienta vincular para los niños, o que sea un abismo de soledad.

¿Y qué hay de otro tipo de adicciones?

  • Es sabido que la ingesta de alcohol es cada vez más prematura, especialmente en las sociedades donde el aislamiento es más frecuente.
  • Los niños no empiezan a consumir alcohol porque sea delicioso, sino porque calma al corazón. Y también porque les facilita la comunicación entre pares. Incluso si no tienen gran cosa que compartir, el alcohol abre las compuertas de la intimidad y afloja las tensiones.
  • Al igual que sucede con otras sustancias, como el tabaco o el consumo desenfrenado de lo que sea, sienten que es mejor tomar algo que permanecer heridos de todas maneras, pero a causa del vacío interior.
Crecer con pantallas

CRIANZA RESPETUOSA

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