Actividades extraescolares

NIÑOS MÁS FELICES

Antes de apuntarlo a actividades extraescolares...

Su clase de danza o de tenis puede ser el momento del día más esperado, o una cita añadida a la larga jornada de nuestro hijo. Valoremos qué necesita realmente.

Laura Gutman

Las personas mayores trabajamos y los niños tienen que estar en algún lugar para ser atendidos durante el día. A partir de esta organización social, hemos ido modificando la funcionalidad de la escuela. Básicamente, la escuela es el lugar donde los niños permanecen mucho tiempo, prácticamente toda la jornada laboral. Mientras, aprenden algunas cosas, que tendremos que discutir honestamente si sirven o no en la actualidad, ya que la instrucción que reciben ha sido pensada hace poco más de un siglo, y a la velocidad con la que ocurren los cambios, es probable que una parte del contenido y de la forma de enseñar hayan quedado obsoletas.

Aceptemos que a algunos niños no les gusta ir a la escuela. Sin embargo, nos parece algo normal, y no se nos ocurre preguntarnos en relación a un problema que padecemos las familias cada mañana: hay que levantar al niño, vestirlo, hacer que desayune y soportar su llanto hasta lograr dejarlo en la escuela en condiciones aceptables.

Luego nos olvidamos de estos percances porque el niño sale relativamente contento. Entonces, suponemos que no era tan grave y que la escuela es un magnífico lugar para nuestros hijos. Tan estupendo es, que después de la escuela, lo llevaremos a más actividades... ya que el colegio no sigue ocupándose del niño más allá de las cinco de la tarde.

Sus auténticos deseos

Entonces hemos inventado las actividades extraescolares, que habitualmente son mucho más interesantes que las matemáticas, la literatura o la geografía. ¿Acaso no es estupendo llevar a los niños a aprender danza, judo, aikido, pintura, patinaje sobre hielo, cerámica, natación, yoga o tenis? Sí, quizás sí. Pero tendremos que averiguar si el niño conserva aún fuerza física o si está agotado, si sólo pretende estirarse en el sofá a ver la tele, si necesita estar un rato con mamá o con una persona cariñosa que le cuente unos cuentos.

También sería prudente evaluar si es un niño esencialmente artista al que llevamos a jugar al fútbol porque los tres hermanos varones van juntos. O si es un niño que necesita un despliegue corporal pero va con sus hermanos al taller de arte. Para saberlo, tendríamos que observarlo un poco.

Revisar las decisiones

A veces, el horario de la actividad extraescolar es el momento que el niño espera durante todo el día, es lo único que le interesa, es el ámbito donde se siente sí mismo. Si ése fuera el caso, ¿por qué lo hacemos permanecer en la escuela durante todo el día para llegar sin fuerzas al lugar más importante para su desarrollo?

En algunos casos, la actividad extraescolar es decir, secundaria puede ser una puerta hacia el conocimiento genuino del niño. ¿Lo hemos pensado con la seriedad que merece? ¿Nos atrevemos a modificar nuestros paradigmas y acompañar la exploración quizás poco convencional que un niño esté llamado a desplegar? ¿Somos capaces de revisar nuestros automatismos y cambiar si nuestro hijo lo requiere? ¿Por qué tenemos que hacer “lo que todos hacen”?

¿Recordamos qué es lo que deseábamos aprender durante nuestra infancia sin que los mayores se enteraran jamás?

¿Hemos preguntado a nuestros hijos qué desean hacer? ¿Por qué no tomamos en cuenta sus respuestas? ¿Qué es lo peor que podría suceder?

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