Consejos dormir cuadrado

Evolución del bebé

Así dormirá tu hijo según su edad

Las recetas mágicas no existen y cada uno tiene su ritmo. Hay que propiciar que el bebé entre en el sueño con tranquilidad y respetar su propia naturaleza

Se ha hecho de noche y muchos padres empiezan a ponerse nerviosos... pensando en que llega la hora de acostar a su hijo.

¿Cómo duermen los hijos según la edad que tienen?

La pregunta que suelen hacerse es: ¿Cuánto tiempo va a costar hoy que se duerma? Hay bebés que caen rendidos a media tarde y otros, en cambio, no hay manera que se duerman, pero la edad también tiene mucho que ver en la manera en que concilian el sueño. Así podemos ayudarles.

Entre 0 y 5 meses: necesita compañía

Cualquier cosa que le haga sentir seguro sirve. En el útero materno el bebé estaba permanentemente acompañado; pasar de eso a dormir solo es algo que requiere tiempo. Por esta razón, mecerles –en recuerdo del balanceo en la barriga de mamá– y acompañarles tiene tan buen resultado. También funciona darles el pecho, ya que en la leche hay sustancias inductoras del sueño. Cuando son tan pequeños, con estos simples consejos pueden iniciar el sueño con facilidad, aunque se suelen despertar a menudo porque su sueño es muy caótico y está repartido a lo largo de las 24 horas.

Hay padres que intentan seguir un ritual: bañar, cenar y dormir. Nada que objetar. Solamente dos reflexiones. A estas edades los niños aún no pueden regularse mediante rutinas porque no son capaces de diferenciar el día de la noche. Así que no es necesario seguirlas. Si se hace, bien; si no, no pasa nada porque se adaptará igual más adelante. Por otro lado, hay niños a los que el baño les excita y otros a los que les relaja. Si tu hijo es de los primeros, mejor báñale durante el día.

De 6 a 12 meses: alarga las noches

A esta edad van adquiriendo un ritmo. Ya no son tan caóticos y duermen más de noche que de día. ¿Cómo lo podemos potenciar? Si nos va bien, introducir alguna rutina es una buena idea. Pero no se trata de imponer o repetir las mismas acciones cada noche, sino de descubrir cuál es su ritmo interno, cuál es el mejor momento para que se vaya a dormir. Después podemos repetir la situación hasta conseguir una mejor sincronía entre la hora de acostarse y sus ritmos internos. Pero intentar acostar a las ocho a un niño cuyo ritmo interior funciona mejor acostándose a las 10 es crearse problemas. Hay niños, ¡y adultos!, que son de irse a dormir tarde y los hay que lo hacen temprano.

Intentar acostar a las ocho a un niño cuyo ritmo interior funciona mejor acostándose a las 10 es crearse problemas

Un niño sobrepasado de sueño estará irritable y no se dormirá con facilidad. Es mejor que esté cansado pero no mucho. Hay que tener en cuenta las condiciones de ese día: si duerme una siesta a las seis no se querrá acostar a las ocho. Evitar ruidos fuertes o luces brillantes favorece el relax e invita al sueño.

Entre 13 y 24 meses: aparecen los miedos

El problema más grande que tienen los niños durante el segundo año es el tiempo que les cuesta dormirse y la oposición a acostarse. La mayoría necesita que alguien vele su sueño mientras se entrega a él. ¿La causa? Tienen miedo a dormir. A partir de los nueve meses se dan cuenta de que cuando duermen “pasa algo”. Cuando son bebés y duermen dos horas, ese período no existe para ellos. Pero conforme crecen se dan cuenta de que en aquel momento el “tiempo pasa” (ahora no hay sol, luego sí, ahora mamá esta vestida, ahora en pijama...), no saben realmente lo que les sucede y tienen miedo. Cualquier cosa que les reconforte y les dé confianza servirá para hacer más fácil los momentos previos al sueño.

Trucos como acostarse con ellos hasta que se duerman o dormir con ellos directamente suelen funcionar. En las casas donde hay varios hermanos suele ser bastante más sencillo, porque están encantados de acostarse todos juntos.

De 2 a 5 años: cogen confianza

En muchas casas es habitual que a los niños se les cuente un cuento para dormir. Pero la verdad es que no quieren tanto el cuento como acariciar la idea de que mientras se duermen hay alguien cerca. A medida que se acercan a los cinco años pueden prescindir de ella cada vez más porque adquieren seguridad y pueden tolerar la situación, sobre todo si duermen con otro hermano.

Hay niños que deciden con ilusión el día en que quieren dormir en su propia habitación. No obstante, si se quiere intentar adelantar ese momento, se puede probar con la separación progresiva. Esta consiste en irse alejando del niño progresivamente para que se vaya acostumbrando. Por ejemplo, los primeros días la madre o el padre se quedan con él tal y como estaba acostumbrado; al cabo de unos días lo dejan cuando se duerme; después se acuestan con él, pero intentan no estar tan cerca... Y así poco a poco. El tiempo dependerá de cada niño.

Eso sí, siempre atenderemos a nuestro hijo cuando nos reclame.