¿Dejar llorar a los niños es bueno?

CRIANZA RESPETUOSA

¿Es bueno dejar llorar a los niños?

Carlos González

Lo estás malcriando, te toma el pelo, sólo quiere que lo cojas, le consientes demasiado...

Muchos padres oyen frases como éstas demasiado a menudo y acaban por desoír a su bebé. Olvidan que llorar es una expresión natural que usamos para pedir ayuda o el amor que necesitamos.

Ayer tuve ocasión de contemplar, en plena calle, un pequeño drama de la vida cotidiana.

Unos padres sentaban a su hijo de meses en el cochecito. Tan pronto como lo acercaron a la sillita, el niño rompió a llorar a pleno pulmón. Un llanto penetrante, desgarrador. Pero los padres no parecían nada angustiados, siguieron tranquilamente asegurando al bebé en la sillita.

No pude apreciar ningún motivo que los obligase a sentarle. Ambos estaban allí, papá y mamá. Ninguno llevaba un paquete en la mano, ninguno parecía enfermo ni tenía un brazo vendado. Y era una simple silla de paseo, no la sillita de seguridad del automóvil, donde por precaución –y por obligación legal– tenemos que atar a nuestros hijos, tanto si quieren como si no. Algunos metros más allá, y a pesar del bullicio de la ciudad, seguí oyendo el llanto del niño hasta que doblé una esquina.

Dejar llorar a los hijos: una práctica extendida

Éste es sólo un ejemplo, uno entre cientos, de una práctica muy común en nuestra sociedad, al menos, en las últimas décadas: dejar llorar a los niños. Según un estudio científico, las madres norteamericanas ignoran deliberadamente el llanto de sus bebés en el 60% de las ocasiones.

Y no lo hacen porque en ese momento estén ocupadas, porque les sea (casi) imposible atender a su hijo. Se trata de un acto totalmente deliberado, a propósito, porque sí.

Ignorar el llanto de un niño es algo inconcebible en otras culturas. Una madre africana probablemente llevará a su hijo a la espalda y dormirá a su lado durante años. Y no piense que es cosa del tercer mundo.

En un estudio en Corea del Sur, un país muy industrializado (compruebe de dónde proceden los electrodomésticos de su casa), sólo una entre 218 madres dejaba llorar a su hijo.

Consolar adecuadamente

No creo que llorar sea bueno, ni para los pulmones ni para el alma. Lo que es bueno es el consuelo que te ofrecen cuando lloras. No estoy de acuerdo, por tanto, con quienes afirman que consolar a un niño es impedirle llorar, taponarle la boca, imposibilitar que manifieste sus emociones.

Pero, cuidado, hay casos en los que sí que se les tapa la boca. El consuelo debe ser adecuado al problema. No podemos responder automáticamente a cualquier pesar de un niño haciéndole cosquillas, poniéndole un chupete o diciendo “no ha sido nada, no ha sido nada”.

A menudo, es difícil saber por qué llora un niño pequeño. Su respuesta suele ser la mejor guía: si no se calma con un método, pruebe con otro. A veces, todo parece fallar y lo único que nos queda es abrazarle, hablarle tiernamente y esperar.

Los padres a los que se ha prohibido una respuesta normal al llanto –“no lo cojas”, “no lo duermas en brazos”, “no le des de comer antes de cada tres horas”, “no lo acuestes en tu cama”, “no lo saques de la cuna...”–, fácilmente acaban dando una respuesta anormal.

Los padres sienten hostilidad (“¿y ahora qué le pasa?”) y el niño cada vez llora más puesto que sabe que sólo si llora muchísimo puede conseguir algo. Entonces, los padres se sienten frustrados y estafados porque, a pesar de hacer todo lo que les han dicho “para no malcriarlo”, el bebé parece cada vez más “malcriado”.

En un reciente estudio se comprobó que los bebés de Londres lloraban cada día, durante el primer trimestre, una media de 40 minutos más que los bebés de Copenhague. Los científicos atribuyen la diferencia a la forma de criarlos: los niños de Copenhague pasan diariamente una media de 80 minutos más en brazos, y duermen en la cama de sus padres cinco noches por semana, el doble que los londinenses.

Dejarse guiar por el amor

Al hablar de estos temas suele salir a relucir el que, para algunos, parece ser el argumento definitivo: “Bueno, porque le deje llorar no va a traumatizarse para toda la vida”.

No, probablemente no. O tal vez sí. No lo sé, ni me importa.

Cuando mis hijos lloran, les hago caso porque están sufriendo, porque son mis hijos y les quiero, no porque crea que se traumatizarán. También por puro egoísmo, porque yo sufro cuando lloran y soy feliz si ríen.

La investigadora británica Margot Sunderland afirma que los niños desarrollan traumas si se les deja llorar repetidamente, opinión que me parece muy interesante. Sin embargo, lo realmente importante para mí es que nada puede cambiar ni un ápice el profundo cariño que siento por mis hijos.

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