¿No tienes pis?

CRIANZA RESPETUOSA

Claves (imprescindibles) a la hora de retirar el pañal

Si lo que pretendemos es que empiece a usar el orinal o la taza del váter, mejor que esté más cerca de su tercer cumpleaños que del segundo. Sea cuando sea, conviene no insistir ni otorgarle excesiva importancia. Y dar marcha atrás si es necesario.

Carlos González

Dejar los pañales, aprender a usar el baño o, como decimos los médicos, “el control de esfínteres” es uno de esos temas que a veces preocupan innecesariamente a los padres. ¿Cuándo ha visto a un niño de diez años, o incluso de cinco, que no sepa ir al retrete? Nunca, ¿verdad? Puede haber algunas dificultades por el camino, es cierto, pero es una de esas cosas que siempre acaban saliendo bien.

Ante todo, digámoslo bien claro: los bebés no necesitan pañales. Los pañales no han existido siempre. No inventamos los pañales para la comodidad de los niños pequeños, sino para nuestra comodidad, para no tener que ir limpiando pises y cacas todo el santo día.

Por lo tanto, ir sin pañales nunca hará daño a un niño. Ni tampoco le crearemos un “trauma psicológico” por quitarle los pañales demasiado pronto. Podemos quitarlos al año y medio o a los tres meses, siempre y cuando estemos dispuestos a limpiar pises y cacas sin rechistar. Lo que causa problemas, lo que “produce un trauma”, es quitar los pañales demasiado pronto y pretender que el niño no se lo haga encima. O quitarlos cuando nuestro hijo nos suplica que no se los quitemos.

Como los pañales desechables no son baratos, muchos padres deciden quitarlos en los meses de verano, al menos durante parte del día, aunque el bebé no controle ni pueda controlar de ninguna manera. Un niño de ocho meses puede gatear por la casa con unos pantaloncitos o con el culito al aire, y solamente tendremos que ir detrás con la fregona cuando sea necesario. Claro, eso no se puede hacer cuando se tiene moqueta.

Cuando hay que salir de casa, o sentarse en el sofá, se vuelve a poner el pañal. No hay problema. Y cuando vuelve el frío, se vuelve a poner el pañal (no es imprescindible, pero hay que estar muy atentos para que el niño no se enfríe por ir un rato mojado, y, además, la lavadora se llena muy rápido cuando hay que lavar ropa de abrigo). Pero hay que tener bien claro que al niño no se le quita el pañal para que aprenda nada, sino simplemente para ahorrar pañales. Y para evitar escoceduras en el culito.

Sin atosigar ni reñir

Cuando el niño está más cerca de los tres años que de los dos, cabe la posibilidad de que al quitarle el pañal aprenda a usar el orinal o el retrete (con o sin adaptador).

  • Primero se le da a elegir: “¿Quieres sentarte en tu propio orinal, o usar el retrete como papá?”.
  • Luego se le explica bien el plan de acción: “Cuando tengas ganas de hacer pis o caca, me avisas” o “Te sientas aquí y lo haces”.
  • Y ya está. No hay que hacerse pesados, no hay que atosigar, no hay que reñir, no hay que comentar, no hay que preguntar una y mil veces “¿No tienes pis, no tienes pis, no tienes pis?”.

No hay que asombrarse ni refunfuñar ni gritar ni enfadarse cuando se haga pis o caca encima; simplemente, se le cambia sin rechistar, con toda naturalidad. No hay que hacer comentarios mordaces cuando avisa un minuto después de habérselo hecho.

Y si en un par de semanas no hay avances, se le vuelve a recordar, “Mira, aquí está tu orinal, cuando tengas ganas, avisa”.

Por favor, no se lo recuerde cada día, ni siquiera cada tres días. Es fundamental no hacerse pesados, y no permitir que otros miembros de la familia se hagan pesados. Recuerde que los niños pequeños también tienen sentimientos y también sienten vergüenza.

Felicitaciones mesuradas

Es importante que la vida de la familia no gire en torno al orinal, que no sea tema continuo de conversación, que no sea lo primero que pregunten abuelos y tíos cuando ven al niño.

Puede felicitarle por sus avances, pero no se pase, no lo convierta en una especie de rito de iniciación, evite frases tipo “Ahora ya eres un niño mayor”.

Cuanto más fabuloso se nos representa el éxito, más doloroso nos resulta el fracaso; y los “fracasos” en este proceso van a ser inevitables y frecuentes.

Si llegan los fríos y se lo sigue haciendo todo encima, tal vez lo más práctico sea volverle a poner el pañal. Si no ha habido grandes expectativas, probablemente no le importará. Pero algunos niños, sobre todo si se les ha hecho ver que “llevar pañal es cosa de bebés”, puede que se nieguen. En ese caso, o lo convencemos conmucha diplomacia, o lo dejamos sin pañal y nos hacemos a la idea de que habrá que lavar mucha ropa y sin rechistar ni poner mala cara.

Lo que no puede ser de ninguna manera es que el niño sufra, ni por quitarle el pañal ni por volvérselo a poner.

Por supuesto, no todos los niños aprenden a ir al baño en verano. Problemente, solo lo hace uno de cada cuatro. Los otros tres aprenderán en primavera, otoño o invierno. Simplemente, en verano es más fácil hacer experimentos. Pero si le parece que su hijo está preparado en enero, o si es el niño el que lo pide, pues le quita el pañal a pesar del frío, y a ver qué pasa.

Caer en el estreñimiento

Muchos niños se estriñen cuando se les quita el pañal: no saben o no quieren hacer caca en el orinal o en el retrete, a veces ni siquiera quieren hacérsela encima. Se aguantan las ganas de defecar. No saben que, al día siguiente, la bola será más gorda y más dura, les costará más esfuerzo e, incluso, les dolerá.

En la mayoría de los casos, por suerte, es un problema leve y transitorio; el niño va trampeando una temporada y, al final, todo se normaliza. Pero en otros casos se desarrolla un círculo vicioso: cada vez pasa más días sin defecar, el recto se distiende y pierde tono muscular, con lo que el niño ya no tiene que aguantarse las ganas porque ni siquiera siente ganas, la bola es tan dura que se producen dolorosas fisuras anales, incluso hemorroides.

Es importante intentar prevenir y tratar este estreñimiento. Hay que facilitar que el niño haga caca: si pide un pañal, se lo ponemos; si se lo hace encima, lejos de reñirle, le felicitamos. Es importante seguir una dieta rica en fibra (legumbres, galletas y macarrones integrales o con fibra, frutas y verduras...) y quizá tomar algo más de agua, pero cuando el problema está establecido, probablemente no será suficiente.

Ante un problema puntual, si lleva tres días sin hacer nada, puede ser útil un supositorio de glicerina. Pero si hemos de recurrir al supositorio con demasiada frecuencia, es mejor administrar un laxante cada día. El que le recete su pediatra, que normalmente será un laxante seguro y no irritante (cuidado con algunos laxantes “naturales”, como el sen, que precisamente es de los más irritantes). Algunos niños necesitan tomar laxantes durante meses para conseguir una deposición diaria o casi diaria sin esfuerzo.

Encopresis, un caso extremo

A veces se forma una gran masa de caca seca, un fecaloma, que no sale nunca (o, cuando sale, ya se ha formado otra nueva). El fecaloma irrita la mucosa rectal, que reacciona produciendo mucosidad que sale mezclada con un poco de caca líquida. Al niño se le escapa, se lo hace encima, y los padres pueden creer que tiene diarrea, cuando en realidad es un grave estreñimiento. Hay que evacuar completamene el recto, normalmente con lavativas –no caseras, sino siguiendo las recomendaciones del pediatra–, porque los supositorios dejan de ser efectivos cuando el recto está dilatado.

¿Y qué pasa con la enuresis?

Nada.

La mayoría de los niños consiguen controlar plenamente el pis y la caca sobre los tres años, aunque hasta unos años más tarde puede que, muy de tarde en tarde, se les escape la orina en momentos de tensión o despiste.

Muchos consiguen controlar la orina por la noche casi al mismo tiempo que durante el día. Pero otros muchos tardan varios años. La definición de enuresis nocturna es “hacerse pis en la cama al menos dos veces por semana, después de los cinco”. Es decir, antes de los cinco años, o cuando solo ocurre una vez por semana, ni es enuresis ni es nada.

En realidad, la enuresis es normal. Simplemente, unos niños tardan más que otros. Suele haber un componente hereditario. El niño no lo hace a propósito, ni por comodidad, ni por falta de interés, sino porque no puede evitarlo. Jamás hay que ridiculizarlo.

El uso de medicamentos

Se han usado algunos fármacos para tratar la enuresis; su eficacia tampoco es una maravilla. Yo no usaría un medicamento con posibles efectos secundarios para un “problema” tan leve.

Hoy en día en cualquier tienda venden pañales para niños de cualquier edad. Eso ha ayudado a muchos niños y adolescentes a darse cuenta de que no son, ni mucho menos, los únicos que se hacen pipí en la cama.

Conductas "raras"que no hay que reñir

En esta época, los niños hacen cosas raras de las que no hay que reírse y por las que no hay que reñirlos.

Algunos avisan justo después de hacérselo encima, otros lo hacen en el suelo, justo al lado del orinal.

Muchos se esconden para hacer caca, por ejemplo detrás de una cortina, con o sin pañal (saben perfectamente que la van a hacer, no es que “se les escape”. Pero una cosa es saber que vas a hacer caca, y otra cosa es hacerla en el orinal). Muchos, no sé por qué, tienen la costumbre de enrollarse dentro de la cortina.

Otros, durante una temporada, necesitan un pañal para poder hacer pis o caca. Algunos niños, estando en la playa en pelotas, exigen un pañal porque si no no pueden hacer pis.

Otros se creen durante meses o años en la obligación de pedir permiso para ir al baño cada vez que tienen pipí.

En cualquier caso, recuerde siempre que no lo hace para fastidiar... y que ya falta muy poco.