Pesadillas

Crianza

Cómo actuar si tu hijo tiene pesadillas

¿Qué necesita para que sus noches sean más tranquilas y pueda superar sus miedos?

Rosa Jové

Las brujas detrás de las puertas, los monstruos que salen del armario, los fantasmas que observan en la oscuridad...

Los temas de las pesadillas infantiles son conocidos por todos y forman parte de un imaginario que se representa a menudo en películas e historias. Pero, ¿qué son realmente las pesadillas? Las pesadillas son sueños desagradables que se recuerdan. En muchos casos el niño acaba despertándose; en otros, al día siguiente simplemente se acuerda de que tuvo un sueño que le perturbó. En realidad es muy difícil identificar este tipo de alteraciones en niños menores de dos años. La explicación es sencilla: no hay pesadillas si no hay lenguaje e imaginación.

Sin haber adquirido el lenguaje, sin poder decir “¡mamá hay un monstruo debajo de la cama!”, la única forma que existe de saber que un niño tiene pesadillas es por la alteración de su comportamiento cuando se despierta por la noche agitado o llorando. Y las causas de este momento de desasosiego pueden ser confusas, más aún si el niño es pequeño, suele despertarse por la noche y no sabemos si es por hambre, porque empieza a estar enfermo o por una pesadilla.

Nombrar los miedos

Aun así hay autores que ponen en entredicho que la imaginación de los niños antes de los dos años pueda ser lo suficientemente rica como para producir una pesadilla bien estructurada. Un bebé, dicen, no puede imaginar que la bruja sale de un armario porque no sabe ni lo que es una bruja, ni lo que es un armario.

De todas formas, sabemos que el descanso de los niños tiene fase REM –aquella en la que soñamos– desde que son muy pequeños y, por lo tanto, la posibilidad de tener sueños buenos o sueños malos existe. Pero no son pesadillas como las de los adultos o los niños de más edad, sino que experimentan buenas sensaciones o malas sensaciones cuando duermen. Por esta razón también pueden despertarse asustados, aunque no recuerdan qué ha pasado. Tan sólo saben que están mal.

Liberar la ansiedad

Los niños suelen ser más asustadizos que los mayores, por eso sus pesadillas son una alteración pasajera que acostumbra a mejorar con la edad. Y por eso se recomienda tranquilizarlos y no hacer nada más.

No obstante, los padres que acuden a consulta por pesadillas no lo hacen porque su hijo tenga una de vez en cuando –lo que les ocurre a muchos niños–, sino porque las tiene muy frecuentemente, casi cada noche, o son de temática muy recurrente. En estos casos, la pesadilla, supuestamente benigna, acostumbra a ser un indicador de un estado de ansiedad latente en el niño por lo que el simple hecho de tranquilizarlo no nos servirá para que la situación mejore de manera clara.

¿Los niños sufren de ansiedad? ¿Cómo es esta ansiedad que provoca pesadillas? Hay muchos autores que coinciden en que hay períodos críticos en la vida del niño en los que éste sufre ansiedad. Si en esos momentos el niño recibe apoyo y comprensión tan sólo notaremos una inquietud pasajera; pero si no es así, el niño puede presentar verdaderas manifestaciones de ansiedad, entre las cuales están las pesadillas.

Los bebés y los niños pequeños son muy susceptibles a todo aquello que pasa a su alrededor y captan muchas situaciones: cuando los padres discuten, cuando cambiamos de vivienda, cuando empiezan la guardería, cuando nos enfadamos con ellos... Todo esto les provoca ansiedad porque no entienden lo que ocurre.

Terrores nocturnos

En algunos casos, los padres se alarman mucho porque su hijo se remueve agitadamente en la cama, grita, y llora entre sueños, mientras duerme. En estos casos no se trata de una pesadilla sino de un terror nocturno. Este trastorno, aunque puede empezar a partir de los seis o siete meses –momento en que los niños completan la adquisición de todas las fases del sueño–, suele ser más frecuente entre los dos y los cinco años. A diferencia de las pesadillas, los terrores nocturnos se producen en la primera mitad de la noche, en fase de sueño profundo, no-REM. Durante las pesadillas el niño está despierto y recuerda lo que ha pasado, en cambio, el niño que ha tenido un terror nocturno puede parecer despierto pero no lo está, no reconoce a sus padres e incluso llega a rechazar el contacto físico. Habitualmente en estos casos vuelven a dormir tranquilos sin problemas porque no recuerdan nada. En cambio, el bebé que ha tenido una pesadilla sigue con miedo y necesita compañía y consuelo de sus padres para volver a conciliar el sueño.

Ponte en su lugar

  • Regalad a vuestro hijo días más tranquilos y él os regalará noches más tranquilas. Si durante el día está menos estresado, no ve imágenes impactantes y puede estar más tiempo en contacto con vosotros, seguramente su sueño mejorará.
  • Si tiene miedo desde que se acuesta, dormir en compañía, poner una luz o dejar la puerta de la habitación abierta suelen reducir la ansiedad.
  • Al calmarlo no tenemos que minimizar el problema. Con frases como “No es nada” o “Te preocupas por tonterías” se sentirá incomprendido y la inseguridad puede acrecentar el problema. Mejor decirle: “Tranquilo, estamos contigo” o “Ya pasó”.
  • Si la pesadilla es repetitiva, intentad construir una historia alternativa con un final feliz en el que el monstruo desaparezca. Repitiéndola durante el día, llegará un momento es que la pesadilla cambiará y se convertirá en una historia agradable.