Terrores nocturnos

NOCHES TRANQUILAS

¿Cómo diferenciar los terrores nocturnos de las pesadillas?

Mantener la calma y cuidar de su seguridad, sin contradecirlo, son algunas de las claves más importantes para cuidar de tu hijo en un momento como ese.

Rosa Jové

Vuestro hijo se despierta en la noche agitado, rechaza el contacto físico, parece enfadado y nada parece calmarle...

¿Y si no estaba despierto realmente (a pesar de tener los ojos abiertos) y lo que ha padecido no es una pesadilla sino un terror nocturno?

Antes de actuar es importante saber diferenciarlo. La principal diferencia es que en los terrores nocturnos:

  • El niño no sueña, sino que está profundamente dormido y su cuerpo se activa.
  • La mayoría grita y se mueve de forma muy violenta, aun con los ojos abiertos.
  • En realidad están dormidos y por eso no responden al contacto de los padres ni miran directamente a los ojos.
  • Otra diferencia es que los terrores nocturnos pueden darse entre una y cuatro horas después de empezar a dormir, y las pesadillas se dan en la mitad de la noche.

La pesadilla acaba despertando al niño, que recuerda una historia aterradora. Lo que necesitan por nuestra parte es apoyo, seguridad, cercanía.

En cambio, el terror no suele despertar al niño, y si lo hace, no recuerda nada de lo que ha pasado.

Los terrores nocturnos son alteraciones benignas del sueño que suceden entre una y cuatro horas después de acostarse y que por regla general desaparecen antes de los cinco años a no ser que sea algo genético.

¿Y cómo podemos actuar?

​Tras padecer esta alteración del sueño, los niños se vuelven a dormir tranquilos y al día siguiente, aunque parezca imposible, no recuerdan nada.

  • Es recomendable no preguntarles por el episodio de la noche anterior, pues no lo recuerdan y puede sembrar en ellos cierta desconfianza y robarles la necesaria paz a la hora de abordar el momento de ir a dormir.
  • También es aconsejable el conservar la calma todo lo posible por nuestra parte. Nos acabamos de despertar sobresaltados al oír a nuestro hijo gritar o patalear, pero en cierto modo es parecido al sonambulismo, y lo mejor es no contrariarlo, ni despertarlo pero sí asegurarnos de su seguridad.
  • También podemos cuidar que durante el día, el niño, viva libre de ansiedad y presiones excesivas por nuestra parte. Así como que llegue a un cansancio extenuante.