Madres cansadas

Crianza

Cuando el cansancio nos sobrepasa

Nadie te había contado que criar a un bebé pudiera ser tan agotador. Es indispensable otorgarnos permiso para descansar siempre que podamos. Cuantas más tareas deleguemos, más fuerza y disponibilidad emocional tendremos para criar a nuestro bebé.

Laura Gutman

Posiblemente sea la situación que más nos sorprende después del nacimiento del niño y para la que menos nos hemos preparado durante el embarazo: el extremo cansancio corporal y el agotamiento mental. ¿No creíamos que los bebés comen y duermen? Pues el nuestro ni come ni duerme, o más bien, come y duerme a ratos.

Con frecuencia, las mujeres estamos desesperadas por volver a la rutina que llevábamos antes del nacimiento de nuestro hijo, intentando recuperar algún punto de referencia al menos entre el día y la noche. Pretendemos comer cuando tenemos hambre y dormir cuando tenemos sueño, ir al baño cuando nos apetece... pero resulta que no, que ese paraíso de libertad personal parece haber quedado en el olvido. Esa es la realidad. El bebé nos necesita prácticamente todo el tiempo.

Reconducir la situación

Si cada una de nosotras, acompañada por las personas más cercanas, aceptáramos esta realidad, en lugar de luchar contra ella y culpar al bebé por nuestro cansancio, nos ocuparíamos de revisar cuántas otras supuestas obligaciones pretendemos resolver en nuestra vida cotidiana. Hagamos una lista de los pequeños actos diarios que creemos que sólo nosotras podemos llevar a cabo. Nos sorprenderemos al constatar que seguimos ocupándonos de servir el desayuno a nuestra pareja, que hacemos las compras, que nos hacemos cargo de un familiar enfermo, que estamos trabajando desde casa durante la baja maternal porque tenemos un puesto de cierta responsabilidad, que tenemos dos gatos y uno de ellos ha enfermado y lo llevamos al veterinario, que luego preparamos la cena aunque no hemos tenido ocasión de comer durante el día, que también esperamos dejar la cocina en condiciones para el día siguiente, y que nos ocupamos de llevar la ropa delicada a la tintorería y de hacer algunos trámites en el banco.

Una dosis de realismo

Seguramente esta lista inventada de obligaciones es mucho menor que la lista real que cualquiera de nosotras puede confeccionar, si nos atrevemos a escribir durante un solo día la cantidad de situaciones que creemos nos corresponde atender. Aquí se plantea el verdadero problema: Si sumamos la enorme cantidad de obligaciones asumidas antes del nacimiento del niño –acciones que cumplíamos sin el menor conflicto– y ahora pretendemos agregar las respuestas de cuidado, atención y presencia que el bebé requiere, ¡obviamente que el cansancio va a inundar nuestra existencia!

¿Qué podemos hacer? En primer lugar, confeccionar una lista honesta de prioridades. La primera prioridad es el bebé. La segunda es el bebé. La tercera es el bebé. Aquí tendríamos que evaluar si tenemos otros hijos mayores que también nos necesitan, tomando en cuenta sus edades y si van a la escuela o no, para ponerlos en nuestra lista, que a estas alturas será abrumadoramente larga. Constataremos que tenemos muchas razones para estar agotadas...y que el bebé suele ser quien menos reclama.

Saber delegar

Ahora bien, si el bebé solicita atención cuando percibe que su madre está finalmente disponible, el mundo se ha puesto al revés. Para colmo, cuando estamos ya cansadísimas y con necesidad de que termine el día, sentimos la demanda del niño como terriblemente exigente porque estamos agotadas y no tenemos resto emocional para ocuparnos de nuestro pequeño. El cansancio es bien real. Sin embargo, podemos revisar cómo hemos organizado la multiplicidad de tareas y qué prioridades hemos otorgado a cada una.

Si nos interesa ocuparnos de nuestros hijos pequeños, la mejor opción es suprimir prácticamente todas las labores delegables; que a decir verdad, son casi todas a excepción de responder a las necesidades del bebé. De ese modo podremos permanecer disponibles ofreciendo brazos, mirada, atención y amor al niño.

Al mismo ritmo

Si delegamos todas las demás tareas, hacer una vida relativamente parecida a la vida del bebé nos resultará mucho más sencillo: dormir cuando el bebé duerme, pasear cuando es hora de pasear, comer cuando se puede y tomar un baño también cuando se puede... y no mucho más. Además, si permanecemos con el bebé, la lactancia fluirá sin inconvenientes ni tensiones. Todo lo contrario, dar de mamar nos obliga a no hacer nada más, ya que una madre reciente no debería estar en ningún otro lugar que no sea en contacto permanente con el recién nacido.

Al final nos daremos cuenta de que permanecer con el niño, convertirse en una mujerbebé por unos meses, dar de mamar, dormir, comer, descansar, mirar al bebé a los ojos, reír, volver a dormir, olvidarse de los horarios, cambiar pañales, estar atenta a los tránsitos digestivos del niño, volver a dormir, soñar algunos sueños y despertar una y otra vez no es terriblemente agotador. Simplemente es diferente a la vida que llevábamos antes. Pero los cambios no hacen mal a nadie, especialmente si estamos dispuestas a dejarnos llevar por las sorpresas de la maternidad placentera.

Valorar la maternidad

Algunas mujeres no podemos imaginarnos “convertidas en una cosa que da leche”. Pensemos que este cuestionamiento, compartido por muchas de nosotras, lamentablemente está teñido de la valoración negativa que como sociedad venimos difundiendo sobre todos los aspectos que no son consumibles, comprables, vendibles o con un precio estipulado. La maternidad ha quedado relegada a un lugar innombrable. Es posible que las mujeres sintamos que dentro de la maternidad “no somos”, pero haciendo algo, aunque sea comprando un objeto en un centro comercial, “somos”. Pues bien, ese es uno de los motivos por los cuales nos llenamos de tareas innecesarias con un bebé pequeño en casa, para sentir que de algún modo seguimos participando en la organización social.

Merecemos ayuda

Las mujeres modernas estamos pagando un precio muy alto para lograr este tipo de reconocimiento o pertenencia, particularmente cuando tenemos un bebé muy pequeño. Esos son los motivos por los cuales estamos terriblemente cansadas, agobiadas y con dolor de espalda. Sin embargo, si nos ponemos las manos sobre el corazón, reconoceremos que el puerperio puede ser un período relativamente suave, descansado, creativo, dulce y acogedor. El niño no es causante de nuestro agotamiento. Es la multiplicidad de tareas supuestamente importantes que asumimos para seguir perteneciendo al mundo del consumo lo que nos deja abatidas y alejadas de nuestra fortaleza personal.

Sólo si las mujeres aceptamos que somos merecedoras de ayuda, buen trato, comprensión y compañía, podremos inventar nuevos acuerdos con nuestras parejas o familiares en relación al reparto de obligaciones, de tal modo que ellos asuman la diversidad de tareas y nosotras permanezcamos descansando con el bebé en brazos. El período dedicado a criar niños pequeños necesita de toda nuestra fuerza y nuestra salud tanto física como espiritual, y eso compete a toda la comunidad. Asumamos que no podemos hacer otra cosa que permanecer quietas con el bebé. Constataremos que los demás se harán cargo de lo que no está resuelto y nosotras repartiremos sonrisas y armonía por doquier.


¿Y si tenemos que trabajar?

  • Si tenemos un niño pequeño en casa y necesitamos retomar nuestra actividad profesional, nos puede resultar útil programar detalladamente el tiempo de permanencia con nuestro hijo.
  • Escribir en nuestra agenda los horarios estipulados para ocuparnos de nuestro hijo, nos va a permitir visualizar que no tenemos momentos disponibles para otras tareas.
  • Es una pequeña trampa para-las-mujeres-que-todo-lo-podemos-y-todo-lo-resolvemos. Trabajar y criar niños no es fácil para nadie, pero necesitamos encontrar un modo de evitar nuestro agotamiento vital.
  • Respiremos al llegar a casa y otorguémosnos unos minutos para entrar en “frecuencia bebé”. Bajemos la velocidad y el tono de voz para poder disfrutar el momento.


Claves para minimizar el cansancio

  • La presencia de un bebé requiere una disponibilidad física y emocional completa por parte de la madre. Por lo tanto, es indispensable que nos otorguemos el permiso de descansar, de dormir cuando el bebé duerme y desentendernos de tareas prescindibles.
  • Es mejor estar sentada o recostada para tener mucho tiempo al bebé en brazos. Si pretendemos continuar con nuestras tareas, el cansancio va a ser recurrente.
  • Dormir con el niño nos asegura atravesar las mejores noches posibles durante este período. Si pretendemos que duerma solo, el agotamiento por las horas sin dormir va a aumentar necesariamente.
  • La vida ya es difícil. Hagámosla más sencilla. Si permanecemos con nuestro bebé, el transcurrir de los días y de las noches se va a ir suavizando progresivamente.

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