Cuando elegimos darle el biberón

CRIANZA

Cuando necesitamos darle el biberón

Aunque las tasas de lactancia materna han aumentado, muchos bebés siguen tomando biberón desde el principio o por un destete precoz. En esos casos también tienen derecho a la mejor alimentación posible.

Luis Ruiz

Dar de mamar a nuestras crías es lo que nos caracteriza a los mamíferos como especie. Hasta la aparición de las leches de fórmula para bebés a mediados del siglo pasado, no darles leche humana significaba un riesgo de muerte muy claro. Las nodrizas o las madres de leche eran una actividad reconocida y muy bien valorada en todas las culturas, y en España ese trabajo estuvo regulado y su remuneración definida.

Pero en la actualidad, sea cual fuere la razón, muchas mujeres no amamantan a sus hijos con leche materna. Esta es una novedad histórica que comenzó a mediados del siglo pasado, propiciado por la publicidad de las casas comerciales y otros factores relacionados con las prácticas en los hospitales (separaciones madre-bebé, instrucciones de amamantar cada tres horas, etc.), que dio lugar al abandono progresivo de la forma natural de alimentar a los bebés. En EE.UU., de tener una tasas de lactancia del 95% de la población a finales del siglo XIX y principios del XX, en estos momentos no llegan al 50%.

La mejor posible

Todos los niños tienen derecho a la mejor alimentación que se les pueda dar, y cuando la leche materna no puede ser, estos niños y estas madres precisan el mejor sucedáneo posible de la leche materna. Es por eso que las autoridades sanitarias han regulado las características de estos tipos de leches y preparados para bebés en toda Europa. Y sabiendo que la leche humana sigue siendo el patrón oro, están trabajando para conseguir que las cifras de lactancia materna aumenten, y que el 20% de mujeres que ahora no inicia la lactancia y el 60% de las que la abandonan antes de los 3 meses se siga reduciendo.

¿Cómo puede ser que la leche materna no sea adecuada para los bebés? Pues existen algunas excepcionales situaciones en las que ocurre y, aunque sean muy poco frecuentes, hay que conocerlas con el fin de, si se da el caso, ofrecer la mejor solución posible para el bebé y la madre. Una de estas muy raras ocasiones en las que no se debe amamantar es en el caso de que el bebé padezca galactosemia. Es la incapacidad para metabolizar la galactosa, un azúcar de la leche, y afecta a uno de cada 60.000 niños.

También en alguna rara enfermedad infecciosa de la madre, como la tuberculosis, si no ha iniciado tratamiento. Y en el caso de VIH, aunque hay cierta controversia pues algunos estudios afirman que puede contagiar la enfermedad y, en cambio, otras investigaciones recientes comprueban los beneficios de la leche materna.

¿Y si me medico?

En cuanto a los medicamentos y otras sustancias que toma la madre, solo hay que suspender la lactancia si toma:

  • drogas de cualquier tipo
  • medicación anticancerígena o tratamiento radioterápico con sustancias radiactivas que se inyectan en el cuerpo.

Sin embargo, no tienen razón gran parte de los prospectos de medicamentos u otras sustancias que afirman que no son compatibles con la lactancia, ya que la mayoría sí lo son.

Para conocer las verdaderas contraindicaciones disponemos de una herramienta útil y bien documentada en el sitio web www.e-lactancia.org

Al consultar el medicamento aparecerá una valoración del riesgo para la lactancia entre 0 y 3. Si está catalogado con el nivel 3 de riesgo, hay que dar alimentación artificial. Y con nivel 2, hay que sopesar riesgos y beneficios.

Desde que hace 100 años empezaran a aparecer las fórmulas de leche y papillas lacteadas hasta la actualidad han mejorado mucho. En estos momentos, las concentraciones de sustancias en la composición de estos derivados de leche de vaca adaptados a la alimentación del bebé deben tener por normativa legal unas características y composición determinada. Las investigaciones sobre la composición del patrón oro han permitido conocer sustancias que contiene la leche humana y que se están añadiendo a la leche de fórmula. Aunque la composición nunca llegará a ser idéntica: todavía hay sustancias sin identificar, y la presencia de anticuerpos (defensas) en la leche artificial está muy lejos de poderse igualar.

La fórmula adecuada

Mientras se sigue investigando, encontramos diferencias entre unas y otras. Unas tienen unos ácidos grasos y otras unos péptidos distintos, que no están presentes en todas las leches porque en el momento en que se hizo la legislación no se conocía su existencia. Así, los fabricantes que introducen una nueva sustancia presente en la leche humana enseguida lo anuncian para conseguir mayores cuotas de mercado. Aunque todas las marcas cumplen unos mínimos, seguramente estaría bien ir variando de leche artificial para que el niño tome esas sustancias específicas de cada una.

En el caso de los prematuros, la leche materna es especial y tiene características diferentes, contiene algunos componentes imprescindibles para el desarrollo del niño pretérmino y que no estarían en unas concentraciones adecuadas en las fórmulas convencionales. Aunque la opción ideal con estos bebés, si es posible, es la leche materna.

La publicidad directa de las leches para bebés está prohibida por la legislación europea, pero las casas comerciales a veces generan necesidades no demostradas científicamente como las leches del tipo 2 ó 3. Con la leche de vacas criadas en pastos ecológicos puede ocurrir algo parecido. La leche más ecológica es la materna.

Escoger un modelo de biberón

Al bebé se le puede dar la leche con cualquiera de los biberones que hay en el mercado que cumpla la normativa. El que os resulte más cómodo a los dos. Recordar que el bisfenol-A (presente en la composición de algunos plásticos) está prohibido. No se ha demostrado que unos sean mejores que otros, y aunque el cristal es el material más inocuo, especialmente al calentarlo, también hay que tener cuidado con los riesgos de rotura.

Cuando el bebé toma un complemento pero la intención es seguir con la lactancia materna, éste se puede dar con vaso, cuchara, sonda, jeringuilla o dedo de tal forma que no haya interferencias con la succión del pecho, que tiene mecanismos ligeramente diferentes.

En estos niños que están tomando el pecho puede ser útil que quien le dé la suplementación sea otra persona diferente a la madre, de tal forma que el bebé asocie el pecho a su madre y los biberones al padre, por ejemplo. Así, posiblemente se evite la confusión del bebé.

Por último, estaría bien recordar que dar de mamar no es solo dar la leche, sino también calor, placer, seguridad, relax, confianza, estima, unión, cariño....

Pero, si se da biberón, también se pueden cuidar todos estos aspectos. Nada debe haber más importante en ese momento. Es bueno que sean unos instantes de contacto, incluso piel con piel, de intimidad y contacto mutuo.

Apoyo incondicional

Amamantar es derecho del niño y de la madre. Los sanitarios y autoridades hemos de apoyar a las madres que quieran amamantar para que lo hagan todo el tiempo que deseen, pero cuando llega el tiempo del destete también hemos de ofrecer la ayuda necesaria. No somos quien para juzgar a las madres que libremente, con toda la información, toman decisiones.

Preparar la leche de forma segura

Una vez hemos escogido la leche, el siguiente paso es preparar el biberón. Necesitaremos asegurarnos de que la zona donde vamos a preparar el biberón esté limpia y lavarnos las manos antes de manipular los utensilios a utilizar y antes de manipular la leche y el agua.

Si el agua tiene la garantía sanitaria adecuada, no hace falta hervirla. Ante la duda podemos utilizar agua embotellada de mineralización débil y que sea apta para el consumo de bebés, o hervir el agua un máximo de un minuto para no aumentar la concentración de minerales del agua, y preparar el biberón cuando la temperatura aún esté a unos 70 oC.

Los preparados de leche en polvo no son estériles y cuando se reconstituyen hay que tener una serie de cuidados.

  • En primer lugar, la concentración. Actualmente, gracias a la legislación, las proporciones y concentraciones de la leche en polvo son iguales en todas las marcas; y todas tienen homologada y homogeneizada la preparación. Las proporciones son iguales: 30 cc de agua por cada cucharada rasa de leche nos da la concentración idónea.
  • Afortunadamente, la mayoría de padres ya no pone una cucharadita de más en el agua para que así engorde el bebé, ni aprieta el polvo de la leche en el medidor para que quepa más. En otros tiempos, estas prácticas eran frecuentes y producían cuadros de malnutrición por exceso y riesgo de trastornos metabólicos.
  • En segundo lugar, cuando añadimos el polvo, el agua debería de estar a más de 70 grados centígrados para que, al echarlo, este se pasteurice eliminando todos los gérmenes que pudiera haber en la leche. Si el agua tiene la garantía sanitaria adecuada, no hace falta hervirla. Ante la duda podemos utilizar agua embotellada de mineralización débil y que sea apta para el consumo de bebés, o hervir el agua un máximo de un minuto para no aumentar la concentración de minerales del agua, y preparar el biberón cuando la temperatura aún esté a unos 70 oC.
  • La leche preparada se debe consumir enseguida y no tiene que permanecer a temperatura ambiente, ya que se estropea y podría producir enfermedades en el bebé. Se puede conservar en la nevera como hacen en los hospitales, pero en casa lo más recomendable es preparar solamente la que se va a consumir y desechar la que sobre.
  • Una vez realizada la mezcla, taparemos el biberón y lo agitaremos para que la disolución entre la leche y el agua sea correcta y no queden grumos.
  • Nunca calentaremos el biberón en el microondas, siempre al baño María.

¿Cuánta leche necesita?

Si seguimos las indicaciones de las casas comerciales, podemos estar dándole a nuestro bebé más de lo necesario. Hemos de aprender a interpretar sus signos, saber cuándo tiene bastante, o si se trata solo de un eructo y quiere seguir comiendo.

La cantidad de leche variará en función de la edad y el peso del niño pero por norma general el primer día pueden tomar una cantidad aproximada de 20ml por toma, el tercer día aproximadamente 40ml/toma hasta llegar a unos 120ml/toma al mes. Pero la mejor indicación nos la dará nuestro propio bebé. Podemos ir aumentando la cantidad cuando el bebé tome la cantidad sin dejar nada en el biberón y siga con hambre.

Intentaremos hacer una lactancia a demanda, sin dejar pasar más de cuatro horas sin que el bebé haya comido. En tal caso deberemos con mucho cariño despertarle para que coma.

Al bebé le ayudará a estar normalmente despierto y demandante de alimento el permanecer cerca del cuerpo materno, en movimiento, con la ayuda de un fular portabebés.

Podemos decir que el bebé tiene bastante si:

  • Hace pipí a menudo y unas cacas blandas.
  • Vuelve la cabeza y se suelta repetidamente del biberón.
  • Vomita o regurgita en todas las tomas estando sano. En este caso es que está comiendo demasiado.
  • Se duerme y deja un resto en el biberón.
  • Escupe la tetina tras haber comido un rato.

También hemos de aprender a interpretar sus signos de hambre, que no son cada tres horas como se creía antes. A veces es posible que el bebé no quiera comer, pero sí succionar, y el chupete lo ayuda, lo tranquiliza y come mejor.

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