¿Dónde es mejor que duerma mi hijo?

SUEÑO INFANTIL

¿Dónde es mejor que duerma mi hijo?

Muchos padres se hacen esta pregunta, y lo cierto es que hay tantas respuestas como familias. Es cuestión de probar. Al final encontraréis la mejor, la vuestra.

Carlos González

Básicamente, los niños pueden dormir: en la cama de los padres; en la misma habitación, pero en su propia cama o cuna, o en otro dormitorio.
Estas tres formas básicas pueden combinarse de 100 maneras:

  • Hay niños que se duermen en brazos de su padre o de su madre, y cuando están dormidos los ponen en alguno de esos tres sitios.
  • Hay niños que se duermen colgados a la espalda de su madre, mientras ella sigue haciendo sus cosas (aunque poco frecuente entre nosotros, es el modo más extendido en el planeta).
  • Hay niños que empiezan en la cama con los padres, y cuando están dormidos los pasan a la cuna. Hay niños que duermen en la cuna, y cuando se despiertan pasan a la cama de los padres.
  • Hay niños que empiezan la noche en su propia habitación, y cuando se despiertan va su madre a buscarlos y se los trae a su cama.
  • Hay padres que van a buscar al niño a la otra habitación y lo traen a la cama con la madre.
  • Hay padres que se levantan a media noche para ir a la habitación del niño a calmarlo, y luego se quedan allí hasta que se vuelve a dormir. Como más de uno se duerme antes que el niño, hay quienes tienen una cama de emergencia al lado de la cuna, o si es mayorcito, se meten en la cama con él.
  • Hay padres que a la una de la madrugada van a “rescatar” a la madre que se ha quedado dormida en la habitación del niño.
  • Hay padres que ya ni tan siquiera se molestan –¡total!–, y directamente se van a dormir solos.
  • Hay padres que duermen en otra habitación o, si hay espacio, en una cama individual al lado, para dejar sitio en la cama de matrimonio a la madre y al niño, o a la madre y a los gemelos, o a la madre, al bebé y al hermano mayor.
  • Hay madres que no se atreven a sugerirle al padre que se vaya a otra habitación por temor a que se pueda sentir rechazado, y hay quienes sí se sentirían rechazados, pero otros lo están deseando para poder dormir tranquilos, y en cambio no se atreven a sugerirlo por temor a que su mujer se sienta abandonada (y las hay que efectivamente se sentirían abandonadas, mientras que otras se sentirían mucho más anchas).
  • Hay niños que duermen en su cama al lado o a los pies de la de los padres, o en otra habitación, y ellos solos se van a la cama de sus padres cuando se despiertan (“pero no hagas ruido, que mamá y papá tienen que dormir, y antes de venir pasa por el lavabo”).
  • Hay niños que duermen con sus hermanos mayores (o con sus abuelos, o con sus tíos...), en la misma cama o en otra, puesto que es más fácil irse a dormir con un hermano que irse a dormir solo; y a veces los dos hermanos salen al mismo tiempo de la habitación de los padres, aunque uno sea varios años mayor que el otro.

Puedes cambiar de decisión

¿Y cuál de todas estas formas de organizarse es la mejor?

Pues eso depende de cada familia, a unas les va mejor de una manera, y a otras les va mejor de otra.
Lo importante es que cada familia, cada madre y cada padre, sepan que tienen la libertad de dormir como quieran, de organizarse en la forma que mejor les funciona para descansar todos lo más posible y para ser todos felices.

¿Que dejas a tu hijo en otra habitación y duerme como un tronco?, pues magnífico, pero si al dejarlo en otra habitación llora y llora, y las noches son un infierno, prueba otra cosa. ¿Que os dormís con vuestro hijo en la misma cama y todos estáis a gusto?, pues magnífico, pero si estáis incómodos y no dormís bien, y pensáis que podría ir mejor de otra manera, pues haced la prueba. No hagas lo que le gusta al médico o al vecino, o al libro, o a la abuela, haz lo que os guste a vosotros, lo que os funcione y os vaya bien a vosotros.

Sin lágrimas

Que no te vengan con apocalípticas amenazas. Si el niño duerme con los padres, ni se va a “acostumbrar”, ni va a tener problemas con la hormona del crecimiento, ni “nunca aprenderá a dormir solo”. Y tampoco va a tener un trauma para toda la vida ni se va a sentir abandonado si duerme en otra habitación. Si su hijo duerme en otra habitación y lo hace feliz, o si se despierta y enseguida van a atenderlo y consolarlo, no hay ningún problema. Lo malo, por supuesto, sería que el niño llorase y los padres no le hicieran caso.

Pero eso es malo tanto de día como de noche.

Rectificar es de sabios

También es importante que los padres no sean esclavos de una decisión o de un método que ya ha dejado de funcionar. Que a veces hay quien dice que volver a la habitación de los padres cuando ya había salido, o volver a contarle cuentos cuando ya se dormía solo, es “un retroceso”. No, no hay ningún problema.

Si tu hijo dormía la mar de bien él solo, pero desde hace una semana se despierta cada hora y media, no hay ninguna necesidad de levantarse seis veces cada noche (y aunque lo dejases llorar, tampoco vas a poder dormir, a no ser que tengas una casa muy grande con una habitación insonorizada). Si lo de dejar al niño en otra habitación ya no funciona, tienes derecho a intentar algo distinto. Y al revés, he conocido familias que dormían con el bebé en la cama, pero en algún momento han pensado que tal vez los movimientos o ronquidos de los mismos padres lo despertaban. Pues, bueno, si crees que dormiría mejor en la cunita al lado, o en otra habitación, no pierdes nada por probar. Y si la prueba fracasa, pues la das por terminada y ya está. Son los padres los que toman la decisión, y nadie tiene derecho a darles órdenes.

¿Quién no ha dormido nunca en la cama de sus padres?

¿Qué es lo normal? Pues lo normal es increíblemente variable, tanto de un niño a otro como con el paso del tiempo.


Para que te puedas hacer una idea te explicaré que, en un estudio británico realizado a finales del siglo XX, aproximadamente un tercio de los niños menores de un año dormían en la cama de los padres, otro tercio en su propia cuna, pero en la misma habitación, y otro tercio en otra habitación.

Por la misma época, un estudio llevado a cabo en Suiza (niños suizos de la zona urbana de Zúrich, con cuatro abuelos suizos, no inmigrantes) reveló que, a los cuatro años, el 40% de los niños dormían en la cama de los padres (al menos una vez por semana, no necesariamente la noche entera), y a los 10 años, el 12%. Los autores del estudio suizo se sorprendían de que, durante el primer año, apenas el 5% de los niños durmieran en la cama de los padres. Entraban más tarde, cuando tenían dos y tres años. Eran padres a los que les aconsejaron “no te metas nunca al niño en la cama”, y lo habían intentado, con todas sus fuerzas, hasta que finalmente se rindieron: “Vamos a meterlo en la cama y que sea lo que Dios quiera, porque esto no hay quien lo aguante más”. Y, claro, un niño que ha tenido que llorar tres años para que lo dejen entrar en la cama no se va a ir justo al mes siguiente.

Aquí, en España, no conozco estadísticas. Cuando doy una conferencia para padres y madres muchas veces pregunto: “¿Cuántos de los aquí presentes no han dormido nunca en la cama de sus padres?”, y levantan la mano menos (bastante menos) del 5%. Y esos, los que no levantan la mano, son los que se acuerdan, los que durmieron con sus padres con tres o con cinco años. A saber si los que no levantan la mano también habían dormido con sus padres a los tres o a los ocho meses, pero nadie se acuerda de eso.

En nuestra sociedad, la mayoría de los niños duermen en algún momento con sus padres, a pesar de que muchos libros y profesionales recomienden lo contrario.
Y, por lo que yo he podido ver, aquellos niños que han dormido con sus padres más o menos desde el principio, hacia los tres años muchas veces es posible convencerlos de que “como eres mayor” puedes dormir en tu propia cama, junto a la nuestra, o incluso en tu propia habitación (esto último es más fácil si hay un hermano mayor con el que dormir).

“Ven cuando quieras”

Siempre es conveniente darles opciones: “Y si por la noche quieres venir con los papás, te vas a hacer pis y sin hacer ruido te metes en nuestra cama”. La confianza de que, si hiciera falta, podrían volver a la cama de sus padres, a muchos niños les da la seguridad suficiente como para alejarse.

Por el contrario, si nos ponemos en plan “y ya nunca más dormirás con nosotros porque eso es de bebés pequeñitos y tontos”, el niño puede sentir tanta presión y tanta angustia que no es capaz de emprender el viaje.​

Eso sí, durante varios años hará falta contarle infinitas historias y hacerle compañía hasta que se quede dormido. Aquello de darle un beso, decirle adiós, irse de la habitación, y dejarlo despierto y sin llorar, yo no lo he visto antes de los siete años. Supongo que habrá niños más precoces, pero también otros que lo hagan más tarde.

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