¿Duerme todas las horas que necesita?

SUEÑO INFANTIL

¿Duerme todas las horas que necesita?

Las cifras las ha decidido la estadística. En la vida real, unos niños duermen más y otros menos. Y todos son normales.

Rosa Jové

Una de las cosas que más preocupa a los padres de hoy es saber si su hijo duerme las horas que necesita por su edad. Y si bien es verdad que es importante que así sea, también es verdad que cada niño puede necesitar un número de horas diferente. Por esta razón, uno de los indicadores más fiables es el propio niño: si su salud es buena y no parece cansado ni soñoliento, lo más probable es que esté durmiendo las horas que necesita.

Comparar el sueño infantil con el de los adultos tiene su trampa. Nosotros, tanto si dormimos pocas horas como si nos cuesta conciliar el sueño, arrastramos falta de descanso, ya que el ritmo de vida y de trabajo nos empuja a seguir con nuestras obligaciones aunque hayamos pasado mala noche.

En cambio, que a nuestros hijos en edad no escolar –o si aún hacen siestas– les cueste dormir, o duerman menos horas que otros niños que conocemos, no implica una falta de sueño, ya que lo pueden compensar durmiendo un poco más en la siesta. Es por esta razón que los diagnósticos de cantidad de sueño insuficiente en niños de corta edad son muy difíciles de hacer. De todos modos, y para vuestra tranquilidad, debéis saber que el insomnio infantil es prácticamente inexistente.

Un diagnóstico correcto

Para saber si nuestro hijo presenta una insuficiencia en cuanto a la cantidad de horas de sueño debemos consultar las tablas que nos pueden servir de orientación y, ante la duda, ver si la posible falta de descanso provoca un deterioro significativo en el niño. Si él está bien, seguramente es que no necesita domir más. Pero si observamos que duerme poco, está cansado e irritable, o muestra un extraño desinterés por jugar es posible que presente un trastorno de este tipo (ver recuadro inferior). Si vuestro hijo encaja en estos síntomas deberíais acudir a un especialista para que vea si realmente existe un problema, ya que los criterios expuestos son orientativos.

Algunas dificultades

Fundamentalmente vienen dadas por la mala interpretación que se hace de las tablas e instrumentos para medir el sueño. Veamos:

  • Validez y estandarización. Las horas que un niño duerme pueden variar mucho en función de la cultura. Así de las sociedades que se han estudiado, parece ser que los más dormilones son los holandeses, que duermen hasta cuatro horas de media más que los bebés kipsiguis (Kenia). Las diferentes formas de criar en el mundo hacen que un niño se canse menos –si es llevado en brazos más tiempo– o que presente más estrés. Todo ello repercutirá en la forma en que duerme, y es por ello que hay diferencias entre culturas.
  • Confundir los valores promedios con valores absolutos. El hecho de que muchas tablas –sobre todo las que no utilizan intervalos– digan que los bebés a los 12 meses duermen 13 horas, no significa que todos los bebés lo hagan, sino que esta cifra es la media de horas que duermen los bebés de un año. Hay niños que duermen menos horas y otros que duermen más.
  • El léxico que utilizamos para leerlas. Si observamos nuestra tabla horaria podríamos deducir que la mayoría de niños de cinco años deberían dormir entre ocho y 11 horas. Pues no, no deben dormir esas horas, sino que pueden dormir esas horas. Es decir, la mayoría son capaces de hacerlo pero no existe ninguna obligación de que lo hagan así. Sucede lo mismo con las tablas evolutivas de los niños en las que leemos afirmaciones como “los niños suelen empezar a andar al año de vida”. Esta frase no quiere decir que todos los niños deban hacerlo a esta edad, sino que estadísticamente pueden hacerlo.
  • Desconocimiento de la realidad. El 81% de los niños de un año se despierta. Es lo más frecuente. Pero como los estudios demuestran que hay niños que a los siete meses pueden dormir cinco horas seguidas, se supone que todos son capaces de hacerlo... y que el que no lo hace es porque no quiere. Eso implica que muchos padres piensen que tienen un problema con el sueño de su hijo o, lo que es peor, que lo hace sólo para fastidiar. Si vuestro hijo pequeño presenta un aspecto saludable durante el día y adquiere las destrezas habituales para su edad, lo veis feliz y con ganas de jugar; no os preocupéis más. Seguramente está durmiendo las horas que su cuerpo necesita.

Sólo como orientación

  • A los 0-2 meses, duermen entre 12-16 horas

SUEÑO DIURNO 50 % Varias secuencias a lo largo del día

SUEÑO NOCTURNO 50% Varias secuencias a lo largo de la noche

  • A los 3-6 meses, duermen entre 10-15 horas

SUEÑO DIURNO 30-40% Varias siestas

SUEÑO NOCTURNO 60-70% Varios despertares

  • A los 6-9 meses, duermen entre 11-14 horas

SUEÑO DIURNO 20-25%. Dos o tres siestas: mañana y tarde

SUEÑO NOCTURNO 75-80% Varios despertares

  • A los 9-12 meses, duermen entre 10-13 horas

SUEÑO DIURNO 15% Dos siestas más reducidas

SUEÑO NOCTURNO 85% Son posibles varios despertares

  • A los 12-18 meses, duermen entre 10-13 horas

SUEÑO DIURNO 15%. Dos siestas, pero con tendencia a una

SUEÑO NOCTURNO 85% Son posibles varios despertares

  • A los 18-36 meses, duermen entre 9,5-12 horas

SUEÑO DIURNO 10% Una siesta

SUEÑO NOCTURNO 90% Son posibles varios despertares

  • A los 3 a 4 años, duermen entre 8-12 horas

SUEÑO DIURNO 0-10% Se pierde la siesta

SUEÑO NOCTURNO 90-100% Se reducen los despertares

  • A los 4 a 6 años, duermen entre 8-11 horas

SUEÑO DIURNO 0% Ya no hay siesta

SUEÑO NOCTURNO 100% Despertares eliminados

*Se considera sueño diurno el que tiene lugar entre las 9 y las 21 h, y nocturno, entre las 21 y las 9h.


Cómo detectar el insomnio

  1. El niño presenta una reducción importante del número de horas de sueño estándar para su edad, durante al menos un mes.
  2. Esta reducción del sueño, o la fatiga diurna asociada a la falta de descanso, le provoca un malestar clínicamente significativo (irritabilidad, somnolencia...) o el deterioro de alguna área o actividad (pérdida de interés por los juegos, por relacionarse socialmente, falta de atención o concentración...).
  3. Esta alteración no es explicable por ningún fármaco, tratamiento médico, trastorno mental previo, parasomnia (pesadillas, sonambulismo...) u otra disomnia (alteraciones horarias, calidad de sueño...).

Artículos relacionados