amor malcriado cuadrado

Entrevista

"El amor nunca malcría"

Yolanda González, psicóloga y autora de "Amar sin miedo a malcriar", nos habla sobre las necesidades básicas de los niños y cómo afrontar una separación

Isabel Fernández del Castillo

A pesar de que por su consulta pasan adultos, está especializada en la prevención infantil desde el embarazo, el parto y la infancia, labor que combina con la formación de profesionales y con la divulgación de un mensaje que también recoge en sus libros Amar sin miedo a malcriar y Educar sin miedo a escuchar (RBA): el amor, el respeto y la empatía deben ser la realidad que acompañe día a día a todos los niños.

Yolanda González nos habla sobre los estilos de crianza

¿Qué necesitan los bebés y los niños a nivel afectivo?
Los niños necesitan un entorno seguro, capaz de satisfacer todas sus necesidades, tanto físicas como emocionales, y para eso, la figura de apego debe contar con la capacidad de desarrollar una respuesta sensible, que consiste en percibir las señales del bebé, interpretarlas adecuada y rápidamente, y satisfacerlas. En esto se basa la teoría del apego.

Cuando habla de necesidades básicas, ¿a qué se refiere?
Pues al amor incondicional, al respeto, a la escucha emocional sin juicio y al acompañamiento necesario, especialmente durante las fases del desarrollo, o lo que es lo mismo, desde el momento en el que nace hasta los siete años, etapa en la que se estructura el carácter y se constituye el apego seguro. En el caso de que los padres no estén presentes emocionalmente, los hijos sufren y pueden llegar a desarrollar un apego inseguro.

Los niños necesitan un entorno seguro, capaz de satisfacer todas sus necesidades físicas y emocionales

¿Es diferente el vínculo del hijo con la madre que con el padre?
En los primeros meses de vida, el bebé se inclina hacia la figura de apego que colma sus necesidades básicas, generalmente la mamá. El padre cumple una función de apoyo a la madre y de organización familiar, y su presencia fomenta el apego con su hijo. Es esencial que las figuras de apego cubran las necesidades del bebé, superando modas y tópicos culturales infundados como no cogerlo en brazos, dejarlo llorar... La dependencia se debe a la inmadurez, y la auténtica autonomía se obtiene tras años de dependencia natural. El amor nunca malcría.

¿Cómo vive un niño la separación de sus padres?
Si bien es doloroso que papá y mamá se separen, puede paliarse mucho según cómo se haga: puede ser una “guerra”, con la criatura como campo de batalla, o ser consensuada para proteger sus necesidades y donde sus derechos están por encima de todo.

Las nuevas formas de custodia compartida, como, por ejemplo, una semana con cada uno, ¿son aplicables a todos los niños?
En mi libro Amar sin miedo a malcriar (RBA) hablo de cuáles son las pautas para que la separación sea respetuosa con los niños. Creo que es fundamental un conocimiento exhaustivo en psicología evolutiva, teoría del apego y diagnóstico del sistema familiar, para valorar si es perjudicial o beneficioso en función de su edad madurativa, sus necesidades emocionales y la desestructuración que pudiera o no generar dicha clase de custodia. Los menores de tres años, por su inmadurez emocional, deberían mantener su estabilidad con el progenitor que ha prodigado todos los cuidados afectivos antes de la separación, para así evitar ansiedades o somatizaciones fruto de la inestabilidad emocional.

La lactancia materna es un derecho del niño. No debe sufrir rupturas del apego por una separación de los padres

Entonces, y siguiendo con el ejemplo, ¿la lactancia materna sería una semana sí y otra no?
En ningún caso. El deseo de preservar el vínculo a través de la lactancia hasta los tres años no representa una “argucia” materna, como algunos jueces o padres desinformados piensan, sino que es un derecho de la criatura no sufrir rupturas innecesarias del apego en construcción y vulnerable a cambios drásticos externos. Los menores de tres años necesitan de la continuidad con su figura de apego principal. En los casos donde el papá ejerce esa función primordial también habrá que hacerlo. Cada caso requiere una atención individual.

¿Qué consejos darías a los padres que se estén separando o que piensen en hacerlo?
Que la planifiquen desde la colaboración, sin hostilidad. Que se lo digan juntos a los hijos: que tienen dos papás que los quieren mucho, pero que dejan de ser novios, evitando culpabilizarse mutuamente. Los hijos deben conocer lo antes posible la nueva casa donde vivirá el progenitor no custodio. También tienen derecho a contactar con sus progenitores siempre, más allá de los acuerdos. Para los mayores de siete años, y en caso de custodia compartida de común acuerdo, es importante que los domicilios estén cerca, para evitar rupturas con ambas familias y amistades infantiles. Es importante que sigan en el mismo colegio, si es adecuado. Los niños necesitan referencias estables para no acrecentar los sentimientos de incertidumbre o miedo que puedan generarse.

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