Bebés a examen

CRIANZA

¿Examinamos a los bebés todo el tiempo?

En lo que se refiere al crecimiento y progresos de nuestros hijos, los márgenes son más amplios de lo que imaginamos. Estemos atentos al peso o a sus habilidades... pero sin ser impacientes.

Carlos González

Yo fui, según me han contado, un niño bastante alto. “Cuando te llevaba al parque –me explicó una vez mi madre–, yo siempre repetía ‘Solo tiene doce meses’, porque parecía que tuvieras dos años, y las otras madres me miraban como diciendo ‘Debe ser retrasado, todavía no habla, todavía no camina’, y me daba vergüenza”.

Y es que muchos bebés y niños pequeños se ven “examinados” con más asiduidad y dureza que los mayores en la escuela. Cada fase de su crecimiento o de su desarrollo psicomotor es una prueba de fuego, cualquier avance se convierte en motivo de vano orgullo (como si dar los primeros pasos dos semanas antes garantizara un doctorado en física de partículas), y cada mínimo “retraso” produce preocupación y un sentimiento de culpa en muchos padres que creen “no haber estimulado lo suficiente” a su hijo.

Ojo, no estamos diciendo que hayamos de permanecer impasibles sea cual sea el peso, la talla o el lenguaje de nuestro hijo. No se puede decir eternamente “Ya crecerá, ya hablará, ya caminará...”; llega un momento en que hay que preocuparse y buscar la ayuda de un profesional.

El problema viene cuando, por desconocimiento de la enorme variabilidad del desarrollo normal, empezamos a preocuparnos varios meses antes de lo necesario.

Recuperar el primer peso

Eso sí que es un examen importante. Todos los recién nacidos pierden peso, y es importante que lo recuperen rápidamente y sigan engordando. La mayoría de los bebés pierden menos de un 5 o 6% de su peso al nacer (es decir, para un recién nacido de 3.500 g, menos de 210 g), empiezan a recuperarlo al tercer día y antes de una semana ya pesan lo mismo o más que al nacer. Pero muchos otros pierden más peso o lo recuperan más tarde. Algunos llegan a perder poco más del 10%, no empiezan a engordar hasta los siete días y no recuperan el peso del nacimiento hasta los 15 o 20 días. Pero no nos podemos esperar tranquilamente sin hacer nada.

Hay que controlar el peso del bebé cada dos o tres días hasta estar seguros de que ya pesa unos 300 g más que cuando nació (a partir de ahí ya no suele haber problemas). Y si pierde más de un 5 o 6%, o no lo recupera en una semana, hay que buscar la posible causa del problema (¿está mal colocado al pecho?, ¿un frenillo en la lengua no le deja mamar bien?, ¿se llena la barriga con agua en vez de mamar a demanda?, ¿duerme demasiado?) e intentar ponerle remedio (colocarlo en buena posición, comprimir el pecho durante la toma, sacarse leche al menos seis veces al día y dársela con un vasito o jeringa...).

El crecimiento correcto

Por supuesto, no basta con recuperar el peso del nacimiento. Hay que seguir creciendo y engordando. Para valorar el crecimiento de los niños se usan tablas y gráficas de peso y talla (se pueden consultar las de la OMS en: www.who.int/childgrowth). Pero hay que recordar varios puntos importantes, si queremos evitar angustias innecesarias:

  • La mitad de los niños están por debajo de la media, por eso se llama “media”. Estar por encima o por debajo es igual de normal.
  • El 3% de los niños sanos y normales están, por definición, por debajo (pero no muy lejos) del percentil 3. Son unos 15.000 de los 500.000 bebés que nacen en España al año.
  • Para los niños prematuros hay que calcular la edad corregida, sobre todo al principio (un niño de tres años y otro de tres años y dos meses son casi iguales... pero uno de cuatro meses y otro de seis son muy distintos tanto en tamaño como en desarrollo).
  • Las líneas de la gráfica no son “caminitos” que los niños tengan que seguir. Es totalmente normal subir o bajar de percentil (aunque, por supuesto, subir o bajar varias rayas en muy poco tiempo puede ser importante, y el pediatra lo debe valorar).
  • El peso no sirve de nada sin la talla. Lógicamente, los más bajitos son también los que menos pesan. El percentil de talla y el de peso no tienen por qué coincidir exactamente; un bebé con una talla media puede tener un peso en el percentil 30, o en el 70. Y un bebé en el percentil 3 de talla puede tener un peso en el percentil 15... o por debajo del 3. Lo que no es muy normal es tener una talla en el percentil 90 y el peso en el percentil 10.

Tal vez porque muchas veces se asusta sin motivo a los padres de niños cuya talla y peso son en realidad normales, a veces se cae en el error opuesto: todo es igual, todo está bien, y el peso y la talla no importan. Es absurdo, claro que importan.

Pero hay que valorar los posibles problemas con cuidado y con sentido común.

El gateo y la marcha

Hace siglos era costumbre envolver a los bebés como momias todo el día. Además de tenerlos calentitos y calladitos, el objetivo era impedirles gatear: se pensaba que para un ser humano era degradante ir a cuatro patas, como los animales. Se equivocaban, claro. Hoy sabemos que hay que dejar gatear a los bebés, que es un buen ejercicio que les prepara para movimientos posteriores. Pero algunos se han ido al otro extremo: piensan que gatear es imprescindible, obligatorio, y que si un bebé no gatea hay que “estimularlo” para que lo haga, o va a tener serios problemas.

En realidad, no todos los bebés gatean. El desarrollo psicomotor puede seguir distintos caminos, todos igualmente normales. Lo que sí hacen todos los bebés sanos es desplazarse. Un día u otro, normalmente antes de los 9 meses, el bebé es capaz de desplazarse por el suelo a una distancia de uno o dos metros, por ejemplo para ir a los brazos de su madre o para coger un juguete. No lo hacen a cada momento, claro, pero si a los 9 o 10 meses un bebé nunca se ha desplazado por ningún medio, hay que consultar al pediatra. Ese primer desplazamiento lo pueden realizar de varios modos:

  • Un 7 % de los bebés simplemente se ponen de pie y caminan. Nunca antes se han desplazado de ningún otro modo. Suelen ser los más precoces: se aguantan sentados alrededor de los 6 meses, se ponen en pie entre los 7 y 11, y empiezan a caminar entre los 9 y los 13 meses.
  • El 82 % de los bebés gatean. Suelen mantenerse sentados entre los 5 y 9 meses, empiezan a gatear entre los 5 y los 11 meses, se ponen en pie entre los 7 y los 12, y empiezan a andar hacia los 12-15 meses.
  • El 9% de los bebés se desplazan sentados, haciendo palanca con un pie. Son niños que se sientan algo más tarde, entre los 6 y los 11 meses, normalmente no gatean jamás, se ponen de pie entre los 10 y los 17 meses, y suelen caminar entre los 12 y 20 meses.
  • El 1% se desplaza rodando sobre sí mismos. Son bebés que suelen sentarse entre los 7 y los 12 meses, tras rodar una temporada gatean entre los 10 y 16 meses, y caminan entre los 14 y los 20 meses.
  • Otro 1% empieza a desplazarse reptando, con la barriga en el suelo. Son bebés que también se sientan tarde, entre los 7 y los 12 meses, que hacia los 13-18 meses dejan de reptar y empiezan a gatear, hacia los 12-20 meses se ponen de pie, y son los que más tarde caminan, entre los 16 y los 25 meses.

Vemos que los niños que no gatean, o hacen otras cosas, como reptar o rodar, antes de gatear, suelen caminar más tarde. Tal vez eso es lo que ha hecho pensar a algunos que no gatear “es malo”. Pero no es así; simplemente son distintos caminos que llevan al mismo destino: el niño caminará normalmente. Y si algún camino da más vueltas y llega al destino más tarde, no tiene importancia. Esos niños que caminan más tarde no caminarán peor. Nada impide que sean bomberos, bailarinas o futbolistas (por citar algunas típicas vocaciones infantiles).

No es una carrera

Algunos confunden el crecimiento y desarrollo del bebé con una carrera, y no dudan en recurrir al “dopaje” para ganar: cebar al niño para que esté más gordo, estimularlo para que sea más listo. Pero un niño sano no debe comer más de lo que quiere, ni recibir más “estímulo” que el que resulta naturalmente del amor y la dedicación de sus padres.

Si juegan con su hijo para reírse juntos y le cuentan cuentos para entretenerle, le harán feliz y serán felices con él. Pero si hacen ejercicios gimnásticos para estimular su desarrollo psicomotor y le cuentan cuentos para mejorar su vocabulario, probablemente acabará siendo una pesada carga para todos.

Ser conscientes de los plazos

Acompañar y ser testigo de los grandes hitos del desarrollo en los niños implica paciencia y responsabilidad a partes iguales.

  • No todos los bebés recuperan el peso del nacimiento al mismo ritmo. Al principio, hay que ir controlándolo cada dos o tres días.
  • Los primeros dientes, normalmente los incisivos centrales inferiores, suelen salir entre los 6 y los 12 meses, margen que puede variar.
  • Los percentiles de peso y talla no tienen que coincidir, pero tampoco estar excesivamente distanciados.
  • Gatear no es imprescindible. Aun así, los bebés tienen que ser capaces de desplazarse de algún modo antes de los 9-10 meses.
  • Un niño sano no debe comer más de lo que quiere, ni recibir más estímulo que el que resulta del amor y dedicación de sus padres.

¿Cuándo hablará?

Esta es otra causa de preocupación en algunas familias, sobre todo porque siempre hay un primo o vecino al que “se le entiende todo” desde los diez meses.

  • Entre los 8 y los 12 meses, los bebés suelen girar la cabeza al oír su nombre, emitir sonidos con intención de comunicación (por ejemplo, “a-a-a” cuando piden algo, lo mismo comida que brazos que un juguete) y comprender algunas palabras (miran en la dirección adecuada cuando les decimos “¿Dónde está la pelota?”).
  • La mayoría de los niños empiezan a decir algunas palabras entre los 12 y los 18 meses. No necesariamente bien pronunciadas, pero sí con sentido: intentan comunicar algo. También entienden órdenes sencillas: “Dame”, “Toma”, “Di adiós con la manita”...
  • Entre los 18 y 24 meses se amplía su vocabulario y usan (¡a veces continuamente!) el “no”. Con dos años suelen usar frases de dos palabras.
  • Algunos niños no dicen prácticamente nada hasta los dos años. El pediatra querrá asegurarse de que sí que oye (si es necesario le hará pruebas), que entiende alguna de las cosas que le dicen, que se relaciona con las personas (mira a los ojos a sus padres, llama su atención...) y que intenta comunicarse aunque sea sin palabras (señalando con el dedo, haciendo gestos). Si todo es normal, probablemente solo hay que esperar un poco.

Una de las primeras preocupaciones

La caída del cordón suele ser una de las primeras pruebas que los niños pasan con “retraso”, para angustia y desesperación de sus padres.

  • A la mayoría de los bebés se les desprende el cordón a los cinco o diez días de nacer, pero no es raro que tarde dos, tres o cuatro semanas en caer.
  • Los antisépticos suelen retrasar la caída del cordón. Por eso, y porque no sirven para nada, hoy en día se desaconsejan: no hay que aplicar ni mercromina (que lleva mercurio), ni yodo (que no se debe usar antes de los dos meses, porque puede absorberse por la piel y afectar al tiroides).
  • En algún caso, si lo indica un profesional, se puede usar alcohol de 70° (no de 96°).
  • Lo mejor es mantener el cordón limpio y seco (colocándolo fuera del pañal), y no envolverlo con vendas ni fajas, ni pegar esparadrapos.
  • Solo se debe acudir al médico si la piel alrededor del ombligo está roja e inflamada, o si hay una supuración maloliente.