¿Hiperactivos o desmotivados?

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¿Hiperactivos o desmotivados?

La mayoría de sistemas educativos se basan en valorar resultados, en dinámicas mecánicas, en horarios rígidos... Busquemos métodos más atractivos y flexibles centrados en las personas.

Heike Freire

El desarrollo emocional precede al intelectual: los centros cerebrales que procesan los afectos y la motivación maduran antes que los del pensamiento y la lógica.

Aunque la atención es una función del intelecto, sus raíces se hunden en el suelo emocional: "Las emociones constituyen las bases de la atención, incluso después de que la inteligencia racional domine el pensamiento consciente", afirma el doctor canadiense Gabor Maté.

Muchas veces, un niño no logra concentrarse porque su mente está inmersa en preocupaciones, ansiedades o miedos de los que, a veces, ni siquiera es consciente o, por alguna razón, no puede comunicar.

En una jornada sobre la importancia del juego en la infancia, el psicoanalista Juan Pundik aseguraba que los más jóvenes "tienen derecho a estar apenados porque se ha muerto su mascota, o preocupados por las peleas de sus padres"; entonces, nadie debería forzarlos a atender unas explicaciones académicas que los distraen de los procesos naturales (y fundamentales para su vida) por los que están pasando.

La atención cariñosa de un adulto, el contacto y el vínculo seguro con una persona atenta y afectuosa pueden hacer milagros en la atención de los niños: al favorecer la producción cerebral de dopamina, resultan un excelente psicoestimulante.

Los síntomas del Trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), asegura el propio DSM-IV (Manual diagnóstico y esta dístico de los trastornos mentales de la Asocia ción Estadounidense de Psiquiatría), puede minimizarse cuando los jóvenes están bajo control estricto de un adulto.

Dicho esto, es importante que seamos conscientes de la manipulación que puede suponer dar atención y afecto a cambio de cosas como el trabajo escolar o unas buenas notas.

Niñas y niños necesitan lo que suele llamarse amor incondicional: tienen derecho a ser amados simplemente por existir, por estar aquí y ser lo que son, no deberían tener que hacer nada para lograrlo.

Tareas aburridas

Los síntomas y manifestaciones del TDAH suelen desaparecer cuando los niños tienen cosas interesantes que hacer, por ejemplo, en vacaciones o si reciben una mínima atención de los adultos.

Curiosamente, su falta de disponibilidad mental para centrarse en una tarea cambia cuando se trata de actividades que les gustan y por las que sienten una elevada motivación, esto están de acuerdo la mayoría de los investigadores e incluso, indirectamente, el DSM-IV, donde se aclara que los síntomas pueden aparecer en entornos que carecen de novedad y atractivo para los chavales.

La conocida sentencia "no atiende en clase, por eso no aprende" es completamente falsa, o al menos le falta un elemento fundamental que, de algún modo, media entre la atención y el aprendizaje: la motivación del individuo. De hecho, una persona desmotivada puede mostrar un comportamiento muy similar al de alguien con problemas de atención: distraído, con lagunas, desorganizado...

En el caso de los niños, el problema de la motivación suele resolverse apelando a recompensas externas, sobre todo con la administración y/o la retirada de refuerzos materiales o simbólicos. Pero este tipo de gratificaciones no favorece el aprendizaje de la paciencia, ni la capacidad de proyectarse en el futuro y esperar a obtener resultados a medio y largo plazo. Los confinan en una inmediatez limitante que, además, entra en contradicción con el enfoque educativo, mucho más profundo, que les ofrece la escuela.

También es cierto que la escasa individualización del aprendizaje en las aulas hace que muchos alumnos no encuentren las tareas escolares suficientemente desafiantes: a veces son tan fáciles que los aburren; otras, son excesivamente complicadas, y les provocan ansiedad y miedo.

Encontrar otras perspectivas

Además, la mayor parte de los procesos de enseñanza-aprendizaje tradicionales están basados en la repetición de tareas, algo que no favo-rece la presencia plena, sino que induce a un estado mental automático, rígido, poco creativo y centrado en el pasado, que Ellen Langer, la creadora del concepto de mindfulness (atención consciente), denomina mindlesness ("menos-mente").

Para esta autora, el concepto de atención, la forma en que la manejamos habitualmente y educamos a los niños no favorecen la presencia consciente: nos centramos en una única dimensión de las cosas cuando deberíamos tratar de encontrar nuevos aspectos: sensaciones, imágenes, ideas... que no habíamos observado antes. Así nuestra presencia se hace más activa y nuestra atención mejora.

Tradicionalmente, asumimos que la postura sentada y quieta es un elemento fundamental para atender; pensamos que si nos movemos nos dispersamos y perdemos la concentración. Sin embargo, al permitirnos variar la perspectiva, el movimiento favorece la atención, cuya emergencia se ve impulsada y sostenida por la novedad.

Las variaciones y los cambios de enfoque aumentan nuestro nivel de activación cerebral, favorecen la habilidad de pensar y de concen-trarnos. Esta activación tiene un importante papel en la mejora de la memoria y el aprendizaje.

Clases más dinámicas

Por otro lado, una motivación basada exclusivamente en elementos externos puede producir dependencia e incluso llegar a obstaculizar la aparición de un verdadero interés personal, que solo puede venir del placer que cada persona encuentra al desarrollar diferentes aspectos de su experiencia. En este sentido, las rígidas me-todologías educativas y la estrechez de los currículos no fomentan la plena realización de cada individuo, el despliegue de toda su singularidad.

Las materias escolares son extremadamente limitadas, representan una ínfima parte de todos los conocimientos humanos, dejando fuera la mayoría de los saberes y capacidades, especialmente las manuales, musicales y artísticas.

Además, tenemos una infancia infantilizada, es decir, escasamente autónoma, con muy pocas oportunidades de asumir responsabilidades en los ámbitos personal y educativo, algo que también podría contribuir a aumentar su motivación e implicación.

Creo sinceramente que la naturaleza de niños y niñas no es ser agitados, aburridos, desatentos, indisciplinados, rencorosos ni violentos, sino todo lo contrario.

Debido a la inmadurez con la que todos los seres humanos venimos al mundo (como resultado de la bipedestación y de otras opciones que nuestra especie ha ido tomando a lo largo de su evolución), los entornos donde crecemos son fundamentales a la hora de cultivar nuestras mejores potencialidades y de prevenir posibles trastornos.

Es necesario respetar su ritmo

El pedagogo Joan Domènech defiende una "educación lenta", basada en el movimiento Slow de Carl Honoré. Un enfoque cualitativo de los procesos de enseñanza-aprendizaje que devuelva el tiempo a las personas y a sus procesos de crecimiento singulares. También propone introducir nuevas herramientas de análisis y de acción cuyo fin sea ralentizar, respetar y personalizar los ritmos escolares:

  • Asumir que cualquier proceso educativo pleno es lento, necesita un tiempo que no puede delimitarse de antemano.
  • Planificar cada aprendizaje teniendo presente la imprevisibilidad de los procesos educativos, que varían según los sujetos.
  • Dejar tiempo para la reflexión. El tiempo educativo está marcado casi exclusivamente por un hacer frenético, cuando el aprendizaje requiere también momentos de juego, de diálogo, de transferencia y también para pensar.
  • Educar también sobre el tiempo, reflexionando sobre los modelos presentes en la escuela, implícitos y explícitos (como la penalización de la lentitud), y los instrumentos organizativos básicos (calendarios, horarios, agendas...).
  • Pensar el tiempo y el aprendizaje como totalidad, con todos sus significados y sentidos. No solo se aprende en el aula, también de manera continua, en las interacciones con los iguales, con el entorno...
  • Las escuelas con este planteamiento quizá no curen la hiperactividad como enfermedad, ni tan siquiera como fenómeno social, pero ayudan a prevenir algunas de sus manifestaciones.

Para saber más

Texto extraído y adaptado de ¿Hiperactividad y déficit de atención?, de Heike Freire (RBA)

Heike Freire, psicóloga, filósofa y especialista en innovación educativa, trabaja con empeño por el bienestar de los niños, intentando que recuperen el beneficioso contacto con la naturaleza."Vivimos en una cultura hiperactiva, con déficit de atención. Una civilización que valora principalmente la acción y la producción a ritmos cada vez más frenéticos...", dice Heike Freire en su libro. Y, sin embargo, les pedimos a los niños que se estén quietos y atentos. En estas circunstancias hasta qué punto el trastorno puede considerarse una enfermedad infantil, o ser un reflejo de las dificultades de los niños para adaptarse a las insanas condiciones de vida que les impone la sociedad actual", se cuestiona la autora.

"Si contaran con padres más disponibles, espacios donde jugar con otros niños, zonas verdes en las que investigar y correr con libertad, y un sistema educativo interesado en favorecer su creatividad, quizá se podría reducir este frenético aumento de niños diagnosticados con trastorno por déficit de atención e hiperactividad".

  • Blog de la autora, educarenverde.blogspot.com.es

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