El juego es el disfraz del aprendizaje

NIÑOS MÁS FELICES

El juego es el disfraz del aprendizaje

Jugar es un asunto realmente serio: ¡es un derecho reconocido!

Imma Marín

Si te explico que jugar es la principal actividad de los niños, no te estoy descubriendo nada nuevo. Tú lo sabes, o mejor dicho, lo vives a diario. Los niños juegan desde que se levantan hasta que se acuestan, y si los vemos demasiado quietos y sin ganas de jugar, nos preocupamos: “¿Estará enfermo?”, así es como tu intuición te guía, porque ciertamente un niño sano es un niño que se mueve, curiosea, pregunta, investiga, imagina, ¡juega!

Viajemos al pasado

Te propongo un juego. ¿Tienes unos minutos? ¿Te gusta viajar? Pues vamos a ello. Siéntate cómodamente con los pies en el suelo y la espalda recta. Cierra los ojos y concéntrate en respirar lentamente. Ahora, vuela con tu imaginación hasta tu infancia. Busca un recuerdo en el que te veas jugando. Escoge uno. No te preocupes por cual, el primero que venga, todos valen.

Entretente observando esa escena. ¿Qué ves? ¿Quién te acompaña? ¿Dónde estás? ¿A qué juegas? ¿Qué escuchas? ¿Sientes algún aroma especial? ¿Algún tacto? Tómate tu tiempo, disfruta el recuerdo.

¿Qué emoción invade tu cuerpo? ¿Qué sentimientos? Cuando tengas suficiente, despídete de ese momento y vuelve poco a poco al presente. ¿Ya estás aquí? No dejes escapar esos sentimientos y emociones. Vamos a ver si acierto alguno…

¿Lo recuerdas? Tú también sabes lo importante que es.

No sé cuál ha sido tu recuerdo, pero me atrevería a suponer algunas de las emociones y experiencias que has podido sentir y revivir: risas, diversión, compartir, placer, disfrute, felicidad, libertad, aventuras, retos, competición, amigos, familia, comunicación, muñecos, transgresión, sorpresa, curiosidad, imaginación, creatividad, euforia, plenitud… ¿He acertado alguna?

Mejor que definirlo, ¡vivirlo!

Jugar es todo eso y mucho más. Sin duda alguna es la principal actividad de la infancia, y responde a la necesidad que tienen los niños de mirar, tocar, experimentar, descubrir, dominar, soñar y amar el mundo que los rodea, ese que forma parte de su vida, y es que no se puede llegar a amar lo que no se conoce lo suficiente. Pues así, jugando, de una manera tan sencilla, crecemos en mente, corazón y espíritu desde que nacemos.


El clima ideal del ambiente

  • Nuestros hijos necesitan sentirse libres para crear y equivocarse, para hacer y deshacer, para construir y destruir sin que nadie los juzgue ni les digan lo que deben hacer o cómo tienen que hacerlo.
  • El entorno debe transmitirles confianza y seguridad para expresarse sin miedo, permitiéndose un margen de error que en otras actividades no tienen.
  • Nosotros también necesitamos ese ambiente antes de mostrarnos en el juego. Y conectando con nosotros mismos podremos ofrecerles un estimulante clima lúdico.

Jugar es un asunto realmente serio: ¡es un derecho!

Está reconocido

Así de claro lo tuvo la Asamblea General de las Naciones Unidas cuando lo recogió dentro de la Declaración de los Derechos del Niño aprobada a finales de 1959. Más recientemente, en 1989, el artículo 31 de la Convención de los Derechos de la Infancia “reconoce el derecho del niño al descanso y al esparcimiento, al juego y a las actividades recreativas propias de su edad, y a participar libremente en la vida cultural y en las artes”.

Un día para recordarlo

Convertir el 28 de mayo en el Día Internacional del Juego fue una iniciativa de la International Toy Library Association (ITLA) en 1998. Para la entonces presidenta y fundadora de la asociación, Dra. Frida Kim, “el hecho de instaurar el Día Internacional del Juego nos permite recordar a todo el mundo que jugar es un derecho para el niño –e indispensable también en otras etapas de la vida– y que los adultos –padres, madres, educadores, instituciones…– tenemos la responsabilidad de garantizar las condiciones necesarias para el juego”. A esta iniciativa se ha sumado también la International Play Association (IPA World). En definitiva, se trata de comprometer a toda la sociedad en el disfrute de este derecho.

Y ¿a qué jugamos?

Seguro que se te ocurren muchas ideas. Quizá ese día, o toda la semana, es un buen momento para organizar una partida de parchís después de cenar, ¡un día laborable! También podemos salir puntuales del trabajo y dar una vuelta todos juntos con las bicis y los triciclos... Eso sí, sin estrés, viviendo el aquí y el ahora, disfrutando de jugar juntos.

Lo que tu hijo necesita

  • Tiempo, rico y pausado, sin ninguna clase de prisas. Solo así el niño podrá desplegar su maravillosa e ilimitada imaginación, y recoger sus frutos. Olvídate del reloj, de cualquier otra tarea. Ahora mismo es tiempo para recrear todo lo visto, experimentado y aprendido.
  • Espacios seguros donde jugar en libertad y gozar de objetos y elementos naturales a su alcance. Lugares que fomenten su imaginación.
  • Juguetes y juegos variados y bien seleccionados, sin olvidar que para un niño cualquier objeto puede convertirse en un juguete: una caja, una piedra…
  • Compañeros de su misma edad o similar, con quien enriquecer la experiencia, así como adultos capaces de acoger los sentimientos y emociones que se produzcan.

La curiosidad es el motor del aprendizaje, y el juego es su disfraz.

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