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Sueño

Los 9 beneficios de dormir junto a tu bebé

Dormir junto a tu hijo es bueno tanto para ti como para él: favorece el descanso, regula su temperatura y crea un vínculo entre ambos muy fuerte

Pocos temas de la crianza de los recién nacidos y los lactantes suscitan tanta polémica como este. ¿Deben las madres dormir junto a sus bebés?

Colecho: ventajas para madre e hijo

Existen muchas ideas preconcebidas y malos entendidos sobre esta cuestión. Pero, en realidad, el colecho (así se llama el hábito de que el lactante descanse junto a su mamá) es muy beneficioso. ¿Te apetece conocer las ventajas de dormir acompañada de tu pequeñín?

1. Evita el síndrome de muerte súbita del lactante

El antropólogo estadounidense James J. McKenna demostró que, siempre que se observen unas medidas básicas de seguridad y no se realice en un sofá, el colecho impide la muerte en la cuna y favorece la evolución correcta del sueño infantil. La especialista inglesa Margot Sunderland explica que en culturas donde los niños duermen con sus padres, por ejemplo en la China, no tienen ninguna palabra para referirse al síndrome de la muerte súbita del lactante, porque es prácticamente desconocido.

2. Favorece la regulación de la temperatura corporal por la noche

Los bebés recién nacidos no regulan su temperatura y sus padres les van vistiendo durante el día según el ambiente de cada momento o las necesidades que el niño manifieste. Pero por la noche, como eso no es posible, es el calor de los padres el que regula la temperatura del bebé. Por esta razón los niños que duermen con sus padres necesitan menos abrigo, ya que estos le mantienen estable con su presencia.

3. Ayuda al bebé a pasar de una fase a otra de sueño

Se sincroniza con la respiración de su madre, que le da pautas. Así, poco a poco, aprende a dormir como un adulto. James J. McKenna, en sus estudios con registros polisomnográficos de niños, habla de “una danza nocturna” que se establece entre la madre y el bebé, por la cual el niño se acompasa al sueño materno.

4. La respiración de la madre le sirve de recordatorio

Así continua respirando si tiene una apnea. Según James J. McKenna y Sarah Mosko, esta circunstancia es una medida de seguridad extra para los bebés más pequeños –los que tienen menos de tres meses– para los que las apneas son un peligro vital.

5. Favorece que tanto el bebé como la madre apenas se despierten por la noche

Sobre todo si el bebé aún realiza tomas nocturnas. Muchas madres optan por el sueño compartido porque ven el resultado: se levantan menos veces y tanto ellas como los niños duermen mejor.

6. Favorece la relación entre padres e hijos y crea un vínculo más sólido entre ellos

Está comprobado que las familias que comparten la cama y aquellas que pasan más tiempo juntas tienen una mejor vinculación entre sus miembros.

7. Minimiza la ansiedad nocturna en el niño

Motivo de frecuentes despertares y parasomnias (pesadillas, sonambulismo, terrores nocturnos...). La antropóloga Meredith F. Small, autora de numerosas publicaciones, afirma que en las culturas en las que los bebés duermen acompañados, el insomnio infantil es un trastorno prácticamente desconocido, y en los adultos tiene una incidencia mucho menor de la que existe en nuestra sociedad.

8. También con los hermanos

Debemos tener en cuenta que muchas veces los niños se sienten seguros y acompañados durmiendo con sus hermanos. Es el caso de muchos gemelos que comparten cama desde el primer día. Cuando crecen un poco (es necesario que tengan más de nueve meses), acostarlos en la misma cama que un hermano mayor es una buena opción. De todos modos, hay niños a los que les gusta dormir juntos, otros que prefieren dormitorios separados, menores que están encantados de compartir el cuarto con sus padres y otros que se van a la mínima.

9. Todas las posibilidades repercuten en la organización de las habitaciones

El ingenio y la imaginación de los padres para adaptarse a las necesidades de su hijo serán fundamentales. No hay una habitación perfecta: el lugar ideal para dormir es aquel en el que tenemos los elementos necesarios para conciliar el sueño. Y estos varían en cada persona.