Ciudades a la medida de los niños

SLOW PARENTING

¡Más ciudades a la medida de los niños!

En las grandes urbes los niños han perdido aquellos lugares verdes en los que jugaban seguros y con total libertad. Es hora de recuperarlos.

Isabel Fernández del Castillo

Hoy en día, los niños viven una época en la que materialmente no les falta casi nada. Tienen juguetes de todas las maneras, dispositivos electrónicos, última tecnología y la posibilidad de acceder a diferentes experiencias, tanto virtuales como en su ciudad (teatro, talleres...). Sin embargo, quizá es el periodo en el que los niños están disfrutando de menos tiempo en familia, libertad para moverse, contacto con la naturaleza, horas y horas de juego libre, y todas esas actividades que hacen de la infancia una etapa de la vida mágica, entrañable e inolvidable.

Tiempo atrás, cuando los niños hacían más vida en la calle que dentro de casa, no se necesitaba que la escuela fomentase el juego espontáneo, pero observando los tiempos actuales quizá debería adaptarse a las carencias infantiles y potenciar la creatividad al aire libre, en lugar de exacerbar la realidad de los niños que pasan mucho tiempo en espacios cerrados.

Esta evolución del modo de vida de la infancia lo resume claramente Francesco Tonucci, pedagogo italiano y promotor del programa “La ciudad de los niños”, con estas palabras:

“En las últimas décadas, debido a la elección del ciudadano adulto y trabajador como parámetro de desarrollo y de cambio, la ciudad ha perdido una de sus características originarias, la de ser un lugar de encuentro e intercambio entre las personas. Ha renunciado a los espacios públicos que como punto de encuentro y de intercambio eran imprescindibles. Los patios, las aceras, las calles y las plazas han adquirido, cada vez más, funciones asociadas al automóvil y al comercio, quitándoselas a los ciudadanos”.

El diseño de los parques infantiles en los nuevos barrios urbanos sigue la misma tendencia. Estos espacios han evolucionado hacia lugares cada vez más reducidos, casi sin vegetación, donde, en algunas ocasiones, incluso el suelo ha sido sustituido por un material sintético. De este modo, los niños cada vez cuentan con menos sitios donde poder liberar toda su energía sin correr ningún peligro. Pero también es cierto que cada vez más pedagogos, psicólogos, padres, urbanistas, sociólogos... son más conscientes de la necesidad de adaptar la ciudad a los adultos y a los niños, y no solo a los vehículos y al comercio. Por eso surgen diferentes iniciativas con el objetivo de apoyar este cambio.

Ayuntamientos comprometidos

Entre estas iniciativas nos encontramos con los premios Ciudades amigas de la infancia, organizados por Unicef. Con este programa dirigido a los ayuntamientos desean impulsar la aplicación de la Convención Internacional sobre los Derechos del Niño. Aquellas localidades que desean formar parte de esta red deben reunir una serie de requisitos en cuanto a servicios, espacios, instalaciones y actividades destinadas a los niños. En la actualidad hay numerosas ciudades españolas que han obtenido este galardón, que gira en torno a los siguientes ámbitos:

  • Salud y educación. El acceso a los servicios médicos pediátricos y de promoción de la salud debe estar asegurado con la existencia de centros de salud cercanos y accesibles, además de tener todos los servicios especializados necesarios. La educación es otro pilar básico de nuestro estado de bienestar que tenemos garantizada con la oferta de escuelas infantiles de titularidad municipal, los colegios y los institutos públicos.
  • Deporte. La ciudad debe disponer de instalaciones y actividades deportivas municipales. También tienen que organizar campeonatos, ligas y olimpiadas interescolares, de manera que los niños puedan practicar algún deporte sin estar vinculado al ámbito escolar.
  • Cultura. Se valora la existencia de escuelas y talleres de actividades artísticas, espectáculos de música, teatro y danza, bibliotecas y ludotecas, campamentos urbanos y de verano, certámenes y concursos, actividades lúdicas...
  • Entorno. Un elemento clave para considerar a una ciudad amiga de la infancia es la existencia de espacios verdes, y de lugares de entretenimiento y encuentro, que permitan el juego y fomenten la vida social no solo con otros niños sino entre distintas generaciones.

Ponernos en su piel

Otra propuesta interesante es la del mencionado Francesco Tonucci, quien, desde hace años, ha alertado a la comunidad internacional sobre el deterioro de la ciudad como entorno diverso, estimulante y seguro para el desarrollo infantil.

La propuesta de Tonucci no está tan centrada en la adaptación de las instalaciones y servicios para los niños que ofrecen los ayuntamientos y que es algo necesario, sino que se fija en conseguir que toda la ciudad sea un entorno amigable, seguro y acogedor. Para el pedagogo italiano, los niños de hoy en día están muy solos en sus pequeños pisos, tienen poco contacto con otros niños, pocos espacios donde encontrarse y jugar, y una escasísima autonomía para moverse libremente por su barrio o ir al colegio. En su opinión, los requisitos que una ciudad debe cumplir para que pueda ser considerada apta para los niños son los siguientes:

  • Autonomía. A partir de cierta edad, los niños necesitan espacios para jugar sin la participación y supervisión constante de un adulto, porque esa independencia es la base de su desarrollo. Sin embargo, resulta difícil lograrla en los pequeños parques urbanos con el tráfico cerca.
  • Movilidad. La libertad para moverse por la ciudad o para ir al colegio o al parque sin peligro es otro punto esencial. Antiguamente, la escuela podía encontrarse a varios kilómetros de distancia y eso no impedía que los niños fueran caminando solos o en grupo. En la actualidad son pocos los que van al colegio andando, la mayoría acuden en coche o en el autobús escolar. Esto, según Tonucci, les priva de una experiencia necesaria para el desarrollo del sentimiento de poder personal, autonomía y responsabilidad.
  • Seguridad. Para que los niños puedan disfrutar de esta libertad de movimientos, los adultos y gestores municipales deben procurar que la ciudad esté diseñada en función de los pequeños ciudadanos, de modo que puedan desarrollarse en plenitud sin correr ningún riesgo.
  • Participación. Puesto que los adultos diseñan y toman decisiones, es esencial que puedan ponerse en el lugar de los más pequeños. Al igual que Unicef en su iniciativa, Tonucci aboga por la participación de los niños en el diseño y planificación de todo lo que va a afectar a sus vidas, mediante comités infantiles que participen en los organismos municipales. El objetivo de esta actividad es invitar a los gestores municipales a mirar la ciudad con los ojos de un niño, para que puedan vislumbrar cuáles son las consecuencias de sus decisiones de planificación, tanto de calidad de vida como del entorno en el que viven los más pequeños.

Disfrutar del paso del tiempo

La prisa y el estrés es uno de los grandes problemas de la sociedad actual, como ya lo decía Carl Honoré en su libro Elogio de la lentitud (RBA Libros). Pero fue con su obra Bajo presión (RBA Libros) con la que nos dio un toque de atención sobre el efecto de la cultura de las prisas y la rapidez en el desarrollo de los niños y la necesidad que tenemos de recuperar un ritmo saludable para poder disfrutar de la vida, y los niños de su infancia. Debido a esta situación surgió el movimiento slow, primero y más conocido en el sector de la alimentación (Slow Food), pero que se ha extendido a otros ámbitos como el de las ciudades.

Hoy en día, existen unas 100 ciudades slow, entre ellas seis españolas:

  • Begur
  • Pals
  • Lekeitio
  • Munguía
  • Bigastro
  • Rubielos de Mora

Todas ellas tienen en común la tranquilidad, la gran calidad de vida y el protagonismo de las personas por encima de los vehículos. Además, también valoran la arquitectura y el urbanismo como forma de crear ambientes, con espacios verdes integrados en los que disfrutar del ocio y zonas seguras para jugar y encontrarse con amigos. En definitiva, la descripción perfecta de una ciudad amiga de los niños.


2 motivos para ir al colegio caminando

  1. Inteligencia: un estudio de la universidad de Búfalo en Nueva York (EE. UU.) demostró que los niños que caminan 20 minutos para ir al colegio tienen mejor rendimiento escolar.
  2. Buena salud: otro estudio realizado en Michigan (EE. UU.) reveló que aquellos jóvenes que van a pie o en bicicleta al colegio sufren menos problemas de obesidad que los que van en autobús.

En Estados Unidos, han elegido el mes de octubre para que los escolares vayan al colegio a pie o en bicicleta (Walking & Biking to School Month).

Movimientos sociales: retomar el papel original de la ciudad

Cada vez surgen más proyectos con la finalidad de recuperar los espacios urbanos para los niños y los adultos.

  • “Con bici al cole” es una iniciativa financiada por el Ministerio de Medio Ambiente con el objetivo de recuperar la bicicleta como transporte seguro, ecológico y autónomo para los escolares. Para ello se han habilitado rutas escolares seguras para los pequeños ciclistas, y varios colegios de Burgos, Madrid, Málaga, La Rioja, Murcia... ya se han sumado a esta iniciativa. Si deseas más información, entra en www.conbicialcole.com y la encontrarás.
  • Varios ayuntamientos, asociaciones y centros escolares han puesto en marcha el proyecto “Caminando al cole” para que los niños puedan ir al colegio a pie o en bicicleta. Pero ¿como hacer que sea seguro? La Fundación Mapfre, junto con la Asociación Española de la Carretera, colaboran desde hace varios años para ofrecer soluciones concretas de seguridad vial, adaptadas a las peculiaridades y situaciones de cada centro escolar.
  • Las iniciativas se multiplican por todo el mundo para conseguir que las ciudades vuelvan a ser para las personas. En el caso de Estados Unidos, por ejemplo, en un insignificante cruce de calles de las afueras de Portland (Oregon), el arquitecto Mark Lakeman y sus vecinos decidieron decorar el asfalto con la ayuda de los niños. Después de pintar símbolos de la paz y una inmensa flor rosa, la plaza ha cambiado para siempre: ahora realizan tertulias al caer la tarde, han montado una biblioteca...

Nuestra función como madres y padres

Las ciudades no permiten a los niños desarrollar su afán de exploración, pero podemos ofrecerles algunas actividades que satisfagan esa necesidad:

  • Excursiones por el bosque
  • Acampadas en familia o con amigos
  • Estancia en la playa...

Los entornos vírgenes les ofrecen grandes experiencias. Pero no se trata solo de la naturaleza; también hay que encontrar espacio para el juego y las actividades compartidas con los adultos y otros niños.

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