Nadie pide lo que no necesita

SANA AUTOESTIMA

Nadie pide lo que no necesita

Un relación madre-recién nacido en la que el bebé se siente protegido, amado y confortado sienta las bases para la autoestima del pequeño. En la medida que el recién nacido sepa que va a obtener lo que necesita de su madre se sentirá seguro y esta será la base de su autonomía y confianza futuras.

Laura Gutman

El ser humano nace relativamente discapacitado para sobrevivir en nuestro mundo si no se le asiste integralmente, si no se le colman las necesidades físicas y emocionales. Así que ese cuerpecito, que ni siquiera puede sostener su cabeza, pero que como herramienta de supervivencia cuenta con una enorme potencia para succionar el pecho materno, hace exactamente eso: succiona. Luego, se va acostumbrando a los apabullantes ruidos y molestias de su aparato digestivo, que acaparan la mayoría de sus sensaciones.

Refugio materno

El bienestar o el malestar marcan la diferencia en este tiempo mágico de todo ser humano. Me atrevo a afirmar que éste es el momento en que se divide la humanidad: entre quienes han recibido resguardo, cobijo y contacto corporal... y quienes no lo han tenido. Los bebés, mientras permanecen en el útero materno, oyen los latidos del corazón de su madre, su voz, la de otras personas, los ruidos del entorno. Oyen los sonidos del cuerpo materno digiriendo la comida, riendo, hablando, cantando, respirando, y se van adaptando de un modo similar a como lo han hecho nuestros antepasados durante millones de años. En el momento de nacer, además del impactante pasaje hacia la respiración a través de los pulmones que se llenan de aire, el recién nacido transita también de un ambiente húmedo a uno seco, experimenta un descenso de la temperatura en el entorno y, además, los sonidos ya no le llegan amortiguados.

Todo sensibilidad

Finalmente, el bebé sufre un cambio radical en su postura: ya no está cabeza abajo como en los últimos tiempos de su vida intrauterina, sino que pasa el tiempo acostado o con la cabeza más alta que el resto de su cuerpo. Pero en buenas condiciones, el bebé puede soportar e integrar las nuevas sensaciones con serenidad y placer. En este período, el bebé es más sensible que consciente. En realidad, es consciente de su estado de bienestar. Si encuentra refugio y el cuerpo de su madre permanentemente disponible, el paso del tiempo no será una desventaja, como no lo era en la época intrauterina, ya que simplemente se siente bien.

El bebé puede vivir en el “eterno ahora”, pegado al cuerpo de su madre, en un estado de beatitud. El nacimiento no puede considerarse la finalización de nada. Es apenas un pasaje que habilita nuevas condiciones para continuar con el desarrollo evolutivo. El bebé llega al mundo con la placentera experiencia de haber sentido colmadas sus expectativas dentro del útero, y tendrá la certeza de que sus nuevos deseos también serán satisfechos. Y si, efectivamente, el cuerpo de su madre se encuentra allí con sus cálidos brazos, el bebé estará preparado para adquirir, a través de estas nuevas sensaciones, las experiencias el mundo extrauterino.

El período inmediatamente posterior al nacimiento es la etapa que más impresiona en el proceso de construcción del ser humano. Aquello con lo que se encuentra será lo que luego sentirá que es la naturaleza de la vida. Al abandonar la más completa hospitalidad que ofrece el útero materno, el bebé necesita llegar a un solo lugar: los brazos de su madre.

En la intimidad

Durante millones de años los recién nacidos han mantenido un inmediato y estrechísimo contacto corporal con sus madres. Y aunque en los últimos siglos los bebés están siendo privados de esta invalorable experiencia, cada nuevo niño que nace espera encontrarse exactamente en ese lugar.

El bebé que se reconforta sencillamente en el cuerpo de su madre o de otro ser humano que lo ampara, que le ofrece un ritmo cardíaco donde escucharse, sigue en armonía y no pierde el contacto con su interior. Continúa en su propio paraíso mientras dulcemente se va arraigando a su cuerpo físico.

Todo coincide: las sensaciones físicas con la sabiduría interior. Por otra parte, va adquiriendo lentamente conocimiento del tiempo y el espacio. Y si este proceso va sucediendo paulatinamente y sin dolor, el acomodamiento es más sencillo. Es verdad que todas las sensaciones corporales son novedosamente agobiantes.

Por esta razón, si va encontrando placer en cada momento de contacto, caricias y goce en el perfume de la piel de mamá, puede incorporar las sensaciones físicas a su delicado mundo. De este modo se sumerge plácidamente en él. Encuentra confort en la unión con su madre, se sabe protegido de un mundo que aún le queda muy lejos y no le importa en absoluto.

Necesita compañía

Todo su interés está centrado en la presencia de su madre: mientras ella esté, hay bienestar y seguridad; pero si ella desaparece, lo que existe es el vacío. El niño amparado crece velozmente, se redondea, suaviza su piel, sus ojos se tornan brillantes y espía lo que acontece más allá de su madre. Por detrás del cuerpo materno descubre otras sonrisas, otros brazos, otras energías que lo sostienen y lo miman.

Así, cautivado por la experiencia del contacto corporal, se desarrolla en armonía y la vida se despliega dulcemente a través de los días. Es verdad que acunar, sostener, amamantar y tocar a un bebé no es garantía de felicidad eterna. Sabemos que el niño nace dentro de la fusión emocional con su madre trayendo toda la información de su inconsciente, es decir, de lo que la madre no conoce de sí misma. Y lo va a manifestar a través de señales, generalmente poco comprensibles para el lenguaje adulto.

Saber escuchar

En realidad, las personas adultas no nos hemos dedicado mucho a aprender este lenguaje, restándole importancia a uno de los idiomas más hablados del planeta. Así que, sin un buen diccionario a mano para traducirlo, es posible que nos encontremos perdidos con un recién nacido en brazos... a menos que pongamos nuestra percepción más refinada a disposición del entendimiento mutuo. Cuando lo que el niño trae es manifestación indescifrable del material inconsciente de su madre, es posible que el pecho no alcance, ni la paciencia, ni la dedicación.

Pero eso no significa que no lo siga necesitando, sino que precisa algo más: comprender lo que sucede. Lo que consuela dulcemente al bebé son las palabras llenas de sentido que la madre pronuncia explicándole con claridad qué es lo que ha comprendido de sí misma a partir de sus mensajes. Entonces el confort es total, las palabras suenan finas y delicadas, y se instala la seguridad interior.

Con confianza

El niño amparado y cobijado sabe que obtendrá lo que necesita. Esa es su experiencia cotidiana, que se repite a cada instante y que conforma una rutina sin sobresaltos. La seguridad interior se establece y posiblemente ya no se mueva nunca más. Sentirse seguro, amado, tenido en cuenta, estable, con total confianza en sí mismo y en los demás es el tesoro más preciado para el despliegue de su vida futura.


Las razones por las que te necesita tanto

  • Todo bebé recién nacido espera encontrarse con la misma situación de confort que vivió dentro del útero materno.
  • El bebé humano vive nueve meses de embarazo intrauterino y nueve meses de embarazo extrauterino. Pensarlo de esta manera nos puede servir para ponernos en su lugar e imaginar que, por este motivo, necesita un contacto corporal permanente.
  • Un recién nacido es capaz de adaptarse a una experiencia hostil, donde no encuentra brazos, ni calor, ni mirada, ni palabras. Pero desplazará sus necesidades hacia modalidades que luego serán difíciles de reconocer y de satisfacer.
  • Nadie pide lo que no necesita. Y un bebé que acaba de nacer, aún menos.
  • El bebé humano cuenta con una herramienta maravillosa para comunicarse con los demás: el llanto. Si los mayores no atendemos el llanto, el niño sabrá que está perdido.
  • El niño tiene derecho a que sus necesidades básicas sean completamente satisfechas, porque es n ser que depende completamente de los adultos que lo asisten.
  • Si no podemos prodigar a un niño pequeño los cuidados que precisa, busquemos ayuda. El problema es nuestro, no del bebé.
  • Una madre con un niño muy pequeño puede delegar absolutamente todas las tareas, incluso el cuidado de los hijos mayores. Lo único que es injusto que delegue es el cuidado del recién nacido. Él es quien más la necesita.
  • Para permanecer en contacto permanente con un niño pequeño, toda madre necesita sostén, compañía, apoyo, comprensión y aprobación de sus seres queridos.
  • Ofrecer contacto permanente hoy es construirla seguridad interior del mañana, y por lo tanto, construir la libertad y la autonomía de todos, no sólo del pequeño bebé recién llegado.

Teorías sobre el contacto


Muchos psicólogos y psiquiatras han estudiado la importancia de la relación entre la madre y su bebé durante sus primeros meses.

  • El concepto del continuum es una teoría elaborada por Jean Liedloff tras el estudio de los indios de la selva sudamericana. Afirma que la forma natural e innatas atender constantemente al bebé: llevarlo en brazos o pegado hasta que puede desplazarse de forma autónoma, dormir juntos y mantener una lactancia a demanda.
  • El apego de un niño hacia los padres marca su personalidad, según John Bowly. El apego seguro es un rasgo de supervivencia necesario para que crezca la confianza, el placer por explorar y la capacidad de modular los impulsos. El apego inseguro, en cambio, genera personas reservadas o desconfiadas.

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