Gatear libremente

CRIANZA CON RESPETO

Necesitan gatear libremente

Es una etapa importante en la vida de tu hijo, le permite descubrir su entorno sin necesidad de ayuda. Y su libertad de movimiento es clave.

Louma Sader

Cuando hay unos cuantos padres juntos es habitual oírles hablar de sus hijos, comparando –diría, casi compitiendo– por ver cuál de los niños ha alcanzado un hito del desarrollo antes que los demás: “Mi hijo ya se sienta”, dice uno. “Uy, pues el mío ya está a punto de ponerse a andar en cualquier momento”, responde otro. Y enredados en este “pues, yo más”, a veces se nos olvida que cada niño tiene su ritmo y que cada etapa tiene su función. El gateo es una de las más importantes.

TODO SON BENEFICIOS

Cuando un bebé comienza a gatear, está ejercitando su vista, su coordinación, su autonomía y su equilibrio, así que déjalo moverse con libertad en un lugar seguro siempre que te lo pida y durante los meses que él desee hacerlo, sin meterle prisas por caminar ni mucho menos recurrir al andador.

El gateo es un excelente ejercicio que fortalece el desarrollo muscular de los brazos, las piernas, la espalda y el cuello, así como todas las articulaciones que participan en el desplazamiento.

NO INTERFIRAMOS

Permitirle al niño avanzar a su ritmo e ir superando por sí solo las distintas etapas disminuye la aparición en el futuro de problemas de lectoescritura.
En definitiva, que dejaremos que sea él quien aprenda a voltearse, a arrastrarse, a gatear y a sentarse –estos dos últimos suelen pasar casi al mismo tiempo–.

Luego se pondrá de pie por iniciativa propia para después caminar con algún apoyo, hasta lograr hacerlo solo, y finalmente, correr y saltar.

La reconocida pediatra Emmi Pikler, ya desaconsejaba hace más de 30 años que los adultos ayudásemos a los niños a moverse antes de haber desarrollado por sí solos una habilidad motora. En su libro Moverse en libertad (Narcea), explica que al poner al niño en una postura que no puede adoptar por sí mismo lo obligamos a estar inmóvil, porque no puede salir de esa posición, además de hacer que su musculatura se tense y adopte malas posturas.

¡ÉL PUEDE!

Cuando a un niño se le ofrece la posibilidad de que sea él mismo quien vaya superando sus propios retos, también se le está permitiendo disfrutar de los beneficios que esto le puede aportar, como, por ejemplo:

  • una mejor coordinación
  • más autonomía
  • un mayor equilibrio
  • una mayor seguridad
  • un mayor conocimiento de su cuerpo

Lo que se traduce en un menor riesgo de sufrir accidentes.

La Dra. María Montessori, médico y educadora italiana, decía que el gateo favorece la coordinación y el balanceo de los hemisferios cerebrales, ya que se mueven ambos lados del cuerpo de forma simultánea. Además, contribuye al desarrollo de la visión binocular, o lo que es lo mismo, a utilizar ambos ojos a la vez; de la audición binaural, usar ambos oídos simultáneamente; y cuando el niño tiene un gateo bien integrado, se facilitan aspectos cognitivos y de aprendizaje.

Hay distintas maneras de gatear, pero lo más importante es que esté bien integrado, es decir, que el niño mueva simultáneamente la mano derecha y el pie izquierdo, y la mano izquierda con el pie derecho.

¿Y SI NO LO HACE?

Algunos niños se saltan esta etapa y otros tienen un estilo de gateo no integrado, lo que algunas veces se asocia a tener dificultades de aprendizaje. Aun siendo este el caso se puede mejorar, incluso en la edad adulta, con algunos ejercicios que integren la coordinación mano izquierda con pierna derecha, y a la inversa.

Lo importante es acompañarlo, sin forzarlo, respetando sus ritmos.

CONSEJOS DE EMMI PICKLER

  • El niño necesita disponer de un espacio seguro y adaptado, suficientemente amplio como para desplazarse, con enchufes cubiertos, cables fuera de su alcance, etc.
  • El pequeño debe llevar ropa cómoda que le permita mover sus brazos y piernas con facilidad, libertad y máximo confort.
  • El adulto no debe tentar al niño dejándole juguetes a una corta distancia buscando que gatee para alcanzarlos, ni ponerlo de pie antes de que él logre hacerlo por sí mismo; debe mantener una actitud paciente que respete el ritmo del niño.