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Ser auténticas

Otras formas de querer, más allá de los besos y los abrazos

Cómo amar a los hijos al incluirlos en nuestras pasiones

Laura Gutman

Algunas madres somos inquietas. Necesitamos mover nuestras manos, fabricar cosas con cierta frecuencia. Somos personas que necesitamos la practicidad en nuestras vidas. Si esta es nuestra manera de ser, podemos incluir a los niños en multitud de actos prácticos: la preparación de la comida, el arreglo de algún aparato del hogar, la poda de las plantas en invierno, el orden en casa, la confección de ropa o lo que sea que nos hace sentir vitales y en sintonía con nosotras mismas.

Lo ideal es que incluyamos a los niños en esa manera de vivir, en los actos que nos hacen sentir genuinas, porque él se sentirá amado en la medida que se sienta incluido en algo que para nosotras es parte indiscutida de nuestra vida cotidiana.

Cómo demostrar el amor a nuestro bebé

Un niño puede sentirse amado porque su madre le enseña los pormenores de la cocción de los alimentos... incluyendo ciertos secretos que se reserva solo para él.

Otras madres necesitamos vivir en perfecta armonía. Amamos lo bello y lo equilibrado. Adoramos toda expresión artística. Entonces será ideal que nuestros hijos nos acompañen para que podamos ofrecerles los secretos de esa belleza interior cada vez que la veamos reflejada.

Es posible que nos resulte fácil vincularnos con los niños a través de las artes; podemos quizá dibujar juntos, pintar, inventar arreglos florales, embellecer la casa, cambiar colores, elegir paseos en los que la belleza de los paisajes sea una parte importante de la sensación de bienestar... Los niños sabrán apreciarlo y se sentirán amados en tanto que la madre elija cuidadosamente entornos agradables para ellos.

Algunas madres somos luchadoras en nuestros ámbitos de trabajo o estudio. Tenemos unos ideales elevados y una fidelidad absoluta hacia nuestras elecciones personales. En estos casos, es bueno compartir con los niños esas ideas, pensamientos o proyectos, porque es a través de ellos que vibramos en sintonía con las fuerzas de nuestra naturaleza.

Es importante que perciban nuestra vitalidad

Los niños pequeños podrán percibir la vitalidad y la fuerza de las ideas, participar, opinar, discutir y, sobre todo, construir ideas propias con la misma pasión y la misma intensidad que destila su madre.

Otras mujeres tenemos un fino sentido del humor; buscamos la ironía y los dobles mensajes en cada circunstancia, encontrando siempre el lado gracioso de la vida. Los niños pueden aprender, disfrutar y sentirse parte de nuestro mundo en la medida que afinan la inteligencia a través de las sugerencias y los guiños.

Cuando las mujeres somos silenciosas, observadoras y atentas, es importante que nuestros hijos sepan que les dedicamos toda nuestra atención cada vez que la necesitan. Observar cada circunstancia y tomarnos el tiempo necesario para evaluarla puede ser un regalo del cielo para los niños, siempre que sepan que los mayores nos dedicamos a mirarlos y comprenderlos con la visión más amplia que somos capaces de desplegar, siendo respetuosas con los tiempos y las modalidades de cada uno.

Formas de afecto genuinas

En definitiva, hay muchísimas maneras de demostrar cariño a nuestros hijos.

Si somos genuinas, ese amor llegará a destino. No importa tanto el cómo como el cuánto.

¿Y de qué manera podemos saber que los niños son capaces de percibir nuestra manera de quererlos?

Si los miramos y estamos atentas a sus demandas, no tendremos dudas. Los niños saben expresar perfectamente si no se sienten bien, si se sienten vacíos, solos o heridos. Los niños son, justamente, nuestros mejores guías.

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