¿Qué dice la ciencia que tu bebé dice cuando llora?

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¿Qué dice la ciencia que tu bebé dice cuando llora?

Margot Sunderland, en La ciencia de ser padres, libro al que pertenece este fragmento, nos aporta claves muy interesantes acerca del llanto de nuestros bebés y lo que la ciencia sobre el desarrollo del cerebro de los bebés dice al respecto.

Margot Sunderland

Los bebés están genéticamente programados para reclamar consuelo cuando se sienten angustiados. El llanto es una intensa invitación que te envía tu bebé para que lo ayudes a lidiar con todos estos arrolladores sentimientos y aterradoras sensaciones corporales que su mente en desarrollo todavía no está preparada para manejar por sí misma. Los bebés no lloran para ejercitar sus pulmones, para controlarte o, simplemente, porque sea algo divertido. Lloran cuando se sienten infelices y necesitan alertarte de que algo los está molestando, física o emocionalmente. Lloran para pedirte ayuda.

Hace alrededor de 1,5 millones de años que nuestros ancestros empezaron a caminar sobre las dos piernas, por primera vez. Esto liberó sus manos para realizar tareas complejas, lo que con el tiempo incrementó su inteligencia. Con la bipedación, la pelvis humana se estrechó, y a medida que la capacidad intelectual aumentaba, su cerebro se hizo más grande.

La solución evolutiva a esta situación con relación al nacimiento fue que el bebé humano nacería muy inmaduro, porque, de otra manera, su enorme cabeza nunca sería capaz de atravesar la estrecha pelvis de su madre. Esta inmadurez conlleva que el bebé humano debe completar gran parte de su desarrollo fuera del útero.

Sigmund Freud tenía razón cuando afirmaba que los bebés humanos venían al mundo “sin terminar”.

Por eso debes pensar en tu recién nacido como un “feto externo”, que llorará por muchas razones. Llorará porque está cansado, tiene hambre o está demasiado estimulado por los adultos. También se asusta fácilmente por las amenazas y las sorpresas, algo demasiado brillante, demasiado estridente, demasiado frío, demasiado caliente o demasiado repentino. La amígdala de su cerebro, la cual funciona como un detector de amenazas, está perfectamente activada ya desde el momento en el que nace. Imagínate su mundo, ¿cómo puede él saber que la ruidosa batidora no es un depredador dispuesto a comérselo? ¿Cómo puede lidiar con la sorpresa de ser desvestido y sumergido en el agua cuando quieres darle un baño?

Al principio puede resultar difícil interpretar su llanto, pero con el tiempo serás capaz de leerlo cada vez con más y más precisión. Serás capaz, por ejemplo, de diferenciar un llanto de hambre de un llanto de cansancio. Aunque, por supuesto, habrá momentos en los que no sepas por qué está llorando.

Pero eso no importa. Lo realmente importante es que estás a su lado dispuesta a calmarlo, y que tienes en tu propia mente el especio mental y emocional necesario para realmente escuchar y tomarte en serio su pánico y su dolor.

¿Cuánto tiempo continuará con este llanto?, te puedes estar preguntando. Generalmente, los primeros tres meses son los peores. El llanto suele tener su punto álgido entre las tres y las seis semanas, para luego decrecer entre las 12 y 16 semanas. Sheila Kitzinger, antropóloga y escritora, sugiere que el llanto disminuye entonces porque es cuando los bebés ya pueden coger y jugar con las cosas, por lo que ya no llorarán por aburrimiento y frustración.

Los bebés mayores todavía llorarán por frío, hambre, cansancio o enfermedad. Sufrirán de estados de pánico y estrés por separación, y cada vez tienen más claro qué les gusta y qué no, qué los asusta y qué los complace. En el niño preverbal, el llanto suele significar “no”:

“No, no quiero que me sueltes, que tengo miedo”, “No, odio la sensación que me produce este jersey”.

Toda esa respuesta de pánico solo refleja la inundación de su cerebro por la química del estrés. Estas sustancias no son peligrosos por sí mismas, pero la situación cambia si se les permite inundar el cerebro por periodos largos de tiempo en los que se lo deje llorar sin que se tome su llanto en serio y se lo consuele debidamente. Distanciarte de su dolor, por mucho que algunos libros de entrenamiento del sueño digan lo contrario, o, incluso peor, una respuesta agresiva frente a su llanto (aunque tú te sientas así) nunca es apropiado.

Vamos a ser claros, en este punto no es el llanto por sí mismo lo que puede afectar al cerebro en desarrollo de tu hijo. No es eso. Es el estrés prolongado y no atendido y consolado. El llanto prolongado es ese llanto que cualquier padre sensible (o cualquier adulto con sensibilidad al dolor de los demás) será capaz de reconocer como una llamada de socorro. Es el tipo de llanto que seguiría, seguiría y seguiría, y solo terminaría cuando la criatura cayera exhausta, dormida o en un estado de desesperanza porque sabe que nadie va a acudir a consolarlo.

Numerosos estudios realizados en todo el mundo han demostrado que un bebé que experimenta con regularidad periodos de llanto prolongado puede llegar a desarrollar un sistema de respuesta al estrés excesivamente sensible que le afectará a lo largo de toda su vida. Esto significa, nada más y nada menos, que con demasiada frecuencia su percepción del mundo y de todo lo que ocurre en él será como algo amenazador y atemorizante, incluso cuando la situación real sea perfectamente segura.

Falsas creencias: No tiene esa picardía

  • Los padres nos solemos preguntar si el bebé usa el llanto para manipularnos, sobre todo cuando escuchan comentarios bienintencionados como: “Déjalo, llora para controlarte. Si cedes ahora, te arrepentirás luego”. Ahora sabemos que eso es neurológicamente imposible.
  • Para controlar a un adulto, un bebé requeriría que una sustancia llamada glutamato actuara en sus lóbulos frontales. Pero este sistema aún no está desarrollado en la mente del niño, lo que significa que no es capaz de pensar demasiado sobre nada, por no decir ya manipular.
  • Algunos padres se desconectan del dolor de su hijo y lo oyen como “solo llanto”. Esta reacción puede ser el resultado de su propia crianza.

Como nadie respondió a sus llantos cuando ellos eran bebés, ahora son incapaces de sentir el estrés que vive su propio hijo.

Para saber más

Os recomendamos leer La ciencia de ser padres (Grijalbo), de Margot Sunderland, libro al que pertenece este fragmento y que acerca a los padres los descubrimientos que ha hecho la ciencia sobre el desarrollo del cerebro de los bebés, poniendo sobre la mesa la importancia que tiene sobre el mismo el vínculo que tiene con su madre y con su padre.

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