Lo que tu hijo necesita de ti

AUTOESTIMA

Lo que, en realidad, tu hijo necesita de ti

La mayor ambición de un niño es que sus padres le quieran tal como es, de esta manera, siempre se sentirá seguro de sí mismo.

Josep Maria Cubells, Sonia Ricart

La felicidad y la buena evolución psicológica de un niño están directamente relacionadas con el amor que sus padres le demuestran desde el día de su nacimiento. Y no hay nada que le haga más feliz que gustar a sus padres: tener el sentimiento, no solo de que le quieren tal y como es, sino de que además se sienten orgullosos de él.

Fáciles de contentar

Realmente es sorprendente lo poco ambiciosos que son los niños. Si nos detenemos un momento a observarlos, veremos lo feliz que es un niño cuando enseña a sus padres el álbum del colegio, sobre todo si ellos lo miran con atención y valoran todo lo que ha hecho. O lo contento que está si lo miran con una sonrisa cuando salta desde algún lugar alto, o cuando participa en el festival de danza.

Esto nos lleva a la conclusión de que una de las mayores fuentes de infelicidad de un niño es que sus padres lo comparen con otro, ya sea un hermano, un amigo..., haciéndole sentir que se encuentra en inferioridad de condiciones.

Los padres, a veces, no somos conscientes del efecto que tienen nuestras palabras sobre el niño y usamos frases del estilo de: “¿Por qué no intentas parecerte a tu hermano, tan educado, estudioso o cariñoso?” o “Fíjate qué notas saca tu compañero y tú siempre sacas un...”. Con estos comentarios, en lugar de motivarlo para que se esfuerce en alcanzar las cualidades que los padres tanto valoran, lo único que consiguen es hacerle infeliz, con una gran sensación de incapacidad y la consiguiente baja autoestima y falta de confianza en sí mismo.

Los hijos quieren sentirse aceptados incondicionalmente por sus padres y dan muchas pruebas de este deseo a lo largo de su vida. De lo contrario, ¿cómo se puede llegar a entender que, en plena etapa adolescente, cuando tienen más necesidad de diferenciarse de los padres para sentirse más autónomos, capaces y maduros, les pregunten cómo les queda la ropa que llevan?

Desde pequeños necesitan que los quieran para poder quererse ellos.

Su autoestima, en tus manos

CRIANZA RESPETUOSA

Su autoestima, en tus manos

La etapa del ‘No’

Hacia los dos años de vida, el niño pasa por un periodo evolutivo que se caracteriza por utilizar el ‘No’ de manera frecuente. Este ‘No’ le ayuda a construir su propia personalidad, diferenciándose de los demás. Es muy importante y necesario no confundir esta necesidad de ser uno mismo, de independizarse de los padres (aunque sea ligeramente), con un “no soy feliz”. Si se malinterpreta este ‘No’ que le hace sentir como una persona diferenciada de sus padres y capaz de expresar sus propias opiniones, pueden llegar a confundir la relación. Así, de un comportamiento evolutivo, anecdótico y transitorio, puede surgir un sentimiento de infelicidad mutua, ya que tanto el niño como los padres pueden interpretarlo como una falta de entendimiento.

Ante una situación concreta, las opiniones del niño y de los padres en muchas ocasiones serán diferentes. El niño enfocará el problema en cuestión desde un punto de vista lúdico –como corresponde a su edad– y los padres, desde un punto de vista responsable. En estos casos hay que saber combinar la sana individualización del niño con el legítimo deseo de los padres de seguir una actuación lógica.

Por ejemplo, tras un divertido día de playa, los padres deciden recoger los objetos esparcidos por la arena e iniciar el regreso a casa, mientras que el niño, seguramente, querrá seguir jugando, porque se lo está pasando muy bien. Cuando los padres le planteen que tiene que empezar a recoger sus juguetes, lo más probable es que se desencadene un sentimiento intenso de pena y frustración, y que intente por todos los medios seguir jugando. Este es un momento delicado que puede llegar a estropear un día feliz, por lo que podemos tratar de buscar la mejor manera posible de solucionarlo.

Es obvio que los padres saben mejor que el niño que el día toca a su fin, y que su hijo pasará de la actividad más frenética al sueño más profundo en poco tiempo debido al cansancio. Y también saben que antes debe ducharse y cenar. En estas circunstancias hay que pensar que, ayudándolo a contactar con sus propias limitaciones o con la realidad de su entorno, no le hacemos infeliz. Por eso, hay que intentar no imponer la voluntad de los adultos sin antes transmitirle que se valora su opinión y se le ofrece una salida que le permita disminuir su frustración.

Vosotros sois su seguridad

Existe una creencia muy extendida acerca de que las costumbres diarias generan seguridad en el niño. Sin embargo, nos gustaría hacer unos cuantos matices al respecto. En realidad, con frecuencia se le da una importancia excesiva al hábito en sí. Esto no significa que no sea necesaria la organización familiar, pero una cosa es organizar la vida de la familia, teniendo en cuenta que el niño es una parte muy importante de esta –posiblemente la más importante–, y otra muy distinta es basar el cuidado del niño en una serie de pautas sistemáticas que lo único que comportan es una rigidez excesiva. Además, este exceso de severidad no tiene muy en cuenta las necesidades emocionales del niño según las circunstancias del momento.

El niño, mucho antes de confiar en sí mismo, confía en sus padres.

Por lo tanto, lo que le generará felicidad y tranquilidad será notar y saber que es querido e importante para ellos, y que ellos siempre van a hacer todo aquello que resulte mejor para él. Le hace feliz sentirse en buenas manos aunque, en algunas ocasiones y circunstancias, esas manos tengan que cambiar sus hábitos y rutinas.

Los padres organizan la vida de su hijo durante los primeros años. Y es muy importante que tengan en su espacio mental al niño como prioridad.

Porque esa sensación de estar en la mente de sus padres es lo que realmente le genera seguridad y confianza en sí mismo.

Adaptarse a la situación

Otro aspecto relevante es intentar ajustar las costumbres diarias de cada familia a las circunstancias concretas que requiera cada momento. Hoy en día, la mayoría de los padres tienen obligaciones profesionales con unos horarios muy extensos que dificultan los momentos de diversión con los hijos.

Las prisas del día a día hacen que se mecanicen los cuidados del niño y que el baño, la comida o los juegos sean controlados excesivamente por el reloj. Para los hijos es importante y saludable saber que, si un día sus padres tienen tiempo libre, se lo van a dedicar y que el paseo, el parque o el zoo van a tener prioridad respecto al baño de las ocho o a que se vaya a dormir a una hora exacta. Es fundamental no dejar pasar las oportunidades que aparecen en un momento dado para compartir tiempo con los niños, y hacer juntos alguna actividad que le haga especial ilusión, dejando que la felicidad del momento se imponga a la rigidez de los hábitos.

A pesar de que las rutinas diarias pueden dar mucha tranquilidad, tan solo es algo momentáneo. Por eso, y aunque puede resultar más agotador, es mucho más gratificante intentar priorizar las necesidades del niño. Veréis lo feliz que es. Y lo felices que sois vosotros viéndolo así de feliz.

Enseñarle a convivir con las limitaciones

Cuando un niño se encuentra frente a una circunstancia que no sabe manejar es fácil que sienta cierta frustración. En ese momento, son los padres quienes deben buscar las palabras apropiadas para explicarle cómo pueden actuar.

  • Si un niño está ensimismado haciendo algo que le gusta, dejarlo de repente le desilusionará porque no entiende el motivo por el cual debe hacerlo.
  • Esa pequeña frustración se puede evitar avisándole con tiempo para que se vaya haciendo a la idea de que esa actividad tan placentera, en poco tiempo llegará a su fin.
  • Otro de los motivos por los que un niño puede sentirse frustrado y, por lo tanto, estar momentáneamente triste, es constatar sus propias limitaciones. Pero hay que saber que esta infelicidad, en realidad, no tiene nada que ver con sus padres.
  • Un ejemplo muy claro se puede observar cuando el hermano mayor ya no lleva ruedas auxiliares en la bicicleta y el pequeño pide que se las quiten. El hecho de darse cuenta de que él sí que las necesita le disgustará.
  • En este caso, los padres no son los causantes de esta infelicidad, sino su falta de habilidad, debida a la inmadurez psicomotora propia de su edad. Lo que sí les corresponde a los padres es intentar explicar por qué él todavía no puede y cuándo podrá. Así le facilitarán la posibilidad de crecer seguro de sus capacidades.

Cómo hacerlo más fácil

  • Flexibilidad. Resulta mucho más sencillo ser feliz cuando no se es rígido, puesto que la flexibilidad facilita la adaptación a las diferentes circunstancias de la vida.
  • Nada es perfecto. El hecho de ser estricto y la necesidad de tenerlo todo controlado y perfecto, normalmente genera ansiedad. Por eso es importante saber de antemano que es prácticamente imposible.
  • "Te quiero". Una de las cosas que hace más feliz al niño es sentir que sus padres le quieren tal y como es. Así que hay que aprovechar cualquier situación para demostrárselo.
  • Acompañamiento. La presencia y disponibilidad de los padres para él es una demostración de que es importante. Si le acompañas, le ayudas a conocer sus limitaciones y la realidad del entorno.
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