Qué se esconde tras sus mentiras

CRIANZA CON RESPETO

Qué se esconde tras sus mentiras

Puede mentir por temor, por vergüenza, por sufrimiento. Y sin nuestra ayuda, queda atrapado en el problema que quería resolver.

Laura Gutman

Hay muchos motivos por los que un niño pequeño aprende a mentir. El más frecuente y menos comprendido es que el niño sufre.

Para él, la manera de escapar de una realidad dolorosa es inventando otra más placentera.

De ese modo, imagina otros acontecimientos, otros ámbitos, otros padres. Lo imagina tanto, que es el primero en convencerse de que eso que piensa es la verdad. Podemos decir que fabula, porque el niño no tiene la sensación de estar mintiendo. En estos casos, de nada sirve retarlo diciéndole que no debe mentir, sino que nos compete a los adultos comprender el sufrimiento del niño y, por supuesto, aliviarlo.

Cumplir expectativas

Hay otros niños que mienten por miedo. Miedo a ser castigados, miedo a no ser amados porque sienten que no han cumplido con las expectativas o las demandas de los mayores. En estos casos, obviamente, en lugar de seguir acusando al niño, tendremos que revisar qué es lo que nos ocurre a nosotros, los adultos, con nuestras exigencias y expectativas.

Tratemos de calibrar cuánto nos hemos alejado del mundo interno de nuestros hijos pequeños, y qué estrategias despliegan para enfrentarse a nosotros.

Comprendamos que, con bastante frecuencia, somos los adultos quienes obligamos a los niños a mentir.

Porque simplemente no están en condiciones de responder a lo que sea que les hemos exigido.

Buscando admiración

Hay niños que mienten por vergüenza. Porque no se sienten suficientemente valiosos a ojos de sus padres. Han observado que admiran a otros niños, que siempre los comparan con vecinos que son más deportistas, mejores estudiantes o más guapos.

En su afán por ser admirados, mienten para tratar de ser aquello que los padres valoran en un hijo.

Tratemos de revisar nuestros valores y descubrir dónde hemos escondido el amor y la generosidad que tenemos reservados para ellos.

Los niños mienten cuando no encuentran otra manera de resolver un problema que es demasiado grande para ellos solos. Lamentablemente, la mentira crece, y se quedan cada vez más atrapados en el problema que pretendían resolver. Es decir, que en todos los casos, necesitarán nuestra ayuda amorosa y honesta.

¿Y los adultos?

  • Los niños nos observan, nos escuchan. Cuando aquello que decimos no concuerda con la realidad que ellos perciben, también es vivido como una mentira, o al menos como una “no verdad”.
  • Cuando nombramos los acontecimientos tergiversándolos, y el niño ha sido testigo de ellos, damos señales de que tenemos vía libre para interpretar las cosas como nos convenga.
  • Si mamá dice que papá es un inútil, si la abuela dice que mamá se casó por interés, si la tía habla mal de quien luego saluda efusivamente, los niños aprenden a nombrar algo diferente de lo que viven.

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