¿Necesita comer o dormir?

Crianza

¿Qué tiene sueño o hambre?

Cómo descifrar todas sus señales y descubrir qué necesita.

Rosa Jové y Julio Basulto

Los padres no siempre sabemos en qué orden debemos atender las necesidades de los hijos. Y la mayoría de las veces, ellos saben la respuesta.

Hace buen día, sales a pasear con tu bebé y al cabo de poco rato empieza a quejarse. ¿Tiene sueño o tiene hambre? Muchos padres primerizos no sabemos descifrar aún las señales del bebé y, ante una situación así, nos angustiamos porque no sabemos qué hacer. Lo intentamos todo sin un objetivo claro y, sobre todo, sin dar tiempo a que el bebé pueda manifestar claramente si tiene sueño o tiene hambre.

En realidad, lo malo no es ser padre primerizo. Lo malo es que los demás lo sepan. En tal caso, el “bombardeo” de comentarios, sentencias, consejos, sugerencias, sermones, e incluso reprimendas, llega a ser de tal calibre, que conviene salir a la calle con nuestro bebé como si corriéramos hacia un búnker. Ante las quejas de un bebé, el abanico de diagnósticos es prácticamente interminable, pero los dos más socorridos son “tiene sueño” y “tiene hambre”.

Si nuestro hijo pequeño se queja a una hora distinta de las nueve de la mañana, existen dos posibles sermones. El primero: “Pero dale de comer ya, ¿no ves que se muere de hambre? Como se te duerma sin comer verás la tarde que te espera.” El segundo: “Se muere de sueño, pobrecito. Espabila, que como te pases de la hora, luego no dormirá y dormir es importantísimo para crecer.

No nos sueltan la filípica a las nueve de la mañana porque presuponen que el bebé acaba de desayunar y está recién levantado. Pero el resto del día, no se cortan. El caso es que, a veces, la misma persona que ayer nos dijo que nuestro retoño mostraba claros signos de hambre, hoy en las mismas circunstancias que ayer nos predica que su sueño es superlativo. Es decir, la “ciencia” que sostiene sus teorías no es precisamente muy sólida. Por lo tanto, es imprescindible tener las cosas bien claras para no caer en esa clase de emboscadas.

El apetito, el mejor indicador

Un domingo, tu pareja está preparando una deliciosa paella para tus suegros, y su aroma invade tu hogar. Tus suegros se retrasan no como tus padres, siempre puntuales y son más de las cuatro de la tarde. Tu apetito empieza a criticar interiormente a la familia, cuando tu pareja toma una cucharada de la paella, sopla para que no te quemes y te la ofrece. Lo hace porque te quiere y para cuidarte, aunque quizá también para que le digas que le está quedando genial. Sea como sea, ¿verdad que no apartas la cara? Si lo haces es que estás a punto de divorciarte, porque lo cierto es que te mueres de hambre. Cualquier persona con un mínimo de apetito abriría la boca como un comecocos a punto de zamparse un fantasma rosa.

Tus suegros, aunque llegaron tarde, trajeron algo de postre: un delicioso pastel. Tras la ensalada y la paella dais buena cuenta de él. Minutos después, tu suegro se acuerda de que también habían traído unos turrones. Como ya no puedes comer nada más, le das amablemente las gracias y pasas directamente al café. Pues a un bebé le sucede algo parecido.

Alejarnos de la rigidez

Si mientras paseamos vemos que nuestro hijo está intranquilo, podemos ofrecerle comida. Si tiene hambre, comerá. ¿Cuánto? Pues lo que requiera su sabio metabolismo. Nuestros hijos van a comer lo que necesitan, no hay más misterio. Su apetito es un “impulso instintivo” que ha hecho sobrevivir a los humanos durante millones de años. Así que a tu hijo no se le olvidará comer lo que necesita, como a nadie se le para el corazón porque se ha olvidado de pensar en él.

De todos modos, el apetito de los niños, pese a que se parece mucho al de los adultos, no es exactamente igual. La Academia Americana de Pediatría señala que es “errático e impredecible”. Puede no comer cuando nosotros pensamos que debería tener hambre. Y puede seguir comiendo cuando creemos que ya debería estar saciado. Su apetito se adapta, con la precisión de un reloj suizo, a su crecimiento. Si tiene que crecer más, comerá más; si su crecimiento ya no es tan brusco, comerá menos.

Dejarnos guiar por él

Es divertidísimo escuchar lo agoreros que son los comentarios dirigidos a o, casi mejor dicho, contra los padres primerizos. Muchos de nosotros hemos recibido consejos absurdos como: “¡Si le acostumbras a ir tanto en brazos, luego no sabrá caminar!”.

El caso es que con el sueño, por supuesto, no se hace ninguna excepción. “Si no duerme no crece”. “Para que duerma mejor debe comer mucho”... Pero la cuestión es que es difícil encontrar a una madre que no reconozca los síntomas de sueño de su hijo. Y más difícil todavía es que esa madre ignore dichos síntomas y no intente acunar a su bebé para que duerma como un angelito.

No obstante, hay padres que no consiguen reconocer si su hijo tiene sueño. Si eso es lo que os ocurre a vosotros, pensad que la solución la da la práctica: por mucho que se acueste antes a un niño, éste no dormirá si no tiene sueño. Así que probadlo. Él mismo os dirá qué sucede.

Confiemos en sus ganas de comer

CRIANZA CON RESPETO

Confiemos en sus ganas de comer

Acertar no es una tarea fácil

En general, cuando nuestro hijo es pequeño, cuando todavía es un bebé, los padres solemos interpretar la mayoría de sus quejas como un signo de hambre y no de sueño. Es un error muy frecuente. Por esta razón, cuando un bebé se queja, enseguida le ofrecemos el pecho o el biberón. No pasa nada: si tiene hambre, habremos acertado; si tiene sueño, comer algo –y, sobre todo, succionar– le relajará y le ayudará a conciliar el sueño.

La mejor opción para los bebés

A los niños les ocurre lo mismo que a los mayores; dormir debe ir asociado al relax. Por eso muchos de nosotros intentamos hacer algo relajante para dormirnos: leer, darnos un baño calentito, contar ovejas... ¿Qué es lo que más relaja a un bebé? Succionar y el contacto con las personas queridas.

Así pues, lo tenemos fácil: tanto si lo que tiene es sueño como si es hambre, podemos empezar por darle de comer. Si es hambre, comerá. Si es sueño, no comerá tanto (o nada), pero se relajará succionando y se dormirá.

¿Y así no se va a sobrealimentar? No, porque el niño es quien decide cuánto toma: si no tiene hambre, casi no comerá.

Cuándo cambian las prioridades

Cuando el niño es un poco más grande empiezan a surgir otros problemas. Gracias a la experiencia que hemos ido adquiriendo, normalmente ya sabemos distinguir cuándo tiene hambre y cuándo sueño. Lo que ahora queremos saber es qué es lo primero: comer o dormir.

Imagina la siguiente situación. Es aproximadamente la hora de comer y tu hijo de un año presenta signos inequívocos de sueño. Algunos te dirán: “Déjale dormir porque ahora no te comerá”. Otros recomendarán: “Dale de comer porque sino no te va a dormir”. Y tú, sin saber qué hacer.

Ante esta disyuntiva lo mejor es hacer caso del sueño como necesidad principal: pon a tu hijo a dormir porque las calorías que un niño necesita a lo largo del día las puede ingerir y compensar en cualquier momento: el niño autorregula las calorías que come.

Si tu hijo se salta una comida, lo compensará comiendo más en otra. No pasa nada. En cambio, si tu hijo pierde horas de sueño es más difícil que las recupere, ya que hay niños que llevan unas jornadas ajetreadas con horarios muy marcados (guardería, actividades...) y no siempre pueden compensar las horas de descanso que pierden.

No obstante, si ves que tu hijo tiene sueño y hambre a la vez, antes de acostarlo puedes intentar darle de comer alguna cosita: si la quiere la comerá y si no, tan amigos, señal de que tiene más sueño que hambre y que estamos en el camino correcto.


¿Comer y dormir a la vez?

Les parece imposible... Pues no lo es. Cuando los bebés toman pecho pueden comer y dormir a la vez. Muchos padres acuden a la consulta con la queja de que su bebé no duerme durante el día. Cuando analizamos la situación nos encontramos ante un bebé que aprovecha todas las tomas para dormir. Los padres creen que cierra los ojos relajado y lo que ocurre es que está profundamente dormido.

Hay padres que se dan cuenta y cuando el niño empieza a dormirse mientras toma el pecho intentan mantenerlo despierto a toda costa para que haga una mejor toma o para que duerma mejor después: es un error.

Los niños tratados así suelen hacer la toma de forma incómoda y, luego, están tan irritados que les cuesta mucho más dormirse.


La manía de establecer un horario fijo

¿Cuántos padres intentan que su hijo se duerma a una hora determinada sin conseguirlo, sólo porque el niño no tiene sueño? ¿Tú te acostarías a las siete? Si has pasado una mala noche quizá te vendría bien un sueñecito, pero la mayoría de las personas no tenemos sueño a esa hora. A un bebé le puede ocurrir lo mismo: un día se acostó y durmió pronto (igual había pasado una mala noche), los padres presuponen que cada día va a querer dormir a esa hora... y fallarán estrepitosamente.


Necesita comprensión y cariño

Las soluciones mágicas no existen, pero podemos buscar una estrategia para, al menos, intentar descubrir de qué manera nuestro hijo obtiene mayor bienestar. Si él está bien, nosotros nos sentiremos mucho mejor.

Cualquier “plan” que adoptemos pasa por intentar comprender a nuestro hijo, no por marcarle horarios estrictos para que se “acostumbre” ni tiempos de espera para que “vaya aprendiendo”.

Cómo descubrir qué necesita

Cuando tengas alguna duda sobre qué es lo que está pidiéndote tu bebé, recuerda estos 3 pasos:

1. Procura no dejar nunca llorar a tu bebé. No siempre es fácil consolarlo, pero hay que acudir en cuanto nos reclama.

Para descubrir por qué llora tu hijo, ten en cuenta diferentes posibilidades:

  • Tiene hambre y quiere comer.
  • Quiere chupar aunque no tenga hambre.
  • Quiere que le tomen en brazos.
  • Está aburrido y quiere tu compañía.
  • Está cansado y quiere dormir.

Decide tú misma en qué orden probar las anteriores opciones. Déjate guiar por tu instinto. Si sigue llorando tras probar una opción, inténtalo con otra.

2. No tengas miedo de sobrealimentar a tu hijo. Eso no va a ocurrir.

3. No tengas miedo de malcriar a tu hijo por cogerle en brazos. Eso tampoco va a ocurrir.

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