Volver tras la baja maternal

MATERNIDAD Y TRABAJO

Regresar al mundo tras la baja maternal

Dejar a nuestro bebé después de tantas semanas juntos no es nada fácil...

Laura Gutman

Desde el inicio del embarazo estamos haciendo cálculos: si el bebé nacerá antes de que termine la primavera, si coincidirá con Pascua, si podremos juntar el permiso con las vacaciones de verano, si sumando los días de baja maternal y las horas de lactancia a las que tenemos derecho hasta que el bebé cumple nueve meses lograremos algunos días más de reposo... Parece ser una lucha contra los días que pasan indefectiblemente. Es verdad que a las mujeres que trabajamos como asalariadas con sueldos fijos nos ampara una única ley que estipula un tiempo específico de baja maternal para ocuparnos del bebé. Pero también es verdad que a muchas de nosotras ese tiempo nos resulta demasiado corto.

En todo caso, antes de poner el foco en la cantidad de días y noches que tenemos previstos permanecer en casa, será más eficaz revisar cómo usamos ese tiempo. Si nos dedicamos a los cálculos, posiblemente se complique la instalación de la relación amorosa con nuestro bebé.

Muchas madres creemos –ya que deberemos regresar al trabajo– que es mejor que el bebé se acostumbre “desde el principio” a estar con otras personas que lo cuiden. También estamos convencidas de que es preferible que tome ya la leche en biberón para que no nos extrañe tanto cuando estemos ausentes. Eso es hacer cálculos. Y así desaprovechamos la espontaneidad con la que debería empezar a organizarse el conocimiento mutuo entre la madre y el bebé.

En realidad, y mientras sea posible, todo el tiempo que la madre y el bebé puedan pasar juntos, mejor. Y hay algo más a tener en cuenta: si una madre reciente, sin calcular cuántos días le faltan para volver al trabajo, se dedica solo a estar con su bebé, ambos van a ingresar en un “tiempo sin tiempo”, en un fluir calmo y apacible, sin fechas ni recordatorios ni obligaciones ni tareas a cumplir. En estas circunstancias, la lactancia fluye con naturalidad, el bebé va a estar cómodo, y la madre puede empezar a sentir que se acomoda lentamente a la presencia constante de su hijo.

Apego y cercanía corporal

Solo si las cosas se dan naturalmente, sin pensar demasiado, y sobre todo, sin fechas predeterminadas, pasará algo misterioso:

La madre sentirá en su interior que no puede dejar a su bebé.

Sentirá la necesidad personal de permanecer con él pegado a su cuerpo. Es importante aclarar que no estoy diciendo que la madre responde así a la necesidad del bebé, o que entiende racionalmente que lo mejor para su hijo es que su madre esté presente. No. Estoy afirmando que la madre, ante su propia sorpresa, sentirá en su interior que no puede despegarse corporalmente de su pequeño hijo. Entonces habrá sucedido algo importantísimo y propio de la conducta de los mamíferos:

El apego no solo lo vive el niño, sino, sobre todo, lo vive la madre. Y solo cuando la madre vive interiormente la necesidad de permanecer apegada a la cría es capaz de mantenerse en ese lugar.

Miedo a la separación

Pero ¿qué pasa en estos casos cuando se termina el período de baja maternal? ¿Acaso no es demasiado doloroso apegarse al bebé para luego tener que dejarlo al cuidado de otras personas? ¿No sería más sencillo prever que, de todas maneras, nuestra condición económica o social no nos permite sostener este nivel de cercanía?

Personalmente, creo que siempre, en todos los casos, vale la pena acercarnos emocionalmente al bebé recién nacido hasta el punto de no poder separarnos de él. Porque cuando llegue el fin del permiso, en muchísimos casos se nos ocurrirán alternativas para no dejarlo.

Por ejemplo, ampliar el período de baja llegando a acuerdos económicos con nuestra pareja, si la tenemos, o con familias o amigos que nos puedan proteger. Incluso pactando algún arreglo, trueque o contraoferta con nuestros jefes. A veces resulta que parte del trabajo lo podemos resolver desde casa. O en algunas ocasiones podemos emplear a una persona que hace la parte más dura de nuestra tarea y nosotras nos reservamos decisiones que nos ocupan solo un par de horas al día. O simplemente preferimos perder algunos beneficios económicos, porque nos duele mucho menos eso que distanciarnos del bebé, ahora que nos sentimos apegadas.

Insisto en que nadie tiene la obligación de permanecer con el bebé.

Ni es mejor una cosa que la otra. Pero si previamente no se ha instalado el apego, desde la vivencia de la madre, raramente buscaremos alternativas para quedarnos con el bebé, simplemente porque no sentiremos que “eso” es lo que deseamos. Luego aparecen todos los discursos: que el tiempo de baja es muy corto, que en los países nórdicos es más extenso, que el padre también debería obtener esos beneficios. Todos esos argumentos están muy bien y se pueden discutir. Pero hay algo que es personal y que sucede o no sucede: la dolorosa sensación de que no toleraremos separarnos de nuestro bebé.

Para que ese sentimiento interno se instale tenemos que haber estado pegadas a nuestro bebé desde su nacimiento.

Si eso no ha sucedido, si no lo hemos cargado permanentemente con nosotras, si no ha dormido pegado a nuestro cuerpo, si no lo estamos amamantando a demanda, si no recibe nuestra disponibilidad afectiva constante, sencillamente no tendremos la necesidad interna de no separarnos de él.

El placer del regreso

Ahora bien, supongamos que sí estamos muy conectadas y apegadas, pero que dependemos absolutamente del dinero que nuestro trabajo nos aporta, es decir, la opción de extender la baja maternal no está dentro de nuestras posibilidades. Es imperioso que volvamos a trabajar. Muy bien. Al bebé no le pasará nada. ¿Por qué? Porque somos las madres quienes sentimos la necesidad de volver a reencontrarnos con el bebé, por lo tanto, iremos a trabajar, lo dejaremos al cuidado de otras personas... y cuando regresemos, acudiremos prontamente a alzarlo, cogerlo y acariciarlo, y le ofreceremos el cuerpo materno toda la noche hasta que sea la hora de volver a trabajar al día siguiente. Es decir, madre e hijo nos resarciremos durante el tiempo que sí estemos juntos, que son muchas horas. ¿Esto es algo que debemos hacer? No, esto es algo que sucede espontáneamente si previamente se instaló la costumbre de estar pegados cuerpo a cuerpo.

Aprovecharlo al máximo

Por eso afirmo que no es tan importante si la baja maternal es corta o prolongada. Ese tiempo que las sociedades otorgamos a las madres recientes a favor del vínculo, que necesita un período mínimo para instalarse entre la madre y el niño, podemos aprovecharlo intensamente o no en términos de apego afectivo. Simplemente, cuantas más horas pasemos adheridas cuerpo a cuerpo con el bebé, más se instalará el apego.

Y cuanto más dejemos al bebé en su cochecito o en su cuna, o cuanto más lo hagamos esperar cuando reclama brazos, menos se instalará nuestra necesidad interna de estar con el bebé.

Va a ser esa necesidad imperiosa la que va a definir si encontraremos estrategias para continuar en ese estado de fusión con nuestro hijo, o si por el contrario, nos refugiaremos en todos los obstáculos sociales, que ya sabemos que abundan, pero que, en definitiva, van a coincidir con una sensación interna de querer huir de ese lugar de soledad y hastío.

Fuera o dentro del mundo

La baja maternal a veces juega en nuestra contra. Tiene tan buena aceptación social, que si llegamos a sentirla como una prisión, no seremos capaces ni siquiera de admitir esas sensaciones ambivalentes. Sucede con frecuencia que al haber desarrollado una vida activa y exitosa en el terreno laboral, la baja maternal nos deja literalmente fuera del mundo. Y nadie tolera algo así. Por eso es importante que cada mujer tenga la capacidad de evaluar –de un modo personal y único– qué situación la favorece más, a ella y al niño. Y quizás encontrar en esos casos un modo de estar en contacto con la actividad o con las personas con quienes nos vinculamos laboralmente hasta estar en condiciones de regresar. Siempre hay alternativas para hacer las cosas con un toque de originalidad.


Cuando es imposible desconectar

Muchas de nosotras tenemos trabajos autónomos, somos empleadoras, tenemos comercios, oficinas o empresas que están a nuestro cargo. Es decir, no importa cuánto tiempo de baja maternal nos otorgue el Estado... nosotras no la podremos aprovechar, porque simplemente el negocio dejará de funcionar si no estamos presentes. Si somos emprendedoras y hemos trabajado históricamente con eficacia y rendimiento, es posible que no hayamos imaginado que con un bebé en casa las cosas no serían tan fáciles.

En esos casos, lo mejor es rendirse ante la evidencia y no pretender hacer encajar la realidad en una fantasía construida antes del nacimiento del bebé. Busquemos mucha ayuda, pero no solo de personas que se ocupen de nuestro hijo, sino también de personas adecuadas a quienes dar instrucciones sobre el trabajo y que ejecuten nuestras órdenes. De este modo, nosotras podremos permanecer con el bebé cuerpo a cuerpo mientras explicamos y supervisamos el trabajo que otros pueden implementar.