Sus emociones ante tu vuelta al trabajo

APEGO SEGURO

Sus emociones ante tu vuelta al trabajo

Separaros no es fácil, ni para ti ni para el bebé. Regálale paciencia y dosis extras de amor cuando vuelvas a casa.

Ana González Uriarte

Tu bebé ya tiene casi cuatro meses. Habéis compartido 16 intensas semanas muy especiales, pero ha llegado el momento de volver al trabajo y de plantearte con quién lo dejarás. No deseas alejarte de él y seguramente te asaltarán muchas dudas.

¿Con quién dejarlo?

La persona a la que se le confía el cuidado del bebé también juega un papel esencial. Tener presentes estos tres puntos a la hora de elegirla puede ser de gran ayuda:

  • Su alta sensibilidad frente a las necesidades emocionales del bebé. Cómo conecta con él: el tono de voz, el contacto, la mirada...
  • Estabilidad. Hay que procurar que la cuidadora elegida vaya a tener una continuidad.
  • Progresivo. Deberían conocerse unas tres o cuatro semanas antes de quedarse solos por primera vez. Así pueden establecer un vínculo, y los adultos aseguran la coherencia en el estilo de crianza.

Una vez superado el gran reto de decidir cuándo, cómo y a quién confiar su cuidado, llega el día de la separación.

Nuevos horarios, reorganización familiar y, lo más importante, acompañar al bebé en su propio proceso de adaptación. ¿Cómo? Reflexionando sobre sus necesidades emocionales de tal manera que estas te sirvan de guía para organizar los mejores cuidados posibles, tanto durante la jornada laboral que os mantenga separados como el resto del día.

Esta reflexión también te ayudará a comprender sus posibles reacciones, así como te permitirá acompañarlo (en el sentido amplio de la palabra) minimizando los posibles efectos negativos de las separaciones tempranas.

Es esencial demostrárselo

Las criaturas crecen sanas y seguras de sí mismas cuando son cuidadas, apoyadas y sostenidas en la relación cálida, íntima y continuada con sus padres. Tanto su desarrollo físico y psicoafectivo como su bienestar emocional están determinados principalmente por la calidad de este primer vínculo.

Y es que los niños, además de ser queridos, necesitan sentirse queridos.

Aunque le digas "te quiero mucho" a tu hijo, lo ha de sentir en su piel, en tu voz, en tu mirada, en tu abrazo...

Es en el contacto cotidiano al atenderlo, al alimentarlo, al asearlo, al calmar su llanto, al jugar, al cantar... Es el hecho de mirar, de hablar, de sonreír, de abrazar y de sentir donde realmente se teje el vínculo.

Los bebés buscan la proximidad con sus figuras de apego, porque es eso lo que les proporciona seguridad y confianza, y de la misma manera es su "pérdida" -como pasa cuando mamá se va a trabajar- la que les genera miedo y activa conductas como el llanto con el fin de restaurar el contacto perdido.

La sensibilidad de los adultos cuidadores ante estas necesidades emocionales infantiles es la clave para poder establecer unos lazos saludables y seguros entre padres e hijos.

Puro instinto

Los miedos protegen de los peligros. En este caso hacen que el niño esté cerca de los adultos, y es ese contacto estrecho el espacio psicológico donde se "construye-constituye" la persona que será, donde adquiere la confianza y seguridad que lo sostendrá toda la vida, donde aprende a un nivel profundo y preverbal todo lo relativo a la comunicación emocional, a la capacidad de relacionarse de forma íntima, a ser cuidado y a cuidar. En definitiva, un estilo emocional que condiciona cómo regula sus emociones y cómo se trata a sí mismo y a los demás.

El tipo de parto, poder disfrutar del contacto piel con piel desde el primer instante o haberle dado o no el pecho son algunos de los factores que influyen en la relación entre padres e hijos.

Tipos de apego

  • Apego seguro. Se habla de este tipo de relación cuando los niños se sienten confiados y tranquilos. En todo momento están convencidos de que serán consolados, y por eso no tienen ninguna duda en protestar durante la despedida, en mostrar su malestar, así como en expresar su alegría en el reencuentro.

Asimismo, cuando han podido establecer vínculos afectivos con otros adultos distintos a sus padres (hermanos, abuelos, tíos...) no solo se sentirán seguros y confiados de que serán atendidos cuando lo necesiten, sino que además tienen diferentes modelos de relación, cosa que los enriquece, los protege y les facilita establecer nuevos vínculos.

  • Apego inseguro "evitativo". Hace referencia a aquellos niños que muestran poca angustia frente a la separación. No tienen confianza plena en que sus necesidades emocionales sean atendidas y aprenden muy pronto a no pedirlas, a no llorar. A simple vista parecen "autosuficientes", aunque lo que realmente ocurre es que no confían en los demás e intentarán evitar las emociones.
  • Apego inseguro "ambivalente". En estos casos suelen mostrar un gran desconsuelo y angustia que no se calman ni tan siquiera con la presencia de la figura de apego principal (normalmente, la ma-dre y/o el padre). Estos niños han aprendido que para que sus necesidades sean atendidas tienen que llorar y demandar mucho. Este vínculo se teje cuando la figura de apego es inconsistente, unas veces se atienden las demandas infantiles y otras se rechazan.


Entender cómo lo vive tu hijo

La forma en que los niños expresan su desagrado ante la separación de mamá y su alegría cuando se produce el reencuentro no solo depende del tipo de apego que hayan establecido con ella, sino que también está marcado por la edad o el temperamento del propio bebé.

La edad

  • Hasta los seis meses, el contacto intenso, estrecho y cercano con la madre es una exigencia básica del bebé, que recurrirá al llanto, no solo para comunicar sus necesidades (hambre, sed...), sino también para restaurar el calor del regazo materno.
  • La mirada, la sonrisa, las vocalizaciones... forman parte del repertorio que irá desplegando a medida que vaya creciendo para buscar ese contacto. En esta primera etapa, aunque no suele rechazar estar en brazos de desconocidos, los de su madre son esenciales para garantizarle un desarrollo armonioso. Al mismo tiempo irá estableciendo el vínculo con el padre y con aquellas personas con las que convive (hermanos, abuelos...).
  • A partir de los seis o siete meses aparecen los miedos, conocidos como "reacción de angustia a los extraños", "miedo a los desconocidos" o "angustia de separación". Es una buena señal porque significa que el bebé ha establecido un vínculo claro con los padres y las figuras cercanas. Busca el contacto a través del llanto y se aferra a los brazos, repta o gatea en su busca. Es una fase normal, que cada bebé expresa a su manera.
  • A los tres años el desarrollo cognitivo ya les permite tener una representación mental de la relación con sus figuras de apego. Son capaces de entender que, aunque su madre no esté presente en ese momento en concreto, volverá, y pueden expresar verbalmente sus necesidades. Toleran separaciones más largas.

El carácter

El temperamento de cada niño también influye: mientras unos se adaptan con facilidad a las nuevas situaciones a otros les cuesta más, incluso mucho más.

A algunos niños se les oirá su queja porque la expresarán con todas sus fuerzas, y es por esa razón que hay que estar atentos a los que no son así, porque es fácil que se pasen por alto sus necesidades.

El cuidado del adulto

Hay factores que favorecerán la tranquilidad del niño, ya que se sentirá más seguro si estos cambios se hacen poco a poco, respetando sus ritmos, no forzando, sin culpar ni culpabilizarse.

Sería recomendable que el niño pudiera ir haciendo contactos frecuentes pero breves con la "nueva situación" y con la presencia de figuras de apego que actúen de mediadoras.

Habéis creado una relación fantástica entre ambos, y esta no va a desaparecer porque ya no estéis juntos a todas horas. Confía en la labor que has llevado a cabo para favorecer esta nueva etapa. Los niños acompañados con sensibilidad están predispuestos a ampliar su mundo. Por eso se aconseja tener algunos aspectos en cuenta para llevar a buen puerto la nueva situación.

  • Dedícale tiempo y ponle palabras. Eso da sentido a las "desapariciones". Poco a poco adquiere la idea de "permanencia", es decir, aunque mamá y papá no estén al alcance de mis sentidos (no los veo ni los oigo...), siguen existiendo. Irse a escondidas aumenta su desconfianza y su inseguridad: No lo hagas.
  • Intenta conectar con sus emociones. Es la tarea más importante en el reencuentro, dejando de lado el estrés y las tareas prácticas. Hacer unas respiraciones profundas, caminar un poco o practicar unos minutos de relajación puede facilitar la aceptación del estado de ánimo del bebé que, a menudo, protestará por la separación.
  • Dale el pecho si lo deseas, porque es recomendable, saludable y perfectamente compatible con tu vuelta al trabajo.
  • Usa mochilas ergonómicas que permiten el contacto físico, incluso para hacer las tareas de casa.
  • Juega con él, ya que como bien sabes es su forma de aprender. A ser posible, evita las pantallas, que perjudican el desarrollo emocional de los más pequeños.

Para saber más

  • Ana González Uriarte es Psiquiatra infantil.
Vínculos más seguros y sanos

NIÑOS MÁS FELICES

Vínculos más seguros y sanos

Artículos relacionados