Todo el año es tiempo de disfraces

NIÑOS Y NIÑAS FELICES

Todo el año es tiempo de disfraces

Es preferible priorizar su libertad y no referirnos como disfraces "de niña" ni "de niño", también su creatividad y no la perfección, porque el juego es para divertirse.

A la mayoría de los niños y las niñas les encanta disfrazarse. Una corbata vieja, las botas de mamá, una chaqueta grande y un estuche de maquillaje son suficientes para que nuestros hijos se conviertan en “otros” y hagan realidad sus fantasías, ensayando emociones, sentimientos, comportamientos y habilidades. De un modo sencillo entran en el mundo del “como si…”, donde todo es posible con solo imaginarlo.

Practicando la empatía

Los disfraces les permiten ponerse en la piel del otro, aprender a ver el mundo desde diferentes perspectivas, e imaginar qué harían, cómo se sentirían, se moverían o hablarían sumergidos en la piel de una bruja, un monstruo o cualquier personaje que les resulte atractivo. Bajo el disfraz, se sienten protegidos y pueden permitirse lo que en la realidad les resulta difícil o imposible. Romanos y vikingos los conectan con sus fantasías, sus temores y les permiten explorar en experiencias ajenas. Todo un ejercicio de autoconocimiento, de empatía y de mucha creatividad.

Juego enriquecedor

Los disfraces ofrecen dos actividades muy beneficiosas para el crecimiento y la madurez de los niños:

  • el juego simbólico
  • la creatividad

Para ello es muy importante que los adultos creemos un espacio de libertad que les permita escoger de qué o de quién disfrazarse. Con su elección veremos en qué piel les gusta ponerse, ya sea porque creen que tienen los mismos intereses o porque lo viven como algo contrario a ellos, y quieren experimentar sensaciones, emociones y vivencias ajenas.

También es fundamental que puedan construirse sus propios disfraces. De la misma forma en que hay ocasiones en las que es ideal tener un disfraz con todos los detalles, en otras será suficiente con una caja de cartón, mientras que otras veces serán indispensables algunos complementos, como pintarse una nariz de payaso o construirse una varita mágica… Facilitarles los materiales, así como nuestra ayuda, forma parte del juego, porque no olvidemos que los disfraces nos ayudan en el “como si”, pero que es la actitud la que nos introduce en este mundo mágico.

Si disfrazarse es un juego tan sano y enriquecedor, ¿por qué hacerlo solo en carnaval? Todo el año es bueno para explorar, detrás de un disfraz, personajes reales o fantásticos, expresando sentimientos.

Libre de géneros

Es tiempo de dejar de limitar tanto a niños como a niñas a la hora de expresarse con sus disfraces. Para ellos y para ellas es muy importante poderse experimentar en un entorno libre de juicios, seguro. Donde no existan disfraces "para niña" ni "para niño" y todos estén al alcance de todos.

Desde que nacen, como sociedad, les vamos limitando a unos y a otras:

  • los colores
  • los complementos
  • y las formas de expresarse...

Pero tan solo es un parámetro cultural, limitante, arbitrario, que impide a cada niña y a cada niño que pueda expresarse de una forma más libre.

A su total disposición

Para que no se disfracen solo unos días concretos del año, te proponemos las siguientes ideas.

  • Que tengan a su alcance todos los disfraces. No debemos olvidar que los juegos simbólicos enriquecen su imaginación. Aunque un baúl puede ser muy seductor, también lo es que los trajes estén colgados en perchas, y los accesorios, en una estantería o en un cajón.
  • Los complementos (bolsos, gafas, pelucas...) pueden ser un disfraz por sí mismos.
  • Ayudarlos a fabricar una espada, una varita mágica... nos permitirá participar de sus juegos y desarrollar su ingenio.

Es preferible priorizar su creatividad y no la perfección, porque el juego es para divertirse.

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