Huerto

CRIANZA NATURAL

Todo lo que un mini huerto familiar puede hacer por tu hijo

Los huertos son lugares con infinitas cualidades educativas. Disfrutando de sus cuidados, los niños pondrán en práctica las matemáticas, las ciencias..., además de descubrir el arte de trabajar en equipo y el valor real del tiempo.

Heike Freire

Los huertos familiares, vecinales y escolares, ya estén en medio del campo o en una jardinera en la terraza, son lugares mágicos donde la vida bulle y se expresa de mil formas. Espacios ideales para aprender a cualquier edad, en los que la naturaleza despliega sus infinitas cualidades educativas:

  • Afina y cuida con suavidad el despertar de nuestros sentidos y nuestra sensibilidad.
  • Fortalece la capacidad de observación.
  • Nos brinda un territorio donde practicar todos los saberes, ya sean científicos, técnicos o literarios.
  • Es un lugar para compartir, trabajar en equipo.
  • Un espacio donde sentir que el tiempo no puede ahorrarse ni medirse, solo requiere presencia y paciencia.

Un espacio, en definitiva, donde aprender a amar y a cuidar de este sorprendente planeta y de la enorme diversidad de seres que lo habitan.

Favorece la empatía

Los niños disfrutarán del tacto de la tierra, del abanico de colores, sabores y olores; de los continuos cambios de este mundo minúsculo en continua ebullición: una oruga convertida en mariposa, una mariquita echando a volar, una hormiga atrapada entre sus pequeños dedos, el verdor de un brote que asoma con sus hojas diminutas, de la flor que un buen día abre sus pétalos para saludar al sol del mediodía y la glotonería de la babosa que deja esas lechugas, plantadas con tanto cariño, prácticamente esquilmadas...

Las metamorfosis de los habitantes del huerto los incita a desarrollar esa empatía con la que los seres humanos venimos al mundo, una base imprescindible para incorporar el valor del cuidado y la comunicación entre distintas especies.

Saber esperar

Todas las estaciones del año, todos los meses y hasta todos los días, según la temperatura ambiental, la intensidad de la luz, el grado de humedad, la fase de la luna..., el huerto nos invita a sentir y a sentirnos, a mirar el cielo y las estrellas, a contemplar las nubes; nos pone en contacto con el giro de los planetas, y nos muestra el lazo sutil que aúna y vincula todas las cosas.

También nos enseña a vivir los ritmos sin exigencia ni angustia, a aceptar que es preciso esperar varios meses para que salga una flor, germine una semilla o madure un fruto; a comprender, apreciar y respetar la lógica interna que tienen cada uno de esos extraordinarios procesos.

En las tardes de primavera o verano, el frescor y el agradable entorno que proporciona el huerto lo convierten en un escenario ideal para descansar, escuchar un cuento, hacer un dibujo, jugar al escondite, cantar o improvisar un bonito poema: “Tomate, tomatito, rojo, rojito...”.

Y sus productos nos ofrecen inmejorables materiales para desarrollar la imaginación y la creatividad artística: hojas, raíces y ramas para montar vívidos collages; barro, piedrecitas y hierbas para esculturas y “cocinitas”; remolachas, verdín, tomates y pimientos para extraer pigmentos; pétalos y plantas aromáticas para hacer “colonias” o infusiones, diseñar originales collares y pulseras, cocinar exóticos platos...

Niñas y niños van incorporando unos aprendizajes esenciales que marcarán positivamente el resto de sus días sin necesidad de recurrir a grandes discursos, complejos esquemas, ni abigarradas fichas... Este vasto saber lo descubren en la sencillez y la apertura de unas vivencias cotidianas, en la alegría amorosa de compartir la existencia con una gran diversidad de seres de muchos colores, formas y tamaños diferentes, cada uno de los cuales expresa la vida desde su singularidad única e irrepetible.

Confianza y responsabilidad

El cuidado y el trabajo que requiere un huerto ofrece una excelente oportunidad para las personas, tanto niños como adultos, a la hora de desarrollar la cooperación, la solidaridad, la capacidad de organización individual y colectiva, la convivencia y el sentido de comunidad.

Un reciente informe elaborado por la Royal Horticultural Society –organización sin ánimo de lucro del Reino Unido dedicada a promover la horticultura y la buena jardinería– concluye que:

Cuando los niños experimentan en propia persona las tareas que implican el cuidado de los huertos mejoran todas las áreas de su inteligencia y adquieren habilidades para enfrentarse a los desafíos de la vida adulta.

La posibilidad de responsabilizarse de otros seres –además de objetos y materiales– contribuye a:

  • El desarrollo de su autonomía.
  • Su capacidad de tomar decisiones, de planificar, fijar metas, asumir riesgos.
  • Su capacidad para ocuparse activamente de su propia seguridad (por ejemplo, en el manejo de las herramientas).

Todo ello mejora considerablemente su sensación de eficacia personal (no solo es el adulto el que sabe, el que puede...), aumenta su autoestima, la confianza en sí mismos, en los demás y en la vida.

Por último, este contacto directo con la naturaleza también favorece una apertura a esa dimensión interna, silenciosa y profunda de la realidad, que tiene mucho más que ver con el ser, que con el tener o el hacer.

Conocimientos que se pueden tocar

En principio, un huerto educativo no debe tener una finalidad productiva.

Ha de ser ecológico y favorecer observaciones y experimentaciones sobre la vida y sus procesos.

Cuanto más “vivo” esté, más posibilidades de observar, investigar, reflexionar... Sobre todo a partir de los 6-8 años, saber de dónde proceden los alimentos, cómo se cultivan y cuáles son los principales vegetales y animales del lugar donde residimos proporciona una “cultura” ecológica y medioambiental a los niños muy necesaria en el mundo urbanizado en que vivimos.

Además, las actividades al aire libre (quitar hierbas, sembrar...) fortalecen su salud y les permiten adquirir nociones de geometría (tomar medidas, calcular áreas y perímetros...), matemáticas (programar un calendario, planificar la siembra...), lengua (escribir un “diario” del huerto y sus “aventuras”) y ciencias (conocer la vida de los insectos, los procesos de la germinación...).

Etiquetas:  Niños Naturaleza Salud

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