El sabio juego de los niños

CRIANZA RESPETUOSA

Tu hijo no necesita que lo estimules, sí que lo ames

Los niños sanos no necesitan estimulación precoz.

Carlos González

¿Has visto con qué entusiasmo mira, habla, toca, anda, siente? Parece que nada se le pueda escapar, que cada objeto y cada suceso tenga que ser explorado y analizado hasta extraerle todo el jugo.

Hay que recoger cada porquería del suelo, hay que pisar cada charco, hay que pararse en cada escaparate... ¡Qué digo en cada escaparate! ¡En cada ladrillo de la pared! Se pone “deberes”: ahora hay que subir este escalón, y bajar, y subir, y bajar, y volver a subir, y volver a bajar.

Y cuando ya esté dominado, lo haremos más difícil: de lado, o con los pies juntos, o pegando un grito al mismo tiempo.

Jugar es aprender

Una y otra vez se repite cada gesto, cada sonido, cada palabra, y en sus ojos leemos cada vez el profundo orgullo del que ha llegado y la inquebrantable determinación del que piensa seguir más adelante. Los niños que tienen un hermano mayor, lo miran muchas veces en silencio, como si estuvieran analizando y memorizando “lo que tendré que hacer dentro de dos años”.

A todo eso le llamamos “jugar”. Y es una suerte que le llamemos así, porque si nos diéramos cuenta de que es “aprender”, tal vez cometeríamos el error de querer guiarlo, estimularlo, encauzarlo, dirigirlo, reglamentarlo, evaluarlo... Tal vez conseguiríamos tener fracasos del juego, como tenemos fracasos escolares.

Sigamos llamándole juego, aunque con él hayamos aprendido casi todo lo que necesitamos saber en nuestra vida. Porque, seamos sinceros, de todo lo que estudiaste en la escuela, incluso en la universidad, ¿cuántas cosas usas en tu vida cotidiana?

Probablemente lees o escribes cada día, y sumas o restas con cierta frecuencia. Pero ¿cuánto tiempo hace que no sacas una raíz cuadrada? ¿Cuándo fue la última vez que utilizaste un coseno o un logaritmo, calculaste una aceleración o recordaste los afluentes del Guadiana?

En cambio, la mayoría de las cosas que hacemos cada día y sin las cuales no podríamos vivir las aprendimos fuera de la escuela, las aprendimos antes de empezar la escuela, las aprendimos jugando.

No es necesario estimularlo

Los niños sanos no necesitan estimulación precoz, entendida como una técnica específica. El cariño y la atención de los padres son lo único que los hijos necesitan para su correcto desarrollo.

¡No lo “estimules” por favor! Es decir, no realices actividades pensadas y dirigidas a aumentar, mejorar o acelerar su desarrollo psicomotor.

La estimulación precoz es una técnica que se tuvieron que inventar para permitir a los padres hablar, tocar y jugar con sus hijos con una “base científica” y, sobre todo, hacerlo sin temor a mimarlos demasiado.

Solo en estos tiempos se ha dado la curiosa circunstancia de que, por miedo a malcriarlos, algunos niños disponen de suficiente comida y protección, sin el cariño y la atención que deberían acompañarlos.

Tu hijo necesita que sus padres sean padres, no educadores, ni pedagogos, ni psicólogos, ni médicos. Desde que el mundo es mundo, los padres han llevado a sus hijos en brazos, los han mimado, protegido, alimentado y aseado. ¿Que los científicos han descubierto que todas esas actividades “estimulan” el desarrollo de los niños? Enhorabuena. Pero ser padres es mucho más que “estimular”.

Sustituir los brazos y los mimos por una simple “estimulación” es como sustituir una pieza de fruta fresca por una pastilla de vitamina C.

Artículos relacionados