El rol del padre en la lactancia y la crianza

UNA NUEVA PATERNIDAD

Tú, su padre, eres vital en la lactancia y en la crianza

No, no tienes un papel secundario. Pero necesitarás utilizar nuevos recursos para forjar un vínculo intenso con tu hijo.

Luis Ruiz

Ocurre algo curioso: En toda la fase del embarazo, salvo en su inicio..., la madre es la protagonista. Es quien tiene al bebé en su vientre, quien necesita cuidados y atenciones múltiples y quien, sin pretenderlo, encandila la atención de todos. Y, por su puesto, del padre en primer lugar.

Aunque la mayoría de padres modernos acompañamos a nuestra pareja en todos los procesos del embarazo, algunos pueden sentirse poco partícipes en esta situación.

Cuando nos cuenta que hay un retraso o una vez confirmado el embarazo, todo cambia. Esto nos puede preocupar a algunos padres que no tenemos muy claro nuestro papel en esta situación y podemos llegar a sentirnos desplazados, confundidos o poco valorados en nuestra función. También es posible estar muy preocupados por la salud del bebé, de la madre, por el cambio que va a significar en nuestra vida con la pareja...

En cualquier caso, nuestro trabajo como padre necesita iniciarse ya en este momento, pues si una mujer embarazada tiene una pareja que le brinda su apoyo y cariño tiene menos complicaciones durante el embarazo. Es recomendable, por ejemplo, que la acompañemos para mejorar su estilo de vida (dejar de fumar, seguir una alimentación adecuada, hacer ejercicio...) y también en el proceso de preparación para el parto, la lactancia y la crianza.

Cambios para todos

Los nueve meses de embarazo nos han de permitir a todos adaptarnos y prepararnos poco a poco. Los cambios hormonales en la mujer a veces nos pueden sorprender por sus nuevas formas de reaccionar o de pensar. En esta situación, nosotros estamos en desventaja, por lo que nos cuesta entender, por ejemplo, la necesidad impulsiva de “preparar el nido”, de iniciar cambios en la casa, ¡o de casa!, durante este periodo. Es bueno saber que todo esto es normal, de lo contrario, podría distanciarnos si no estamos dispuestos a cambiar con ella.

Los padres necesitamos estar preparados para, por un tiempo, no ser los primeros en la relación con nuestra pareja y nuestro hijo. El dúo madre-bebé tiene tanta fuerza (y ha de tenerla) que nos puede hacer sentir desplazados. Nosotros no tenemos nada tan físico que hacer en esa relación. La madre y el bebé tienen todo lo necesario para estar interactuando continuamente y, desde luego, los padres no hemos de suplantar o impedir que suceda.

¿Y cual es nuestro lugar?

Tampoco es de rigor buscar nuestro lugar alimentando al bebé con un biberón.

Ya quedó atrás la idea de que esto era una manera de ayudar a la madre y de hacer participar al padre.

Solo en situaciones especiales, en las que por alguna razón la madre no ha logrado una lactancia adecuada, el padre puede tomar el papel de administrador de alimento, pero esto ha de ser un sustituto necesario, no una opción deseada. Hay que aclarar que en los casos que hay que dar un suplemento al pecho, si lo administra el padre no produce en el bebé ninguna confusión respecto a quién está alimentándolo. Son dos formas diferentes y el bebé puede compaginarlas mientras sea necesario.

El soporte básico

Los padres participamos de forma indirecta, pero absolutamente imprescindible en el éxito de la lactancia, ofreciendo a la madre la posibilidad de dedicarse exclusivamente a amamantar al bebé:

  • preparando la comida
  • comprando
  • limpiando
  • acompañando...

Es decir, proporcionándoles todo el soporte práctico necesario para que esa relación se establezca de la forma más fuerte.

Somos los máximos responsables de promover que la madre se enamore y aísle con su hijo, y viceversa. Y esto también es entrega.

Siempre se habla de la generosidad de las mujeres que son capaces de darlo todo por sus hijos. Los padres también tienen esa generosidad en un grado igual de importante.

Nuestro propio vínculo

Cuando nace nuestro hijo, aunque tengamos ganas de estar y establecer lazos con él, estos pueden esperar un poco a que la lactancia y el vínculo con la madre esté afianzado.

Que no podamos amamantarlo no significa que no nos enamoremos de él.

Los padres también vamos a realizar este maravillosos proceso de conocernos que llegará a unirnos tanto. En comparación, puede parecer una tarea difícil, porque las hormonas de la maternidad ayudan a que esto sea más fácil, como un flechazo, pero no lo es tanto. Podremos obtenerlo directamente de otras formas:

  • mirándolo a los ojos
  • aupándolo
  • oliéndolo
  • cambiándolo
  • bañándolo
  • paseándolo
  • cantándole...

Es evidente que igual que en el caso de la madre, el contacto físico es básico. El masaje infantil, por ejemplo, es una fórmula excelente para facilitarlo, pero gestos tan sencillos como besarlo, acariciarlo, llevarlo en la mochila... ponen día a día las bases de un vínculo fuerte.

Así, poco a poco, los padres, como las madres, también nos acabamos enamorando de nuestros hijos.

Es posible que en los primeros días, tras un parto más o menos duro, en medio del cansancio y las dudas, la madre esté luchando por conseguir una lactancia exitosa.

En estas circunstancias, las visitas con sus múltiples opiniones suelen crear estrés y angustia. Ahí el padre puede, y debe, actuar apoyando y protegiendo ese dueto madre-hijo. La acción práctica de aislarlos en la habitación para dar el pecho tranquila y estar solícito con los invitados es una misión de suma importancia.

Sola, la madre lactante también puede conseguir una lactancia exitosa, pero es mucho más fácil si cuenta con una pareja que aporta todas esas cosas que inicialmente parecen insignificantes, pero que al final son las que permiten la crianza compartida.

En las situaciones diferentes de familias monoparentales o parejas homosexuales, el rol del padre lo va a realizar otra persona. En muchos casos alguno de los abuelos.

La relación de pareja

Muchas mujeres que amamantan, por la acción de las hormonas, experimentan una falta de deseo sexual. Es normal. En estos momentos, la naturaleza ha primado la crianza para asegurar la supervivencia de la especie. Es una situación pasajera y que ahora invita a relaciones más suaves. Curiosamente, estudios recientes han demostrado que el colecho (dormir con el bebé en la misma cama) produce un efecto similar en el padre. Reduce sus niveles de testosterona y está más receptivo a las necesidades del bebé y más relajado sexualmente.

Prepararse en pareja

Cada vez son más los padres que asisten a las sesiones informativas y de preparación al parto. Ellos también quieren tener herramientas para poder vivir plenamente el nacimiento y la crianza de su hijo.

  • Compartir estos momentos con la pareja nos ayuda a comprender mejor todo lo que le sucede y le preocupa durante el embarazo y tras el parto. Además, nos permite iniciar el vínculo con nuestro hijo y reforzarlo con la futura madre.
  • Los padres también son bienvenidos a los grupos de apoyo a la lactancia, incluso hay asociaciones que preparan encuentros especiales para ellos. Acudir juntos antes del nacimiento ayuda a consensuar un estilos de crianza y a vivir los primeros días con calma.
  • La madre es la que siente si todo va bien con la lactancia, pero el padre puede ser de gran ayuda cuando hay dificultades con el agarre o la posición. La visión de alguien desde fuera permite encararlo correctamente y adecuar el eje de la cabeza del bebé al del pecho.

Más formas de ayudar

  • Solicitar el permiso de paternidad que tenemos todavía en nuestro país e intentar estar presente hasta que este proceso de lactancia y la adaptación de la familia a la nueva situación se haya logrado.
  • Muchos padres se organizan para que los 15 días que nos ofrece el permiso de paternidad se amplíen con las vacaciones. Hacerlas coincidir con el periodo puerperal permite convivir con nuestra pareja el inicio de esta nueva vida
  • Muchas mujeres se encuentran con dificultades de diversa índole cuando el padre ya se ha reincorporado al trabajo. Es muy importante organizar apoyos (familia, amigos...) para que la madre no esté sola en estas circunstancias.
  • Con la incorporación de la madre al trabajo o por la edad del niño, llega un momento en que el bebé inicia una alimentación distinta a la leche. Entonces, podemos mantener la lactancia y ayudar con la alimentación complementaria.
  • Es necesario consensuar la forma de hacer este proceso en el que se debe priorizar el respeto y la paciencia. Dar siempre el pecho primero, dejar que el niño pruebe y juegue con la comida, ofrecerle con cariño alimentos variados y no obligarlo a comer, son premisas básicas para que la lactancia pueda continuar.

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