Todo sobre la Hipertensión y la  Preclamsia

EMBARAZO SANO

Cuida la hipertensión en el embarazo y evita la preclamsia

En la mayoría de los caso la hipertensión no comporta problemas en el embarazo, pero puede ser un indicador de un trastorno más serio, la preclampsia, que conviene descartar.

Emilio Santos Leal

La presión arterial tiende a elevarse ligeramente durante el embarazo, igual que la glucosa en sangre tiende a aumentar, y los glóbulos rojos, a disminuir. Es algo fisiológico, natural, y una consecuencia de la actividad de la placenta. Por eso son cambios que se manifiestan en una gran parte de las embarazadas. El problema aparece cuando la presión arterial aumenta en exceso y, sobre todo, cuando los análisis de sangre revelan la presencia de proteínas en la orina. Ése es un indicio de problemas más serios, ante los que hay que tomar medidas cuanto antes.

La presión alta no es mala en sí misma. El bebé de una mujer embarazada con hipertensión tiene sólo una ligera mayor probabilidad de sufrir alguna alteración que el de una que no sea hipertensa. Ella misma tiene prácticamente los mismos riesgos que una mujer no embarazada. Realmente, la hipertensión no debería ser motivo de gran inquietud si no fuera por una cuestión: la preclampsia. Ante toda mujer con hipertensión tenemos que estar seguros de que no se trata de preclampsia. Y ahí es donde radica el auténtico problema de la hipertensión. En las consultas médicas se considera importante medir la presión arterial en cada visita como parte del seguimiento del embarazo. Esta toma de la tensión es un método para “cazar” los posibles casos de preclampsia, un trastorno grave. Si la presión arterial es alta, se pide una analítica de orina.

¿Realmente es tan grave?

Hoy día es muy raro que una mujer muera durante la gestación. Sin embargo, hace 100 años la muerte acechaba a toda embarazada. Había dos grandes enfermedades mortales: la hemorragia y la toxemia, que actualmente denominamos preclampsia. Se usaba el nombre toxemia porque se pensó que estaba causada por toxinas de algún tipo. Más adelante, los médicos se dieron cuenta de que cuando una mujer empezaba a tener hinchazón (edemas) no sólo en los tobillos, como ocurre a muchas embarazadas, sino en todo el cuerpo, incluyendo la cara, tenía la presión arterial alta, proteínas en la orina y los reflejos en las rodillas aumentados, después sobrevenían convulsiones. Dado que a la toxemia con convulsiones se la llamaba eclampsia, al trastorno diagnosticado antes de llegar este punto se le comenzó a llamar preclampsia.

Referencias actuales

La medicina, en un intento de ser lo más ecuánime posible, tiende a preferir basar sus criterios en aquellos signos cuantificables de forma objetiva. En este caso, la intensidad de los edemas o de los reflejos pueden ser valorados de forma muy diferente por diferentes médicos; no son datos objetivamente cuantificables ni que puedan ser valorados de la misma manera por todos los profesionales. Por eso, para diagnosticar una preclampsia, hoy los médicos prefieren basarse en los parámetros más cuantificables objetivamente: la hipertensión y la proteinuria (presencia de proteínas en la orina).

Éstos son datos cuya medida no varía de un médico a otro o de un lugar del mundo a otro. Así pues, independientemente de los síntomas, se considera que tiene preclampsia una mujer con un embarazo de más de 20 semanas que tenga hipertensión y, además, proteinuria. Por hipertensión se entiende una presión arterial mayor de 140/90 milímetros de mercurio (mmHg), o bien un aumento de más de 30 mmHg en la sistólica o de más de 15 mmHg en la diastólica. Proteinuria es la presencia de proteínas en la orina en cantidad mayor de 0,3 gramos en 24 horas.

Evitar las preocupaciones

A parte de la toma de la presión arterial, ¿exiten otros métodos para detectar la preclampsia? Muchos médicos y matronas, en un intento de “cazar” todas las preclampsias a tiempo, pero también de dar a la presión arterial la importancia que tiene y no más, en todas las consultas del embarazo realizamos una sencilla prueba llamada “tira de orina”. Consiste en invitar a la embarazada a orinar e introducir una tira de test de orina que nos dice si hay proteínas, glucosa, infección... Es una prueba inocua y fácil. Hay algunos científicos, como el eminente obstetra Michel Odent que, preocupados por el efecto perjudicial del estrés que para muchas personas supone tener presiones arteriales en el límite, defienden realizar estas pruebas de orina rutinariamente y, en cambio, mirar la presión arterial sólo cuando la prueba de orina indique presencia de proteínas.

Diagnóstico rápido

La preclampsia grave tiene sólo una solución: extraer al bebé, bien mediante inducción del parto, bien mediante una cesárea. En general, es preferible la inducción, comenzando con prostaglandinas vaginales y continuando con oxitocina intravenosa, porque si el bebé nace por vía vaginal, los síntomas de la preclampsia en la mujer suelen tardar pocas horas en desaparecer, mientras que cuando el bebé nace por cesárea, es habitual que los síntomas persistan varios días e, incluso, semanas. La razón la encontramos en la teoría actual que interpreta la preclampsia como un rechazo inmunológico de la madre contra proteínas del feto: cuando se realiza una cesárea, muchas proteínas procedentes del bebé, de su líquido amniótico y su placenta, pasan a la cavidad abdominal de la madre, donde podrían causar una mayor cadena de reacción de rechazo.

En realidad, sólo se hace nacer al bebé si la preclampsia es grave. Si es leve, se valoran los problemas que podría tener el bebé al nacer varias semanas antes de estar preparado. Si es aún muy prematuro (menos de 34 semanas), antes se le administra durante unos días una medicación para forzar la madurez de sus pulmones. En algunos casos se puede esperar administrando sulfato de magnesio y/o fármacos antihipertensivos a la gestante; pero la enfermedad sólo se cura cuando ha terminado el embarazo.

Actuar con prudencia

En los casos de preclampsia leve es razonable esperar sin iniciar ningún tratamiento; eso sí, realizando una estrecha observación del estado del bebé mediante ecografía Doppler y, sobre todo, de la madre mediante seguimiento de la tensión arterial, los síntomas y las analíticas de sangre y orina. En cuanto se detecta una preclampsia leve, los primeros días la mujer debe estar hospitalizada porque existen algunos casos que son de muy rápida evolución. Una vez se confirma que es leve, y que el estado del bebé y de la madre son buenos, la mujer puede salir del hospital y seguir haciendo su vida, evitando los esfuerzos y el estrés si es necesario, con baja laboral. Debe acudir a revisiones frecuentes, básicamente analíticas de sangre y orina, y pruebas ecográficas. El médico puede valorar si es pertinente la administración de fármacos antihipertensivos. Éstos se administran para evitar sobre todo daños cerebrales a la madre en caso de que surja una crisis hipertensiva. Sin embargo, no se ha demostrado científicamente que bajar la tensión en una preclampsia leve mejore el curso de la enfermedad; por el contrario, podría contribuir a que la situación del bebé empeore al llegar menos flujo sanguíneo a la placenta.

En resumen, cuando se diagnostica preclampsia, es muy importante diferenciar si estamos ante una preclampsia leve o una preclampsia severa, pues el abordaje médico es muy diferente.

Síntomas extremos

Se considera severa aquella preclampsia en la que se da uno de los siguientes signos:

  • Presión sistólica superior a 160 mmHg
  • Presión diastólica mayor de 110 mmHg
  • Presencia de proteínas en orina de más de 2 gramos en 24 horas
  • Disminución de la orina a menos de medio litro en 24 horas.
  • Cantidad de creatinina en sangre superior a 1,2 miligramos por decilitro.
  • Alteraciones cerebrales, como dolor de cabeza severo o convulsiones.
  • Alteraciones visuales: manchas negras en el campo visual (escotomas), visión borrosa o ceguera en un ojo.
  • Encharcamiento de los pulmones.
  • Coloración azulada de los labios (cianosis).
  • Dolores en la zona del estómago o del hígado.
  • Alteración del hígado en las pruebas analíticas.
  • Escasez de plaquetas (menos de 100.000 por milímetro cúbico).
  • Coagulación Intravascular Diseminada: enfermedad que se caracteriza por la producción de una cantidad excesiva de coágulos diminutos.
  • Descomposición de los glóbulos rojos (hemólisis).
  • Crecimiento retardado del bebé o apreciación de alteración de los flujos sanguíneos con la ecografía Doppler.

Estos signos no son otra cosa que una exposición en cifras de la afectación que la preclampsia puede causar en los vasos sanguíneos, los riñones, el cerebro, en los pulmones, el hígado, la sangre, la placenta o el bebé.

Cuando una preclampsia severa se manifiesta mediante convulsiones se llama eclampsia. Cuando una preclampsia severa se manifiesta mediante alteraciones del hígado o de la sangre se llama síndrome HELLP. Ambas situaciones son aspectos graves de una misma enfermedad y, si se dejan a su libre evolución, provocan la muerte de la embarazada y de su bebé.

Las raíces del problema

El bebé puede resultar dañado por la afectación de los vasos sanguíneos de la placenta, que impiden un flujo adecuado de sangre. También resultan afectados los vasos del cerebro, el riñón y el hígado de la madre, que provocan alteraciones en estos órganos. Pero la pregunta importante es, ¿qué causa este daño a los vasos?

Se han puesto a prueba muchas hipótesis. Científicamente no se ha demostrado que los factores dietéticos influyan de forma apreciable. No parece tener ningún efecto en la preclampsia disminuir la ingesta de proteínas, ni la de calorías totales, como tampoco suplementar con vitamina C, D o E.

Podría ser que la suplementación con calcio, magnesio, selenio o bajas dosis de ácido acetilsalicílico enlentecieran algo el curso de la enfermedad, pero no hay certeza de ello.

Tampoco hay base científica para recomendar ejercicio ni, por el contrario, reposo a una persona que sufre preclampsia; ni siquiera para prevenirla.

Las teorías actuales apuntan a que la preclampsia es un trastorno inmunológico. El bebé tiene unas proteínas que proceden genéticamente de su madre y otras que proceden genéticamente de su padre. En el embarazo de una mujer sana, el sistema inmunológico debe hacer un esfuerzo considerable para no generar reacciones de rechazo como las reacciones que se producen en los transplantes a las proteínas del bebé que no proceden de la madre; es decir, las que genéticamente proceden sólo del padre. Según estas teorías, la preclampsia no es sino un fallo en este amoldamiento que hace el sistema inmunológico en los embarazos normales. Hay múltiples datos científicos que apoyan estas teorías:

  • Se sabe que la preclampsia es típica de mujeres que llevan poco tiempo con su pareja.
  • Se sabe que la preclampsia es típica de primeros embarazos.
  • Se sabe que el efecto protector de haber tenido embarazos previos se pierde cuando el bebé que se espera es de una nueva pareja.
  • Se sabe que las mujeres que han recibido transfusiones de sangre procedente de su pareja tienen menor probabilidad de padecer preclampsia en sus embarazos.
  • Se sabe que las mujeres que van a recibir un transplante de sus maridos tienen una mejor tolerancia al mismo si antes han realizado exposición oral a HLA (antígenos leucocitarios humanos) del semen de su marido.
  • Se sabe que el fluido seminal contiene gran cantidad de factores reguladores del sistema inmune.
  • Algunos estudios han comprobado que el hecho de haber tenido relaciones sexuales con exposición (vaginal u oral) al semen de su pareja durante tiempo antes del embarazo es un factor protector contra la preclampsia.

La conclusión es que la exposición repetida al semen establece la tolerancia inmunológica necesaria para un embarazo sano con éxito. Para las mujeres que sufren preclampsia de forma repetida, o para las que acuden a técnicas de fecundación in vitro, se está investigando la posibilidad de administrar factores inmunológicos clave, como los TGF-beta, en el momento en que tengan contacto con las proteínas paternas: al tener relaciones sexuales o en el momento de la transferencia de los embriones.

Emociones en juego

  • En el abordaje de la hipertensión gestacional es necesario tener todos los factores en cuenta. Y algunos de los que más pueden influir en ella son el estrés y la tensión, que estimulan la producción de la adrenalina.
  • Uno de los efectos de la adrenalina es la constricción de una parte de los vasos sanguíneos, para que la sangre llegue mejor a los músculos y el corazón (reacción de lucha o huida).
  • La adrenalina se segrega en respuesta a las situaciones desafiantes, como el miedo y el estrés. Cuando éstos se cronifican pueden afectar a la tensión. El bienestar emocional es, pues, una prioridad para la gestante.

Buenas sensaciones

  • El embarazo es un momento privilegiado en el que la sensibilidad a flor de piel permite detectar con mayor claridad aquellas circunstancias vitales que generan tensión y nerviosismo. Así, puede convertirse en el momento idóneo para atreverse a decir “no” a ciertas cosas.
  • La práctica de ejercicios de relajación –como se enseña en yoga– es una forma excelente de aprender a distender la mente y aflojar nuestra musculatura de forma consciente.
  • Las experiencias agradables y gratificantes generan endorfinas, que tienen el efecto de hacer disminuir la tensión física y emocional. Lo mejor que puedes hacer es rodearte de personas y practicar activides que te hagan disfrutar y sentirte bien.


Convivir con la hipertensión

Dada la gravedad de la preclampsia, es lógico que el médico se preocupe de realizar un seguimiento especial a cualquier embarazada que tenga hipertensión. Ahora bien, en la mayoría de los casos no se tratará de preclampsia, sino de hipertensión gestacional. En ese caso, el abordaje dietético, a diferencia de la preclampsia, sí que tiene sentido.

Las personas con hipertensión deben eliminar de su vida la sal refinada (cloruro sódico casi puro) y sustituirla por una cantidad moderada de sal marina no refinada, ya que ésta, además de cloruro sódico, contiene sales de magnesio, potasio, calcio, silicio, hierro, zinc y otros oligoelementos.

Además, toda persona con hipertensión debe tener cuidado con las bebidas estimulantes del sistema nervioso: café, refrescos con cafeína, té, cacao.

Por supuesto, toda persona con hipertensión, pero también toda mujer embarazada, debe prescindir por completo del tabaco y de todo tipo de drogas.

Realizar ejercicio físico moderado es igualmente beneficioso. Nadar o caminar son dos buenas opciones.


Un embarazo bajo control

¿Qué ocurre si una mujer ya es hipertensa antes de quedarse en estado?

Si una mujer tiene hipertensión crónica, a largo plazo puede tener una mayor probabilidad de sufrir infartos cerebrales o cardíacos y daño al riñón. La mujer hipertensa que se queda embarazada debe seguir con su presión arterial controlada. Los medicamentos preferidos en el embarazo son, según la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia: alfa-metildopa, labetalol, hidralacina o nifedipino. La vigilancia de estos embarazos es especialmente importante porque una preclampsia podría pasar desapercibida.

¿La hipertensión que aparece en el embarazo es necesariamente grave?

No. No todas las hipertensiones que aparecen en el embarazo son graves, porque no todas indican necesariamente preclampsia, aunque sí es necesario realizar pruebas para descartarla. Por ese motivo es muy importante hacer un seguimiento de cerca con analíticas de orina (puede usarse una simple tira reactiva).

Etiquetas:  Bebé Salud Madres Dudas