Libre de diabetes gestacional

EMBARAZO SANO

Embarazo libre de diabetes gestacional

Podemos prevenirla antes y durante el embarazo. Y de la misma manera: siguiendo una dieta saludable, realizando ejercicio y procurando que nuestro peso no llegue a los límites del sobrepeso o de la obesidad.

Julio Basulto

Hay pocas enfermedades que se puedan prevenir tanto como la diabetes tipo 2 (también conocida como diabetes del adulto) o como la diabetes gestacional. No ocurre lo mismo con la diabetes tipo 1, que suele aparecer en la niñez o la juventud y requiere tratamiento médico con insulina durante toda la vida. Afortunadamente, este último tipo de diabetes solo supone 1 de cada 20 casos.

Nada menos que el 90% de las diabetes tipo 2 se pueden prevenir con un buen estilo de vida, según datos recogidos en la edición de febrero de 2006 de la revista Public Health Nutrition. No hay datos fidedignos que indiquen en qué medida puede prevenirse la diabetes gestacional, pero como es una patología muy relacionada con la diabetes tipo 2, se puede hipotetizar que la posibilidad de prevenirla será también muy grande.

Un buen estilo de vida

Por un buen estilo de vida se entiende:

  • evitar el sedentarismo
  • intentar mantener un peso saludable
  • no fumar
  • seguir una dieta equilibrada
  • y consumir la menor cantidad de alcohol posible.

De hecho, en el embarazo está totalmente contraindicada cualquier dosis de alcohol (no existe un nivel de consumo que esté exento de riesgos), y no tanto por su relación con la diabetes, sino porque el alcohol es teratogénico, es decir, puede producir graves daños en el feto.

Beber alcohol en el embarazo supone la principal causa prevenible de defectos congénitos y de trastornos del desarrollo.

El test de detección

La diabetes gestacional se define como una intolerancia a la glucosa o una elevación de la glucosa en sangre (hiperglucemia) que suele detectarse al inicio del embarazo, aunque también puede desarrollarse entre el segundo y el tercer trimestre.

Actualmente se diagnostica mediante un test en el que se valoran los niveles de glucosa en sangre de la madre tras ingerir 50 gramos de glucosa. Si el test sale alterado, se realiza un nuevo test de tolerancia que dura unas tres horas.

En la actualidad existe discusión sobre si sería mejor aplicar nuevos criterios, y si es o no recomendable cribar a todas las mujeres o solo a las que presentan factores de riesgo, como:

  • obesidad
  • edad superior a 35 años
  • haber dado a luz a un hijo de más de 4 kilos
  • antecedentes familiares o personales de diabetes.

Sea como fuere, entre un 1 y un 14% de las mujeres, aproximadamente, padecen esta patología durante el embarazo, aunque es muy probable que el porcentaje se eleve próximamente, a causa de las deprimentes cifras de obesidad infantil en España (tres de cada diez niños padecen exceso de peso).

La diabetes gestacional es una dolencia asociada a una larga lista de riesgos tanto para la madre (preeclampsia, cesárea, heridas perineales y, sobre todo, diabetes tipo 2) como para el bebé (peso superior al normal, roturas óseas e incluso problemas cardiacos).

El hecho de que se pueda elevar el riesgo de padecer diabetes tipo 2 en los años siguientes hace que las precauciones no deban limitarse solo a los meses del embarazo. Es por ello que la prevención debe ser la primera cuestión que deben tener en cuenta todos los profesionales sanitarios, pero también cualquier mujer que esté embarazada o incluso que desee quedarse embarazada en un futuro próximo.

Los kilos y los riesgos

Antes de la concepción, tanto el sobrepeso como la obesidad son los dos factores de riesgo más habituales. Debido a que la prevalencia de obesidad va en aumento en todo el mundo, es previsible que también lo haga el número de mujeres con diabetes gestacional.

Además del exceso de peso previo a la gestación, una ganancia excesiva de kilos a lo largo de esos nueve meses incrementa de manera notable las posibilidades de padecer esta patología. Sin embargo, aunque muchas mujeres ganan más kilos de los que deberían, también es cierto que muchas otras ganan una cantidad normal de peso, pero reciben un mal consejo sanitario debido a la falta de actualización de los profesionales que las atienden. Así lo han observado sendos estudios publicados en octubre de 2011 y en febrero de 2012.

Caso a caso

Tal y como vemos más abajo, a las mujeres con un peso normal se les aconseja ganar entre 11,5 y 16 kg. Las cifras recomendadas son menores para las que tienen sobrepeso u obesidad, ya que en ellas la ganancia excesiva de peso incrementa más el riesgo de padecer diabetes gestacional (y otras dolencias).

La lista siguiente recoge la ganancia recomendada de peso en función del Índice de Masa Corporal (IMC) de la mujer antes del embarazo. El IMC se obtiene dividiendo el peso por la altura al cuadrado. Así, una mujer que pesase antes del embarazo 55 kilos y cuya altura fuese de 1,65 metros tendría un IMC 20,2 (55/1,65 x 1,65 = 20,2 kg/m2), es decir, tendría un peso normal.

Estas son las recomendaciones:

  • Si tiene bajo peso (IMC menor de 18,5), debe ganar de 12,5 a 18 kg.
  • Si su peso es normal (IMC de 18,5 a 24,9), serán de 11,5 a 16 kg.
  • Si tiene sobrepeso (IMC>25), solo aumentará de 7 a 11,5 kg.
  • Si tiene obesidad (IMC>30), se ha de mantener entre los 5 a 9 kg.
  • Si su peso es normal (IMC de 18,5 a 24,9) pero tiene gemelos, aumentará de 16 a 20 kg. –Si su peso es normal (IMC de 18,5 a 24,9) pero con trillizos, 23 kg.

Para prevenir ganar demasiado peso, conviene que el ginecólogo o el dietista-nutricionista monitoricen y supervisen el peso de forma regular, y que den consejos relacionados con la importancia de realizar ejercicio físico a diario y de seguir una dieta saludable durante toda la gestación. Esto es particularmente importante en mujeres que ya padecían exceso de peso antes del embarazo.

Es capital evitar los regímenes de adelgazamiento a base de dietas bajas en calorías (y menos todavía si son dietas ricas en proteínas o “dietas de moda”), ya que no solo no son beneficiosas, sino que además pueden ser peligrosas, debido a la liberación de unas sustancias llamadas cuerpos cetónicos, que pueden atravesar la barrera placentaria y generar daños en el bebé.

Ejercicio en el embarazo

Pese a que Aristóteles (siglo III antes de Cristo) atribuyó, con gran tino, la dificultad sufrida durante el parto como consecuencia de un estilo de vida sedentario de la madre, más adelante el colectivo médico desaconsejó el ejercicio en la gestación. Se pensó que podría dañar al bebé, dar lugar a partos prematuros o provocar un bajo crecimiento fetal. Nada más lejos de la realidad.

En 1985, el Colegio Americano de Obstetras y Ginecólogos (CAOG) propuso limitaciones concretas y estrictas sobre la frecuencia cardiaca y la duración del ejercicio (no más de 15 minutos seguidos). Si las madres eran sedentarias antes del embarazo, no debían comenzar un programa de ejercicios durante la gestación. Por suerte, el mismo CAOG (entre 1994 y 2002 fue eliminando tales restricciones, y hoy por hoy recomienda un mínimo (sin máximo) de 30 minutos de ejercicio moderado todos los días. Todo un cambio.

En cuanto a las actividades vigorosas, las mujeres que ya están llevándolas a cabo antes del embarazo pueden continuar con ellas, siempre que no exista ninguna patología (nefropatía, neuropatía periférica, retinopatía...), algo que debe valorar un médico, mejor si es un médico deportivo, sobre todo si la actividad es extenuante.

En lo que no parece haber discusión es en que se deben evitar las actividades que tienen asociado un alto riesgo de trauma abdominal y el buceo. Y tampoco hay discusión sobre el papel crucial que desempeña la actividad física materna no solo para prevenir la diabetes gestacional, sino también para mejorar tanto el éxito del parto como la salud del futuro bebé.

El riesgo de padecer diabetes gestacional no es el único peligro del sedentarismo: un análisis publicado en julio de 2012 en la revista The Lancet detalló que una de cada diez muertes prematuras (unos 5,3 millones de fallecimientos) se puede atribuir a la inactividad física.

Cuidado con las bebidas azucaradas

Una reciente investigación publicada en Diabetes Care ha observado que las bebidas azucaradas de cola incrementan de forma clara las posibilidades de padecer diabetes durante el embarazo.

  • El Dr. Liwei Chen, junto con otros investigadores de la Universidad de Harvard, siguió a 13.475 mujeres durante 10 años y observó que aquellas que toman cinco o más raciones de bebidas azucaradas de cola por semana presentan un 22% más de riesgo de sufrir diabetes gestacional que las que toman menos de una ración mensual.
  • Como es lógico, el Dr. Chen aconsejó reducir el consumo de bebidas azucaradas en mujeres en edad fértil, no solo para evitar las consecuencias durante el embarazo, sino también para el bien de la salud a largo plazo de sus bebés.
  • En cambio, Maureen Storey, responsable de la Asociación Americana de Bebidas, como era de esperar, negó la existencia de una relación entre estas bebidas y la diabetes.
  • Pero el papel de las bebidas azucaradas en la ganancia de peso y en las patologías asociadas es, hoy por hoy, indiscutible.

Las claves de la alimentación

  • Dieta y diabetes: Una buena alimentación previene tanto la diabetes tipo 2 como la diabetes gestacional. Pero podría contemplarse al revés: una dieta con muchos alimentos “malsanos” (así los denomina la Organización Mundial de la Salud) aumenta el riesgo de diabetes.
  • La evolución: El alejamiento de un patrón de alimentación equilibrada es incesante en España: hasta ocho de cada diez enfermedades crónicas están relacionadas en mayor o menor medida con la dieta.
  • Además de tomar demasiados alimentos superfluos, el estudio Dieta española: una actualización, ha detectado que tomamos menos cereales, hortalizas, frutas y legumbres y más cárnicos (ternera, cerdo, cordero o caballo) de lo recomendado.
  • Esto último es preocupante ya que su ingesta se ha asociado de forma consistente con un mayor riesgo de diabetes. En suma, tomar menos alimentos superfluos y menos carnes rojas y procesadas es beneficioso para prevenir la diabetes gestacional.

¿Eliminar los carbohidratos?

  • Dietas inadecuadas: Prácticamente, todas las "dietas milagro" eliminan los carbohidratos. Se podrían definir de manera resumida como aquellas que prometen mejoras portentosas en la salud de forma rápida, casi sin esfuerzo y sin distinción de grupos de población.
  • Buenas recomendaciones: Aunque todas están desacreditadas por las autoridades sanitarias, lo cierto es que cuando una mujer embarazada es diagnosticada con diabetes gestacional, o se le aconseja una dieta para prevenirla, el primer consejo que suele recibir es que debe limitar su ingesta de carbohidratos simples (azúcares). Y está bien.
  • El problema es que además se le recomienda limitar los carbohidratos complejos, lo que significa eliminar el pan (sea o no integral), la pasta, las patatas, la fruta, etc.
  • Nuevas evidencias: Según una revisión científica de estudios llevada a cabo por la prestigiosa Colaboración Cochrane en marzo de 2013, proponer una restricción de los carbohidratos complejos no se basa en evidencias científicas sólidas.

Cómo seguir una dieta saludable

Para las autoridades en nutrición y dietética, toda dieta sana se basa en:

  • Consumir más hortalizas (tomates, verduras de hoja verde, pimientos, etc.).
  • Y más frutas frescas enteras (no más de un vaso de zumo al día).
  • También más cereales integrales (pan integral –mejor sin sal–, arroz integral, pasta integral, etc.)
  • Más legumbres.

Pero reducir en lo posible el consumo de:

  • Bebidas azucaradas
  • Consumir menos carnes rojas (carne de res, cerdo y cordero)
  • Menos carnes procesadas (embutidos, salchichas y charcutería en general)
  • Menos fast food
  • Y menos alimentos procesados y precocinados.