Infecciones vaginales en el embarazo

EMBARAZO SANO

Embarazo libre de infecciones vaginales

Las paredes de la vagina están recubiertas por una flora de gérmenes que la protegen de forma natural. Durante los meses de embarazo es importante velar por mantener ese delicado equilibrio.

Pilar de la Cueva

La vagina tiene gérmenes. Eso no significa que sea un lugar poco higiénico o que esté infectado. Todos los conductos del cuerpo tienen gérmenes: el intestino, la boca, todo el tubo digestivo hasta su salida al exterior por el ano. Además, están los millones de gérmenes que recubren nuestra piel. Muchos de ellos tienen un papel imprescindible para mantener el cuerpo sano, producir sustancias beneficiosas y evitar que crezcan gérmenes peligrosos.

En la flora vaginal de una mujer sana coexisten de modo pacífico y sin crear problemas muchos tipos de bacterias, hongos y virus, en un equilibrio preciso. El germen más abundante es el bacilo de Doderlein, un bacilo láctico que protege la vagina frente a las infecciones, impidiendo que se multipliquen otros gérmenes que podrían ser dañinos o causar molestias.

Aprende a observarte

En el embarazo, es normal que el flujo sea más abundante, y que haya cierto cambio en el olor. Algunas mujeres que conocen bien su cuerpo saben, ya desde el principio, que están embarazadas por estos sutiles cambios. Conforme avanza la gestación, el flujo va siendo más abundante, sobre todo en las mujeres que ya han parido antes, porque el cuello –que está cerrado por un tapón de moco denso– y la vagina se engruesan y producen más secreción. El tapón mucoso del orificio del cérvix sólo se desprende horas o días antes del parto y es espeso, verdoso y puede tener vetas de sangre. En cualquier caso, conviene consultar con la matrona o el médico si hay picor, escozor, sangrado, o si el color cambia de repente, volviéndose muy verdoso, amarillo como pus, o si su aspecto nos parece anormal.

Los transtornos más frecuentes

En el embarazo, los cambios hormonales y del pH pueden, en algún caso, favorecer las infecciones.

• Hongos

Es la infección más frecuente y no implica que el contagio sea del exterior. Casi siempre se debe a un cambio en el pH, con aumento de azúcares de la vagina de la embarazada, más la existencia previa de una cantidad de esporas de hongos mayor de lo habitual. También puede aparecer por la toma de un antibiótico que hace que las esporas germinen y los hongos invadan la vagina. Producen picor, escozor, flujo blanco o algo verdoso, como en grumos –similar al yogur– y, a veces, molestias al orinar. Se trata fácilmente con medicamentos especiales para hongos en forma de óvulos vaginales o crema, que también se tiene que extender por la zona vulvar.

Existe otro modo de tratar algunas infecciones vaginales, como por ejemplo introduciendo una cantidad importante de lactobacilos, o comprimidos de vitamina C, para cambiar el pH e inducir el crecimiento de gérmenes protectores, que ganan el terreno a los hongos. Cuando hay infecciones repetidas en la mujer conviene que la pareja sexual se trate también. Si las infecciones son muy frecuentes, se suele descartar que la mujer tenga diabetes, alguna enfermedad que baje las defensas o que esté tomando antibióticos con frecuencia. Es muy útil hacer cambios en la dieta para tener el intestino más sano, evitar el exceso de azúcares y aumentar el consumo de vegetales frescos.

• Vaginosis bacteriana

Es una infección debida a la alteración del ecosistema vaginal, producida por un germen (gardnerella o hemofilus), con proliferación de otros gérmenes que normalmente están presentes en poca cantidad. Cuando se acompaña de inflamación, en algunos casos, puede predisponer a un parto prematuro al afectar a la bolsa de las aguas y al útero. La gonococia puede producir una enfermedad en los ojos del bebé, si la padece la madre. Por esta razón se ponen gotas en sus ojos al nacer, de forma preventiva, aunque nunca deben hacerse antes de que se produzca el primer contacto madre-bebé.

• Tricomonas

Es un protozoo que se mueve, se ve muy bien al microscopio y produce picor, escozor, dolor en la vagina e incluso en la vejiga, junto con dificultad para orinar. El flujo es amarillento con pequeñas burbujas. Es una infección que se transmite por vía sexual. Casi siempre inflama el cérvix y conviene tratar a la pareja.

• Sífilis, herpes, SIDA, hepatitis...

Estas infecciones producen secuelas, infección o malformaciones en el bebé. Todas ellas se transmiten por vía sexual y se analizan al inicio del embarazo para verificar que la madre no las padece.

• Clamydia, micoplasma...

Algunas infecciones no dan síntomas, porque son virus que no producen flujo o por que son bacterias que se esconden en las células. Pueden causar problemas de infertilidad.

• Herpes

Es un virus cuya infección se da en brotes repetidos con mucho dolor y escozor, y causa vesículas que, al romperse, dejan escoriaciones en la vulva.

Un caso aparte

El estreptococo aglactiae es una bacteria que forma parte de la flora normal del intestino, y que está presente en la vagina de algunas mujeres sin producir problemas.

Cuando el cultivo del flujo de la vagina al final del embarazo da positivo para este germen, es frecuente que si el bebé tiene una infección generalizada tras el parto sea por dicha bacteria. Este tipo de infección es grave pero se da en raras ocasiones. En realidad se trata de una variación de la normalidad en la composición de la flora vaginal, pero que, estadísticamente, supone un poco más de riesgo para el bebé.

De cualquier forma, hay otros factores que aumentan el riesgo de infección, como la realización de tactos vaginales repetidos en el parto, la colocación de electrodos en la cabeza del bebé para controlar el latido cardiaco –que es bueno utilizar sólo en casos necesarios– o la rotura artificial de la bolsa de las aguas en el parto, que no debe hacerse si no hay necesidad.

En el protocolo que actualmente sigue la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia se aconseja tomar muestras a todas las mujeres, y poner tratamiento en el parto con antibióticos a las que tienen la bacteria en la vagina, recto u orina. Otros países, como Reino Unido, han elaborado guías de actuación basadas en la evidencia científica en los que no aconsejan este procedimiento para todas las mujeres.

Por otra parte, se están realizando estudios científicos para intentar tratar este exceso de bacterias con sustancias que no sean antibióticas, porque se ha observado que, al reducir este germen, ha aumentado la frecuencia de infecciones por otros gérmenes presentes en el intestino de manera habitual.

Dejarte en paz y confiar en la capacidad natural de tu vagina

Algunos textos aconsejan hacer un masaje en el periné de cara al parto para que haya menor riesgo de desgarros, y muchas mujeres creen que es necesario hacerlo. Por una parte, no se deben aconsejar intervenciones no probadas totalmente, y por otra, es importante que la mujer sepa que la vagina está perfectamente preparada por la naturaleza para dilatarse. La mayoría de los desgarros severos pueden prevenirse no forzando a la madre a empujar ni haciendo masaje en el parto –ese sí es malo y predispone a que se rasgue e inflame el tejido –, sino permitiendo que la mujer se coloque en la posición que su instinto le indique. La posición tumbada boca arriba es la que más promueve los desgarros.

Además, hay que evitar dar a la embarazada órdenes que le hagan tener la sensación de ser mala madre si no las cumple, o sentir la inseguridad de no saber si lo está haciendo bien, ya que toda fuente de estrés entorpece el parto y afecta al bebé.


¿Qué altera el equilibrio de tu vagina?

  • El uso de antibióticos. También destruyen los gérmenes protectores, lo que hace que se dispare el crecimiento de los gérmenes patógenos, sobre todo de los hongos.
  • Cambios en el pH de la vagina.
  • Gérmenes en dosis grandes introducidos durante las relaciones sexuales.
  • Inflamaciones de la vagina por roces o traumatismos.
  • Diabetes. Cuando está descompensada aumentan los azúcares en la vagina, cambia el pH y se dan infecciones rebeldes por hongos.
  • La dieta con un exceso de azúcares.

¿Qué cuidados necesita esta zona tan sensible?

  • Durante la gestación no hay que hacer nada especial para cuidar la flora vaginal, pero sí evitar situaciones de riesgo en las que se puedan contraer infecciones que pueden llegar a ser peligrosas tanto para el bebé como para la madre:
  • No mantener relaciones sexuales sin preservativo cuando existe un riesgo de contagio.
  • Evitar las irrigaciones o desodorantes vaginales que alteren el pH y la flora vaginal, permitiendo que los gérmenes patógenos proliferen con facilidad.
  • No utilizar tampones. Si hay mucho flujo es mejor cambiarse de ropa interior con más frecuencia que introducir tampones en la vagina. También conviene evitar los lubricantes y cualquier otra sustancia de uso vaginal.
  • La vagina no debe lavarse nunca en el caso de una mujer sana, pero menos aún durante los meses de embarazo, ya que tiene su propio sistema para ir desprendiéndose de las sustancias que le sobran, expulsándolas hacia el exterior.

4 remedios a tu alcance

  1. En el caso del estreptococo, se están probando los lavados vaginales con clorhexidina, que es un antiséptico.
  2. Un modo de mejorar las condiciones de la flora vaginal es reponer gran cantidad de bacterias tipo lactófilo, que no dejan crecer a los gérmenes patógenos. Se venden en farmacia en forma de óvulos o de líquido ya preparado para introducir en la vagina. Son útiles para tratar infecciones banales también fuera del embarazo.
  3. Un método más casero es introducir en la vagina yogur natural, no azucarado, mediante una jeringa (sin aguja) o un aplicador de los que venden en farmacia para uso vaginal.
  4. El ajo es conocido por sus propiedades antibacterianas. Para poder utilizarlo se debe envolver en una gasa, sin retirar la capa fina y trasparente que queda al pelarlo, y atravesarlo con un hilo para extraerlo en unas horas, o antes si produce picor.

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