Embarazo libre de intervenciones innecesarias

EMBARAZO SANO

Evita una intervención excesiva durante tu embarazo

Las nuevas recomendaciones oficiales buscan favorecer la evolución natural, tanto del embarazo como del puerperio.

Isabel Fernández del Castillo

La Estrategia de atención al parto normal, elaborada por el Ministerio de Sanidad y publicada por primera vez en el año 2007, ha comportado numerosos cambios en el modo de asistir a las mujeres cuando están dando a luz. Basándose en la evidencia científica, no solo trata de reducir la medicalización innecesaria de este proceso natural, sino que también busca brindar una atención más adecuada a las necesidades de las mujeres.

Sin embargo, esta profunda transformación aún está en proceso, y para facilitarle al personal sanitario la adaptación a este nuevo sistema de trabajo se han ido publicando diferentes guías de práctica clínica. La más reciente es la Guía de práctica clínica de atención en el embarazo y puerperio, cuyo objetivo es revisar la idoneidad de la asistencia que se ofrece actualmente a las embarazadas. Este documento afirma que:

“El respeto a la evolución natural del embarazo debe presidir toda la atención sanitaria, y cualquier intervención debe ser valorada para ser aplicada solo si ha demostrado beneficio y está de acuerdo con las necesidades y deseos de cada mujer”.

Prácticas distintas

Las pruebas de rutina en el embarazo son uno de los aspectos a los cuales se le ha prestado especial atención en este trabajo. Y es que la modificación de algunas recomendaciones que se venían haciendo hasta el momento suponen un cambio importante en la manera de actuar. Estos se pueden observar concretamente en:

Quién realiza el seguimiento

A pesar de que hasta ahora el control de la gestación lo realizaba principalmente el obstetra, se ha demostrado que es igualmente seguro si lo hacen la matrona o el médico de cabecera. Por tanto,

“Se recomienda que los cuidados prenatales en las gestaciones sin complicaciones sean proporcionados por las matronas y el médico/a de familia, con la participación del resto de los/las profesionales sanitarios de los equipos de atención primaria y el apoyo de la unidad obstétrica correspondiente”.

La exploración ginecológica

Esta práctica puede aumentar el riesgo de ruptura prematura de membranas, y no aporta beneficios adicionales. Así pues,

“Se sugiere no realizar tactos vaginales ni la maniobra de Hamilton como procedimiento de rutina en aquellas mujeres con un embarazo sin complicaciones antes del término, y que no tengan ninguna indicación de finalización de la gestación”.

Las ecografías

Por rutina, se estaban haciendo tres: una, entre las semanas 11 y 13; otra, en la 20; y la última, entre las semanas 32 y 35.

En cambio –si bien las dos primeras tienen una utilidad reconocida–, la guía estima que realizar una exploración ecográfica rutinaria después de las 24 semanas no se ha relacionado con ningún beneficio ni para las gestantes ni para los recién nacidos, e incluso podría asociarse a una mayor tasa de cesáreas.

De ahí que hoy en día se aconseje:

“la realización de dos ecografías durante el embarazo en mujeres sin factores de riesgo (semanas 11-13 y semana 20) y no realizar ninguna rutinaria en el tercer trimestre”.

Otras pruebas innecesarias

Cuando la embarazada está sana no es preciso realizarle una exploración mamaria para detectar un cáncer de mama, ni una citología que descarte el cáncer cervical (siempre y cuando se la haya hecho en los cinco años anteriores).

Otros ejemplos de exámenes que se pueden evitar son: La pelvimetría mediante rayos X, porque aumenta el riesgo de cesárea sin aportar beneficios adicionales, o la monitorización fetal antes de la semana 40 de gestación, en mujeres embarazadas sin riesgo de desarrollar complicaciones.

¿Y el control de los niveles de glucosa?

Hoy en día, a todas las mujeres gestantes se les realiza la prueba de O’Sullivan en el segundo trimestre, para detectar lo antes posible si han desarrollado diabetes gestacional. Aun así, la guía afirma que no se ha comprobado la eficacia de someter a todas las mujeres a dicho examen.

En su lugar, recomienda realizarla ya en el primer trimestre cuando las mujeres tienen un índice de masa corporal superior a 30, antecedentes de hijos macrosómicos de más de 4,5 kg o familiares con diabetes de primer grado, porque tienen un mayor riesgo. Y aunque los resultados sean normales, deben repetirla en las semanas 24-28.

En cuanto a la prueba, el consumo de una chocolatina ofrece resultados tan válidos como la ingesta de 75 ó 100 gramos de glucosa.

Controles recomendables

De la misma manera, este documento también considera necesario mantener otras pruebas que sí han demostrado su utilidad, como, por ejemplo:

  • Calcular el índice de masa corporal de la mujer en la primera visita para hacer un seguimiento del aumento de peso.
  • Vigilar la presión arterial y la presencia de proteína en la orina para descartar indicios de preeclampsia.
  • Controlar que aparezcan factores de riesgo de diabetes gestacional, anemia y otros posibles trastornos...

Complementos vitamínicos

En cuanto a la prescripción de suplementos nutricionales durante el embarazo, la guía aclara algunos aspectos importantes.

  • Hierro. A la mayoría de mujeres embarazadas se les diagnostica anemia porque sus niveles de hematíes y hemoglobina son más bajos de lo habitual, pero esto es una respuesta fisiológica del cuerpo para satisfacer las necesidades concretas de este periodo. Por eso, en este documento se considera que los valores de hemoglobina adecuados en la gestación deberían estar entre los 9,5 y 10,5 g/dl, y no entre los 11,5 y 14,5 g/dl, que suelen tener las personas que no están embarazadas. En consecuencia, solo se sugiere tomar suplementos de hierro cuando la tasa de hemoglobina es inferior a 11 g/dl en el primer trimestre, a 10,5 g/dl en el segundo o a 11 g/dl en el tercero, ya que, si no existe una anemia real, se asocia a un aumento de la presión sanguínea.
  • Ácido fólico. En este caso sí que se recomienda suplementar a todas las gestantes, ya que, si se toma durante el embarazo, disminuye significativamente el riesgo de que los bebés nazcan con defectos del tubo neural o de que se interrumpan las gestaciones a causa de diversas malformaciones fetales.
  • Yodo. En poblaciones con déficit de este elemento químico, se ha observado que su suplementación durante el embarazo mejora el desarrollo psicológico y neurocognitivo infantil, pero aumenta el riesgo de sufrir disfunción tiroidea en el posparto. Por este motivo no se debería prescribir por sistema, sino que se tendría que tener en cuenta la presencia de yodo en la región donde viva la mujer y su alimentación, porque:

“aquellas que no alcanzan las cantidades diarias recomendadas de ingesta de yodo con su dieta (3 raciones de leche y derivados lácteos + 2 gramos de sal yodada)” sí deberían tomarlo en forma de complementos nutricionales.

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