Infecciones y pérdidas de orina

SALUD MATERNAL

Infecciones y pérdidas de orina en el embarazo

Durante la gestación, el aumento de la presión en la zona pélvica hace necesario tener un mayor cuidado para prevenir problemas de incontinencia e infecciones que pueden aumentar el riesgo de parto prematuro.

Pilar de la Cueva

La mayoría de mujeres experimentan la desagradable sensación de tener un escape de orina en algún momento del embarazo o el posparto. Muchas otras notan un descenso del útero y la vejiga, o la reaparición de la incontinencia conforme avanzan los años. La información de que disponen es escasa, pero aun así no acostumbran a dirigirse al médico, viviendo su problema con vergüenza. Sin embargo, es imprescindible comentar, prevenir y tratar a tiempo estos problemas desde el inicio del embarazo o en la consulta del ginecólogo cuando se planifica la gestación.

Un funcionamiento preciso

La vejiga es un órgano hueco que almacena la orina que desciende desde los riñones a través de dos tubos llamados uréteres. Al orinar, exprime el líquido para que salga al exterior a través de la uretra, un conducto situado en la parte anterior de la vulva, justo por encima del orificio vaginal. Su pared está formada por fibras y el fuerte músculo detrusor, que al contraerse ayuda a la micción.

Dos mecanismos consiguen que la orina, habitualmente, no se escape: el esfínter o músculo circular que cierra la salida a la uretra y un especial ángulo de inclinación de la vejiga respecto al tubo de salida, que impide las pérdidas. Entonces, ¿por qué se escapa la orina? Cuando hay pérdidas involuntarias de orina se dice que la mujer tiene incontinencia urinaria. Los tipos más frecuentes son dos:

  • Incontinencia de esfuerzo. Se produce cuando la mujer hace un esfuerzo como saltar, toser o moverse. Puede ser intensa, si ocurre con cualquier tipo de movimiento y varias veces al día, o solo ocasional, si la orina se escapa al realizar grandes esfuerzos. Ocurre por una caída de la posición de la vejiga dentro de la cavidad vaginal –médicamente se llama cistocele–, y puede llegar a asomar por la abertura en su forma más grave. La mujer suele notar un bulto, que a veces confunde con un tumor. Cuando es grande, la vejiga no se logra vaciar del todo al orinar, lo que puede favorecer la aparición de infecciones por retención.
  • Incontinencia de tipo micción imperiosa. La vejiga se contrae de modo espontáneo, sobre todo si hace frío o la mujer oye correr el agua, y se pierden pequeñas cantidades sin haber hecho ningún esfuerzo. Afecta más a mujeres mayores, con alguna enfermedad o que toman medicamentos. En este caso no suele haber bulto, pero podría existir y confundirse. La diferencia la evaluará un especialista.

Causas de su mal estado

Hay muchas razones por las que una mujer de hoy en día puede llegar al embarazo con problemas de vejiga, aunque aparentemente ningún síntoma la ponga sobre aviso de esta posibilidad:

  • Malos hábitos. La costumbre femenina de aguantar la orina cuando se siente la primera “llamada” afecta socialmente a la mujer desde niña. No les ocurre lo mismo a los varones: ellos no suelen esperar cuando necesitan orinar, y tienen el acceso más fácil. Cuando el primer aviso no es atendido una y otra vez, la vejiga deja de avisar, y solo lo hace cuando está mucho más distendida por un volumen mayor de líquido. Así, se va agrandando con el tiempo y pesa más, como un saco lleno, teniendo más posibilidades de descolgarse. Por otra parte, miccionar empujando para acabar pronto también causa debilidad en los músculos y las fibras de los tejidos que rodean a la vejiga y vagina: el suelo pélvico.
  • Estreñimiento. Provoca la costumbre y necesidad de hacer mucha fuerza a la hora de defecar. Esta presión se transmite a los músculos de todo el suelo de la pelvis, y también a la parte anterior que rodea a la vejiga, empujándola hacia fuera.
  • Desequilibrio muscular. Poca flexibilidad en la pelvis y poca fuerza en los músculos pélvicos y abdominales desencadenan un estado de desequilibrio muscular que facilita el descenso de la vejiga. Las causas son la poca actividad física en una sociedad cada vez más sedentaria, la costumbre de sentarse en sillas en vez de en cuclillas y la inmovilidad de la zona pélvica que imponen las costumbres sociales.
  • Obesidad. En las personas que son obesas aparece un aumento de la presión intraabdominal, que se transmite hacia abajo, abombando el suelo de la pelvis y haciendo descender los órganos.

Cambios inevitables

Durante los meses de embarazo los tejidos están mucho más flexibles. Algunas mujeres tienen los músculos pélvicos muy fuertes, pero otras no tienen resistencia muscular suficiente para sostener los órganos del abdomen en su sitio –por la presión que produce el útero en crecimiento y la falta de espacio–, y la vejiga desciende. A esta circunstancia hay que añadir que, en el primer trimestre, el útero aún está muy abajo y no deja espacio para la vejiga. Finalmente, en el último trimestre, la cabeza del bebé baja y deja poco sitio a la vejiga, que tiene dificultades para llenarse: con frecuencia, la gestante ha de ir al baño muchas veces al día, y levantarse de noche. Al realizar pequeños esfuerzos, puede perder algo de orina.

Durante el posparto

En las dos primeras semanas muchas mujeres notan incontinencia, sobre todo si han tenido un parto largo –por la compresión de la cabeza del bebé– o si le han puesto la epidural, que produce una gran relajación de los tejidos. Lo habitual es que esta incontinencia se resuelva sola o con ayuda de ejercicios. Tras los seis meses de puerperio, cuando el bebé empieza a tomar alimentos diferentes de la leche materna, se inicia el proceso de subida del nivel hormonal de estrógenos, y los tejidos se fortalecen, desapareciendo la tendencia al escape de orina en según qué situaciones.

En un porcentaje pequeño de mujeres el problema persiste. No deberían callarlo por vergüenza, ya que rehabilitar a tiempo puede prevenir muchas complicaciones.

La práctica de ejercicio

Es la mejor manera de fortalecer los tejidos que sujetan la vejiga.

Pilates. Ejercicios como el Pilates fortalecen los músculos trasversos y el abdomen de modo muy completo. En general, son beneficiosos todos los ejercicios que hacen que el suelo pélvico se eleve en vez de descender (hipopresivos).

  • Ejercicios de Kegel. Consisten en la contracción voluntaria e intermitente de los músculos que cierran la vagina. Se suele decir que para aprender a hacerlos es adecuado parar la micción a la mitad, pero una vez detectados los músculos que conviene trabajar, debe hacerse como ejercicio una vez al día. Con constancia, se obtienen buenos resultados en la mayoría de los casos. Hay que tener cuidado; sin supervisión, algunas mujeres los hacen de modo incorrecto y empujan cuando creen estar contrayendo; o bien los contraen bien pero, al soltar, empujan en vez relajar, lo que provoca una mayor salida de la vejiga.
  • Pesos progresivos. De venta en farmacias, son unas pequeñas pesas que se introducen en la vagina con el objetivo de mantenerlas un rato dentro sin que se caigan. Conforme los músculos internos van ganando fuerza, se puede pasar a pesas mayores.
  • Bolas chinas. Similares a los pesos, van más allá del ejercicio de contracción, ya que los músculos detectan la pequeña vibración de las bolitas que las propias bolas chinas llevan dentro. Las hay de diferentes formas y tamaños, y todas llevan un hilo de silicona para que puedan ser extraídas con facilidad. Su uso regular fortalece mucho los músculos y corrige incontinencias leves o moderadas.
  • Cirugía. Solo cuando no se ha intervenido a tiempo con ejercicios y otras técnicas, la vejiga puede llegar a bajar tanto que sea imposible de recuperar. El modo de intervenir dependerá de la movilidad de la uretra: se puede fruncir la vejiga con un hilo, o bien colocar una pequeña cinta de malla bajo el orificio de salida para corregir la dirección anormal del conducto. Suele ser una intervención sencilla, con anestesia local o regional.

Este es un problema que se debería prevenir desde la infancia. En la escuela habría que hablar con las niñas sobre el tema y no impedir que fueran a orinar si lo necesitan.

Se trata de fomentar que estén atentas a sus propias necesidades y que aprendan a cuidarse desde temprana edad, sin supeditar sus necesidades a las de los demás.

Consejos para cada etapa

  • En la gestación. Las recomendaciones básicas son tres: vaciar la vejiga con la frecuencia que sea necesaria, estar atenta a cualquier síntoma de dolor o escozor al orinar –para tratar la infección de orina lo más pronto posible– y hacer ejercicios para fortalecer el suelo pélvico orientada por la matrona o fisioterapeuta.
  • En el parto. Es importante evitar los pujos dirigidos o muy largos, que es justo lo que se indicaba antes a la mujer de parto. Hoy sabemos que es mucho mejor que empuje según sus necesidades. Si lo hace en posición vertical, aprovechará la fuerza de la gravedad. También puede empujar en cuclillas o de rodillas. Conviene evitar la postura tumbada boca arriba, incluso si lleva anestesia epidural.
  • En el puerperio. Este es un problema que no se tiene que subestimar ni tampoco dejar pasar: si hay incontinencia más allá de los primeros días, la madre reciente debería acudir a una especialista en fisioterapia para que evalúe su caso y la ayude a superarlo. Algunos países de Europa facilitan a todas las mujeres una consulta con un especialista en suelo pélvico en el posparto inmediato.

Buenas costumbres

En el día a día

No se debería aguantar la orina cuando se siente la necesidad de ir al baño. Si la vejiga está muy distendida, hay que proponerse vaciarla cada dos horas, aunque no se tengan ganas. Cuando deje de llenarse tanto, porque se va vaciando con regularidad, su pared irá cogiendo más fuerza y dará antes la señal de tener ganas de miccionar. Las primeras semanas es importante estar atenta a las señales del cuerpo.

Actividad deportiva

Si se practican deportes de impacto, no hay que hacer presión con el abdomen hacia abajo en el momento de saltar, dar con fuerza a una pelota o correr.

Esfuerzos controlados

Cuando cogemos un peso o hacemos un esfuerzo como reír o toser, tendríamos que evitar la presión abdominal con empuje de la vagina –y, por lo tanto, de la vejiga, con la que comparte pared– hacia fuera. Por ejemplo, si vamos a coger un paquete pesado del suelo, antes tenemos que contraer los músculos vaginales. Cuando se realiza esa toma de conciencia, y se ejercita, se llega a hacer de manera automática.


Tendencia a las infecciones

Influencia hormonal

Durante la gestación existe una mayor propensión a contraer cistitis porque la orina baja más despacio por el uréter desde el riñón a causa del efecto relajante de la progesterona. Si la vejiga se infecta, es más fácil que los gérmenes asciendan; y si llegan al riñón, el riesgo de tener un parto prematuro aumenta considerablemente.

Controles rutinarios

De forma preventiva, durante los controles del embarazo se suelen hacer analíticas de orina a todas las embarazadas para detectar infecciones que no den síntomas.

También es conveniente acudir al médico para hacer una analítica si hay escozor, dolor o dificultad para orinar, si se nota la sensación de necesitar orinar muchas veces y se hace poca cantidad, si se siente dolor al orinar, o si hay presencia de sangre en la orina.

Tratamiento

Suele ser con antibióticos, para evitar riesgos. Aun así, conviene tomar medidas de estilo de vida para mejorar la salud de la vejiga y prevenir recaídas.


El papel de la alimentación

  • La dieta puede ser de gran utilidad para prevenir las infecciones de orina. Es importante seguir una alimentación sana que incluya frutas y verduras frescas, sobre todo las más ricas en vitamina C, que ayuda a eliminar gérmenes.
  • También es básico beber suficiente agua.
  • Si las infecciones son frecuentes, se puede recurrir a los extractos de arándanos, que se comercializan en farmacias y herboristerías.