Perder un embarazo

MATERNIDAD INTERRUMPIDA

Perder un embarazo

Es una situación triste e inesperada. Al abordarla no solo necesitamos tener en cuenta los aspectos médicos, sino también los emocionales.

Emilio Santos Leal

Un aborto es una gestación que se interrumpe cuando el nuevo ser, por su grado de desarrollo, no podría sobrevivir fuera del útero materno, esto es, cuando pesa menos de 500 g o tiene menos de 22 semanas.

Si la gestación se detiene más tarde de las 22 semanas, recibe el nombre de muerte fetal y se aborda de una manera diferente.

Signos para reconocerlo

El síntoma típico es la expulsión de sangre o coágulos. El proceso puede durar unas horas o días y acompañarse de vómitos y diarrea. Termina, de forma natural, cuando se expulsa la bolsa con el embrión y la placenta. Con menos de 13 semanas, la bolsa suele salir íntegra; con más de 14, los síntomas suelen ser más intensos y puede haber contracciones similares a las de parto. Si la placenta quedara retenida, ocasionaría una persistencia de los síntomas y el sangrado podría dar lugar a situaciones graves. En todo aborto de más de seis semanas debe haber una asistencia médica.

A menudo, un aborto se detecta sin que haya habido síntomas previos, en una ecografía de rutina en la que no se aprecia el latido el corazón o en una analítica, realizada tras una ecografía que crea dudas, en la que se aprecia una discrepancia entre el valor de la hormona beta-HCG y el esperado para la edad gestacional.

Cada situación es única

  • Huevo huero: Es una gestación en la que se ha formado la bolsa gestacional, pero no el embrión. Suele tratarse de un embrión que ha dejado de vivir cuando mide menos de un milímetro. Habitualmente, se expulsa espontáneamente sin más síntomas que los de una regla, por lo que una opción es tan solo esperar. Si la mujer prefiere terminar antes, se puede recurrir tanto al tratamiento farmacológico como al quirúrgico.
  • Aborto bioquímico: Es el que ocurre tan pronto que los síntomas no se distinguen de una regla que se ha retrasado dos semanas como mucho. Se llama bioquímico porque sin el test de embarazo no se detectaría. Médicamente se conoce como “aborto preimplantacional”: ocurre antes de que el óvulo fecundado se implante en el útero. No necesita tratamiento ni seguimiento.
  • Aborto tardío: Es el aborto que se produce cuando la gestación es de más de 14 semanas (y menos de 22), es decir, en el segundo trimestre. El 85% de los abortos suceden en el primer trimestre.
  • Aborto provocado: Desde el año 2010, la ley permite a cualquier mujer mayor de 16 años tomar la decisión de abortar antes de las 14 semanas, siempre que sea en un centro médico. Si se trata de un embarazo de más de 14 semanas, el aborto solo se permite en caso de riesgo grave para la madre o enfermedad incurable del feto. A partir de la semana 22, solo si se detectan en el feto “anomalías incompatibles con la vida o una enfermedad extremadamente grave e incurable”.

Causas más habituales

La mayoría de los abortos ocurren en el primer trimestre, y en más de la mitad de los casos la causa principal suelen ser anomalías de los cromosomas, que en su mayoría ocurren por azar, es decir, no hay nada que se pueda hacer para evitarlas. En algunos casos –los menos– estas anomalías cromosómicas son hereditarias. El estudio para identificarlas se reserva a parejas que sufren abortos repetidamente o en cuyas familias se han dado casos de malformaciones congénitas.

La edad de la madre es un factor que aumenta la probabilidad de sufrir un aborto: a los 22 años, el riesgo de perder un embarazo es de un 11%; a los 27 años, un 12%; a los 32, un 15%; a los 37 sube hasta el 25%; al cumplir los 42, al 51%; y, finalmente, a los 47 años llega al 93%.

Otros factores de riesgo son:

  • el síndrome del ovario poliquístico
  • la diabetes
  • las alteraciones tiroideas

Aunque un correcto control médico elimina el peligro. El consumo de tabaco, café o cocaína también influyen.

En cambio, tener naúseas o vómitos parece disminuir la probabilidad.

Los tratamientos

En cuanto se detecta, si eres Rh negativo se te deben administrar anticuerpos anti-Rh para evitar problemas en embarazos posteriores.

Si el aborto es completo, no hace falta ningún tratamiento adicional, aunque es fundamental tener la certeza de que no se trata de un embarazo fuera del útero. Se caracteriza por la desaparición del dolor y el sangrado. El diagnóstico se realiza mediante ecografía, confirmando que el contenido del útero tiene menos de 1,5 cm de espesor. Si hay dudas, se hace una analítica cada dos días para seguir la evolución de la hormona beta- HCG (la que se usa para los test de embarazo). Se piensa en un embarazo fuera del útero cuando este se ve vacío pero el nivel de beta-HCG es mayor de 1.800 miliunidades por mililitro.

Si el aborto es incompleto, el tratamiento puede ser quirúrgico, farmacológico o expectante:

1. Tratamiento quirúrgico

En embarazos de más de 10 semanas, se suele comenzar con la administración de prostaglandinas por la vagina o vía oral, con el fin de ablandar el cuello del útero. Una vez en el quirófano, se introducen unos dilatadores que lo van abriendo progresivamente hasta los 6-10 mm, según el tamaño del embrión.

Seguidamente, se hace la extracción. Se realiza mediante aspiración, si el embrión tiene entre 7 y 12 semanas, o con pinzas, si es mayor de 12 semanas. Si se elige la aspiración, la analgesia suele ser local; si se van a emplear instrumentos, se opta por la sedación intravenosa.

Hasta hace poco, el aborto espontáneo se trataba quirúrgicamente para prevenir posibles infecciones y hemorragias. Actualmente, algunos estudios muestran que estas complicaciones afectan a una proporción muy pequeña de mujeres, por lo que el tratamiento quirúrgico queda relegado a circunstancias específicas (hemorragia intensa y persistente, inestabilidad hemodinámica, tejidos infectados, sospecha de enfermedad trofoblástica...), o si la mujer lo prefiere.

Optar por el tratamiento quirúrgico tiene algunas ventajas:

  • se puede programar
  • se completa en menos tiempo
  • la expulsión ocurre siempre en un centro sanitario
  • tiene una tasa de éxito cercana al 99% y permite realizar un estudio anatomopatológico, lo que es recomendable si existen dudas en el diagnóstico.

2. Tratamiento farmacológico

Tras la administración de prostaglandinas por vía vaginal (cuatro comprimidos, uno cada cuatro horas), suele aparecer dolor abdominal y un sangrado similar a una menstruación que dura unos nueve días. Si el sangrado es muy intenso o prolongado, hay signos de infección o han quedado restos, hay que recurrir al tratamiento quirúrgico. Conviene confirmar por ecografía que el aborto ha sido completo.

Se suele preferir el tratamiento farmacológico cuando se trata de un embarazo de pocas semanas, si la mujer no desea una intervención quirúrgica, en mujeres obesas (evita las complicaciones quirúrgicas derivadas de la obesidad), o cuando hay malformaciones, miomas o intervenciones previas.

Está contraindicado en caso de anemia grave, alteraciones de la coagulación o asma severo.

3. Tratamiento expectante

Consiste en esperar un desenlace espontáneo. Es una opción razonable para quien lo desea, siempre que no existan signos de infección o excesivo dolor o sangrado. Se han realizado pocos estudios científicos que comparen los resultados de ambos tratamientos, pero los datos sugieren que los niveles de éxito son equiparables, si bien, según la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO), en el caso del tratamiento expectante hay más riesgo de aborto incompleto, hemorragia y necesidad de recurrir a la extracción quirúrgica.

Pero hay mujeres que prefieren abordar este momento desde la intimidad de sus hogares, acompañadas emocionalmente por las personas que ellas elijan.

Abordaje emocional

La recuperación lleva su tiempo. A los tres meses, una de cada cuatro mujeres que han abortado sigue afectada; al año, una de cada diez. Es importante que las personas cercanas a alguien que ha sufrido un aborto estén abiertas a las diferentes expresiones de sentimientos, sin evitar hablar del tema y sin juzgar: rehuirlo puede conducir a las mujeres a una sensación de aislamiento e incomprensión.

Otra tendencia perjudicial es minimizar el proceso y el duelo: si se está acompañando a alguien que ha sufrido un aborto, lo mejor es respetar que sea la propia persona quien valore cuán importante es lo que ha sucedido para ella. Quien lo ha sufrido puede necesitar acompañamiento sin más. Según muchos psicólogos, es recomendable que los padres que han pasado por ello realicen algún tipo de ritual de despedida si lo creen necesario. Por ejemplo:

  • Puede servir ponerle un nombre y seguir nombrándolo cuando se hable de los hijos de esa familia, o de los hijos de esa mujer.
  • Comprar un objeto infantil que tener en las manos y en los brazos un tiempo y que sirva a modo de acompañamiento físico en el duelo.

Pero quizás no estamos ante una amenaza de aborto

Un sangrado vaginal no siempre vaticina un aborto. El 95% de las gestaciones con actividad cardiaca fetal y sangrado vaginal entre las siete y las once semanas van a evolucionar bien.

¿Cómo se debe actuar?

Se recomienda reposo, pero no hay que descuidar la parte emocional. Varios estudios demostaron que las ovejas perdían más embarazos si eran perseguidas por perros, y las roedoras si se las exponía a machos desconocidos. Eso apunta al estrés como causa.

¿Cuál es el seguimiento?

  • Se realiza una ecografía vaginal, con la que se pueden obtener varios resultados.
  • Si se observa un embrión normal con latido cardiaco y placenta no suele hacerse ningún seguimiento añadido.
  • Si se aprecia un acúmulo de sangre tras la placenta (hematoma retrocorial) se hacen ecografías cada cierto número de días para ver su evolución, aunque lamentablemente no sirven para evitar un desenlace negativo.
  • Puede no detectarse latido, pero el embrión es pequeño o no se ve. En este caso se repite la ecografía al cabo de una semana o dos. Si a la semana no evoluciona, se confirma el aborto.
  • Si hay latido, toca reposo.
  • Si la imagen evoluciona pero no hay latido, hay que descartar una gestación fuera del útero.

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