"Es fácil dejarse manipular por esta sociedad"

ENTREVISTAMOS A GABRIELLA BIANCO

"Qué fácil es dejarse manipular por esta sociedad"

La sociedad actual nos hace dudar de nuestra sabiduría, y para evitar que esto les pase a nuestras hijas es necesario que crezcan confiando en su propio cuerpo.

Isabel Fernández del Castillo

Gabriella Bianco es Psicóloga perinatal, Socia fundadora de la Asociación Española de Psicología Perinatal y especialista en salud y psicología de la mujer en todas las etapas de la vida, sobretodo durante la maternidad. Introdujo en España el Canto Carnático, una práctica de origen hindú que favorece que las mujeres se beneficien del poder de su voz durante el embarazo y el parto.

Ser madre es esta sociedad, ¿es una suerte o una locura?

Es, si duda, todo un desafío. Parece que hemos olvidado cómo consiguió sobrevivir la Humanidad a lo largo de la historia a pesar de las adversidades, lo importante que fueron los cuidados para el bienestar de la especie. Sin embargo, la sociedad actual hace la vista gorda frente a las necesidades afectivas de la primera infancia, y no considera la conciliación de la vida familiar y laboral como una prioridad. Por otra parte, lo “civilizado” condiciona la construcción de la identidad femenina con ideales inalcanzables, aísla al ser humano y mediatiza cualquier aspecto de su vida.

Por eso, yo diría que ser madre en este mundo, encontrando el punto de equilibrio entre el extraordinario avance tecnológico y la confianza en los recursos biológicos para el bienestar materno-infantil que “viene de serie”, ¡es un gran reto!

¿Crees que el sistema sanitario comprende la importancia del periodo perinatal?

Gracias a la investigación en el ámbito de la Salud Primal [el periodo que abarca desde la concepción hasta el primer año de vida], sabemos que lo que sucede alrededor del nacimiento es fundamental para sentar las bases de una buena salud para toda la vida, y que la calidad del primer vínculo entre madre y bebé determina las matrices de nuestras futuras relaciones e interacciones sociales.

Y ese conocimiento, ¿ha producido cambios efectivos?

El sistema sanitario está realizando un esfuerzo para adecuar el tipo de asistencia a la última evidencia científica, pero es preciso seguir trabajando para que el cambio se vea reflejado en una sociedad más saludable y consciente, en la que la llegada de un bebé se celebre como el momento cumbre de una historia de amor, en lugar de verse como un recorrido insidioso, cargado de riesgos que debemos combatir y controlar con la ayuda de poderosas máquinas.

Las mujeres (y los hombres) reciben mensajes de que su cuerpo es inadecuado, ya desde la adolescencia. ¿Influyen estos en su salud y en su futura maternidad?

Por supuesto. Los mensajes se transforman en “verdades” que nos sitúan en un lugar vulnerable, donde nos convertimos en mujeres (y hombres) incompletas, incapaces, “no suficientemente buenas”. Y desde esta posición es fácil desconfiar de nuestra sabiduría y fisiología, dejarse manipular y delegar la responsabilidad de nuestra existencia, de nuestra maternidad…, en quienes aceptamos poner en el lugar de “autoridad”. Perdemos fuerza, salud y, finalmente, a nosotras mismas, como mujeres y madres.

La depresión pospartoes un fenómeno del mundo desarrollado. ¿Cuál es la postura de la psicología perinatal al respecto?

El sistema psiconeuroendocrino de la mujer está perfectamente diseñado para gestar, parir y amamantar a su cría. ¿Cómo es posible que la naturaleza quiera a una madre triste, incapaz de vincularse y de criar con amor? La psicología perinatal amplía la mirada sobre sus causas (una atención médica despersonalizada, una sociedad que no ofrece un espacio adecuado a la maternidad, soledad y aislamiento…) y hace hincapié en la necesidad de un buen diagnóstico diferencial, así como de una atención psicosocial preventiva que vaya más allá de la intervención clínica tradicional y protocolizada.

¿Qué le dirías a las madres de niñas y jóvenes adolescentes?

Que busquen espacios de reflexión y encuentro con sus hijas para repensar los clichés que han entorpecido el desarrollo de su identidad como mujeres y madres, afectando a su autoestima, y así poder reconstruirse en el reencuentro con su esencia, su feminidad y su autenticidad. Desde allí puede resultar más fácil y divertido acompañar a nuestras hijas a crecer como mujeres conocedoras de sus ciclos, conscientes del poder de las hormonas, confiadas, amorosas y compasivas (ante todo consigo mismas), ciudadanas críticas y transformadoras.

Y a las mujeres que desean ser madres, están embarazadas o tienen un bebé, ¿qué les aconsejas?

Que escuchen su voz interior, aquella que suele acertar. Que se unan en grupos, con mujeres de su misma etapa vital y situación, grupos reales, de mujeres y bebés de carne y hueso para abrazarse, amamantar, danzar, cantar, reflexionar, reír y crecer juntas.

Si estás de parto, ¡canta!

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