Sexo y Embarazo

EMBARAZO FELIZ

Sexo en el embarazo: mitos y tabúes fuera

Este periodo representa una parte importante de la vida sexual de la mujer. Al disfrutar del placer con la pareja, además de preparar tu cuerpo para el parto, es positivo para el bebé.

Carmela Baeza

La riqueza del ser humano resulta sorprendente. Es bonito descubrir que cuerpo y alma forman una sola unidad, mi yo, y ver cómo yo voy evolucionando a lo largo de la vida. Los cambios que sufre mi cuerpo me cambian a mí, y en el campo de la sexualidad, esto está muy claro: la mujer es mujer desde su concepción hasta su muerte, y muchas de las experiencias que tiene a lo largo de la vida la hacen sentirse más o menos mujer. Es lo que llamamos proceso de sexuación. Al hombre le ocurre lo mismo, ya que este tipo de vivencias también pueden hacerlo sentir más o menos masculino.

El fenómeno de la sexuación es más evidente, pero por supuesto no exclusivo, en los momentos reproductivos. Las relaciones íntimas, el embarazo, el parto, la lactancia y la crianza de los hijos son momentos muy sexuantes, tanto para la mujer como para el hombre.

El embarazo es un hecho sexual porque tiene que ver con el sexo de la mujer que está embarazada. Solo ella tiene la capacidad de gestar un bebé en su interior, de manera que lo habitual es que en esta etapa de su vida se sienta más mujer.

Falsas imágenes

Sin embargo, dicho sentimiento va a estar influido y matizado por su historia personal de sexuación. ¿Se siente bien como mujer? ¿Se siente a disgusto consigo misma porque ha sido ridiculizada a causa de no gustarle alguna parte de su cuerpo? ¿Deseaba el embarazo? ¿Estaban de acuerdo ella y su pareja en tener un hijo? ¿Vive su sexualidad con complicidad con su pareja o lo hace como una batalla? ¿Se siente inferior al hombre? Según la mujer va tomando conciencia de este nuevo estado, va cambiando el modo de relacionarse con los demás y consigo misma, y según sean las respuestas a estas y otras muchas preguntas, la forma de vivir el embarazo será diferente.

También es importante la idea que la mujer ha construido en su cerebro sobre la gestación. Estamos bombardeadas por imágenes de mujeres embarazadas idealizadas, con ese maquillaje discreto a la par que radiante, sentadas sobre un sofá blanco con sus blusas blancas, sus sonrisas blancas y sus cabellos ondeando en la brisa mediterránea mientras se acarician una barriga redonda y perfecta. Esta imagen está lejos de lo que una mujer embarazada normal y corriente ve cuando se mira al espejo, o cuando echa un vistazo alrededor de su casa, puesto que es muy difícil tenerlo todo impoluto si estás vomitando por las esquinas o si tienes otros dos niños pequeños a los que atender.

Esta disparidad de la realidad con la fantasía puede causar dificultades en la autoimagen y la vivencia de la sexualidad en el embarazo.¿Cómo voy a ser atractiva en este estado?”, se puede llegar a preguntar la mujer o “¿Cómo me voy a dedicar tiempo a mí misma para cuidarme o a mi pareja, si tenemos la casa como la tenemos?

Conocer a otras embarazadas nos puede ayudar a tener un punto de vista más realista. Eso sí, a ser posible juntémonos con embarazadas que disfruten de esta “normalidad” con paciencia y humor.

Perspectivas distintas

En la pareja, es posible vivir el embarazo como un regalo que mujer y hombre reciben juntos, como una sorpresa, como un triunfo de una sobre el otro, o viceversa, como una carga, como un secreto… Y todo ello construirá, o dañará, a la mujer como mujer, y en su relación sentimental.

Conviene recordar que, por muy empático y tierno que sea nuestro hombre, no puede llegar a comprender lo que sentimos durante este periodo. Algunos incluso se muestran abiertamente impacientes cuando su mujer dedica horas y horas a leer artículos y libros sobre maternidad, o cuando le pide que la acompañe a 15 sesiones de preparación al parto. Esto también es parte de nuestra diferencia sexual.

Para la mujer, el parto es un momento crucial, y según se acerca, su predisposición a enfocar la atención en él es cada vez mayor (sobre todo con el primero, o también con el segundo cuando el primero ha sido muy difícil), y siente una necesidad imperiosa de estar bien preparada.

En cambio, para el hombre, el parto no es un momento personalmente tan trascendental (ojo, hablo del parto como hecho puntual, no de la paternidad, que sí lo es). Para ellos, el momento en el que su mujer da a luz puede ser una experiencia de gran dificultad si lo viven como una circunstancia que pone en peligro la vida de su mujer y la de su bebé, en la que ellos no pueden hacer nada para protegerlos. Y la protección de los suyos está inscrita a fuego en los hombres. Así que es importante que estos sentimientos se hablen durante el embarazo.

Que el hombre acepte y abrace la necesidad de la mujer de leer y hablar del parto, que la mujer pueda aceptar y abrazar que su pareja le diga que prefiere no ir a todas las sesiones de preparación. El diseño original sexuado de nuestra especie contempla más bien que quien acompañe a la mujer en su proceso emocional de embarazo y parto sea otra mujer. En definitiva, son sentimientos que se deben hablar y explorar sin miedo.

Sin interpretar que no compartir cada instante significa un “no te quiero”.


El cuerpo cambia

El embarazo nos cambia tanto a nivel físico como a nivel hormonal, y no todas las mujeres transitamos por esta etapa de igual manera.

  • En el primer trimestre, el clima hormonal puede hacer que tengamos náuseas y vómitos, y por ello disminuir nuestro deseo sexual, que no nuestro amor hacia la pareja (¡es importante recordarlo!). Muchas mujeres sienten una mayor sensibilidad en los pezones y comienzan a sentir cómo sus pechos cambian y aumentan de tamaño. Esto puede provocar que aquellas que lo han pasado mal con su autoimagen por tener el pecho pequeño disfruten mucho de estos primeros meses en los en que aún no tienen “barriga” y lucen un gran escote. Por el contrario, otras se sienten hinchadas y no se ven bien. También es posible que aumente el deseo de tener relaciones sexuales, incluso algunas afirman sentirse liberadas de no tener que pensar en la anticoncepción, o a la inversa, que se eviten por la hipersensibilidad o el malestar que sienten. Además, el cansancio extremo o el sueño suelen ser bastante habituales en esta fase de la gestación.
  • En el segundo trimestre, el clima hormonal es estable, así que suele ser el mejor. Normalmente, desaparecen las náuseas y los vómitos, así como el cansancio, y solemos sentirnos llenas de energía. Nuestro cuerpo va cambiando: la tripa ¡ya se nota!, y aumenta la lubricación y la vascularización de la vagina, lo que facilita lograr orgasmos más intensos, favoreciendo así los encuentros amorosos.
  • En el tercer trimestre, las cosas cambian un poquito. Cada vez cogemos más peso, el bebé va ocupando nuestro abdomen, el útero empuja el diafragma hacia arriba, y este a las costillas, de tal manera que respiramos peor, nos cansamos más y, con frecuencia, tenemos acidez. La redistribución de líquidos puede hacer que tengamos las piernas hinchadas y cansadas, incluso doloridas.

Una cuestión personal

Hay mujeres que viven su barriga como un regalo, y la lucen y presumen de ella, mientras que otras la ocultan o la disimulan porque no quieren verse “gordas”, bien sea por conflicto con su autoimagen o por otras dificultades más profundas, aunque, igualmente, ambos polos están dentro de la normalidad. Tampoco es agradable para muchas mujeres verse con la cara o los tobillos hinchados, o lucir las estrías en la playa.

Lógicamente, según sea nuestra vivencia nos sentiremos más a gusto con nuestro cuerpo, tendremos más o menos ganas de salir a la calle, o de tener encuentros amorosos con nuestra pareja. Puede reaparecer en este tercer trimestre el miedo a dañar al bebé, normalmente por falta de conocimientos de la anatomía de la mujer. Algunas afirman que los movimientos fetales durante el coito las distraen del momento erótico que están disfrutando con su pareja, mientras que, por su parte, otras sienten que su hijo también disfruta del “subidón” de oxitocina.

La expresión sexual durante el posparto es diferente. En los primeros meses la mujer estará totalmente volcada de forma natural hacia su bebé, tanto psicológica como hormonalmente, y el día a día suele estar dominado por el cansancio y la falta de sueño. Esto hace que sea importante mantener un diálogo fluido con la pareja, que facilite la adaptación de ambos a la nueva situación, el reconocimiento de las peculiaridades de la etapa y las necesidades de cada uno, así como un trabajo consciente por parte de los dos para cuidar al otro y nuestras relaciones en esta nueva etapa vital.

Pero eso viene después, ahora disfrutemos de toda nuestra capacidad de expresión sexuada durante el embarazo.

Puede ser la ocasión de aprender muchas cosas nuevas.

Encontrar las posturas más cómodas

Recuerda que cada embarazada tiene una vivencia sexual distinta. No hay un guión preestablecido sobre lo que es “normal” o esperable en esta etapa de la vida.

  • Si sientes que has perdido el deseo, puede ayudarte el concertar citas con tu pareja, como cuando erais novios. Para muchas mujeres es muy excitante el hecho de anticipar y preparar un encuentro sexual.
  • La comunicación es esencial, así que explícale a tu pareja cuáles son tus necesidades, qué te apetece o qué te resulta incómodo en este momento. Si tienes más sensibilidad de la habitual en los pezones, por ejemplo, buscad posturas en las que te pueda acariciar, explícale cómo hacerlo...
  • La comodidad es clave para el coito. No hay unas posturas mejores que otras, mientras disfrutéis. Algunas mujeres prefieren controlar ellas la profundidad de la penetración, y por eso se ponen encima del hombre tumbado, o se sientan sobre el hombre que también está sentado. Esto las hace sentir más seguras.
  • Siempre que en la posición elegida el hombre esté erguido detrás de la mujer, la penetración será más profunda y puede resultar molesta, aunque en ningún caso es peligrosa para el bebé.
  • Debido al aumento de la vascularización de la vagina y la vulva en el tercer trimestre, es posible quedarse con una sensación de insatisfacción tras el orgasmo. Un masaje suave en la zona, tumbada de espaldas, suele ayudar.

Goza con tu pareja sin preocupaciones

Que las relaciones sexuales en el embarazo pueden ser peligrosas para el bebé es un mito sin fundamento, incluso la ciencia ha demostrado que son saludables.

  • Muchas parejas afirman tener miedo a mantener relaciones coitales por si pudieran dañar al bebé, provocar un parto prematuro o hasta la pérdida del bebé. Esto es más habitual si se ha tenido un aborto previo. No hay ningún estudio que relacione los abortos espontáneos con las relaciones coitales de la mujer: la bolsa amniótica y el cuello del útero protegen al bebé.
  • El orgasmo genera la hormona que dirige el parto (oxitocina), pero en una cantidad que no puede desencadenarlo a menos que este sea inminente y que el cuello del útero, ya maduro, tenga suficientes receptores de oxitocina. Además, las contracciones del orgasmo ayudan a mantener el útero flexible.
  • Las relaciones solo se evitarán si hay una amenaza de parto prematuro.
  • El coito en los días próximos al nacimiento, es decir, una vez que el útero ya está preparado, sí puede desencadenar el parto. Hay parejas que deciden mantener relaciones sexuales para ayudar a que el parto se inicie y cuentan que es una experiencia muy intensa.

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