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Los tipos de pruebas del embarazo (y cómo funcionan)

A pesar de que los avances tecnológicos permiten conocer más detalles sobre el desarrollo del bebé, muchas de estas pruebas no han demostrado tener ningún beneficio.

Emilio Santos Leal

"Que no haya complicaciones y que venga con salud” suelen decir las embarazadas cuando se les pregunta si prefieren niño o niña. Este deseo suele ir de la mano de la necesidad de asegurarse de que el bebé crece según lo esperado durante estos nueve meses, algo muy fácil de conseguir hoy en día gracias a las múltiples pruebas que ofrece el sistema sanitario. Sin embargo, este abanico de métodos de diagnóstico, en lugar de aportar tranquilidad, ha generado un nuevo peligro: el estrés de las madres. Por eso, la nueva Guía de práctica clínica de atención en el embarazo y el puerperio, creada por el Ministerio de Sanidad, afirma que “el respeto a la evolución natural del embarazo debe presidir toda la atención sanitaria, y cualquier intervención debe ser valorada para ser aplicada solo si ha demostrado beneficio alguno y está de acuerdo con las necesidades y deseos de cada mujer”.

El primer trimestre de embarazo

Una vez estás embarazada, nuestro sistema sanitario prevé un mínimo de visitas para comprobar el desarrollo del bebé y tu salud.

En la primera visita, que se realiza a las 10-12 semanas de gestación, repasarán tu historial médico para comprobar que el embarazo no es de riesgo y te darán algunas recomendaciones generales. En las guías oficiales recomiendan calcular el índice de masa corporal, de cara a controlar el aumento de peso, y vigilar la presión arterial y la presencia de proteínas en la orina, para descartar indicios de preeclampsia, así como de factores de riesgo de diabetes gestacional, anemia y otros posibles trastornos o indicadores de determinadas infecciones.

También te preguntarán si tienes antecedentes personales o familiares de diabetes, alteraciones de la tiroides y, en general, cualquier aspecto que haya que tener en cuenta.

1. Ecografía (12 semanas)

La ecografía de este primer trimestre se realiza cumplidas las 12 semanas después de la última regla. No debe adelantarse ni atrasarse. En ella se mide al embrión, para saber su edad con precisión, y el pliegue nucal, con el fin de descartar posibles anomalías cromosómicas. También sirve para saber si hay más de uno, y en el caso de ser una gestación gemelar es importante ver cuántas placentas hay, algo que solo se puede apreciar en la ecografía del primer trimestre, porque luego ya no se puede diferenciar.

2. Análisis de sangre

La analítica se hace, entre otras razones, para confirmar que los niveles de ciertos componentes sanguíneos, como la hemoglobina y la glucosa, son los adecuados, lo que permite descartar la anemia o la diabetes, respectivamente. Estos valores se mirarán en todos los análisis que te hagan durante la gestación. También sirve para determinar tu grupo sanguíneo y Rh, para detectar infecciones como el VIH o la sífilis, para saber si tu sistema inmunitario ha creado defensas frente a infecciones como la rubéola y la toxoplasmosis, así como para estimar la probabilidad de que el bebé sufra síndrome de Down u otras alteraciones cromosómicas. Por esta razón, es preferible hacer esta prueba entre las semanas 10 y 12.

3. Análisis de orina

El análisis de orina es otra de las pruebas que pueden hacerte aprovechando esta primera visita, ya que las infecciones urinarias son más frecuentes durante el embarazo y tienen un mayor riesgo potencial.

El segundo trimestre

La siguiente consulta está programada entre las semanas 20 y 21, una edad gestacional lo suficiente avanzada como para poder observar con precisión la anatomía del bebé, y lo bastante temprana como para poder interrumpir el embarazo legalmente, en el caso de que se detectará alguna patología grave.

1. Ecografía (20 semanas)

La ecografía de las 20 semanas tiene como objetivo detectar posibles anomalías morfológicas en el bebé, y permite conocer con un aceptable grado de certeza si es niño o niña. Mediante esta prueba, se examina con detenimiento el sistema nervioso central, el corazón y la salida de sus grandes vasos sanguíneos, los pulmones, el estómago, el intestino y la pared abdominal, los riñones, la vejiga y las cuatro extremidades.

2. Análisis de sangre

La analítica del segundo trimestre observa los valores de los primeros meses, volviendo a comprobar que no tienes toxoplasmosis, si no eres inmune. Pero su eje central es la glucosa. Además de medirse en sangre, el protocolo de la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia recomienda que todas las gestantes, existan o no factores de riesgo, se hagan la prueba de O’Sullivan para saber la capacidad que tiene el organismo de metabolizar la glucosa.

El tercer trimestre

Ya en la recta final del embarazo se hace un mayor número de pruebas, aunque algunas de ellas no han demostrado ningún beneficio, de manera que podrían evitarse.

1. Ecografía (32-36 semanas)

La ecografía entre las semanas 32 y 36 sirve para confirmar la posición de la cabeza del feto y para estimar su crecimiento: midiendo el diámetro de la cabeza, el perímetro del abdomen y la longitud del fémur, se calcula el peso. Para poder extraer conclusiones es fundamental tener certeza sobre la edad gestacional, y esto, en la mayoría de los casos, solo es posible si existe una ecografía del primer trimestre. Con esta prueba también se valora la cantidad de líquido amniótico y dónde se sitúa la placenta, para asegurarse de que no se trata de una placenta previa que obstruye la salida del bebé. En el norte de Europa, esta ecografía se limita a las gestantes que en el segundo trimestre parecían tener una placenta baja o cuyo abdomen no crece lo suficiente, pero sí se mide la altura del útero en cada visita. En España, actualmente, la guía del embarazo estima que “realizar una exploración ecográfica rutinaria después de las 24 semanas no se ha relacionado con ningún beneficio en los resultados de las gestantes o los recién nacidos, y podría asociarse a una mayor tasa de cesáreas”. Por lo tanto, no la considera necesaria.

2. Análisis de sangre

La analítica en esta etapa es importante para revisar el estado de coagulación de tu sangre, sobre todo si deseas usar la epidural, porque así se sabe si eres propensa o no a que se te formen hematomas. Como en muchos centros se hace el mismo día que ingresas para el parto, solo se prescribirá en el tercer trimestre si se sospechan ciertas alteraciones (problemas de tiroides, de anemia...).

3. Exudado vaginal

El exudado vaginal es una prueba que se hace entre las semanas 37 y 39 para detectar la posible presencia de bacterias en el canal del parto, como el estreptococo, que pudieran afectar a la salud del bebé al entrar en contacto con ellas durante su nacimiento. En el caso de que los resultados sean positivos, es necesario administrar antibióticos a la mujer embarazada.

4. Monitorización fetal

La monitorización fetal, aunque se haga a partir de la semana 37 cada cuatro o siete días, es innecesaria “antes de la semana 40 de gestación en mujeres embarazadas sin riesgo de desarrollar complicaciones”, según la guía del embarazo.

5. Tactos

Los tactos en el embarazo pueden aumentar el riesgo de rotura prematura de membranas, y no aportan beneficio alguno. Es más, la guía sugiere que no se realicen como rutina si el embarazo no presenta complicaciones y si no hay ningún indicio de que el parto ha comenzado.

En definitiva, pruebas solo las realmente necesarias para evitar un estrés innecesario. En cambio, es vital que te cuides tanto física como emocionalmente, pues tu bienestar y felicidad beneficia la salud física y mental de tu bebé.

¿Qué perdemos con tantas pruebas?

Desde que contamos con tantas pruebas a nuestro alcance, las embarazadas pueden sentirse más seguras y tranquilas durante la gestación. En cambio, y teniendo presente que el embarazo es un estado natural y saludable, se ha perdido o desvalorizado la propia sabiduría y conexión interna que nos dice si todo va bien.

Pareciera que sabemos más de nuestros hijos por verlos tanto como sea posible a través de las ecografías, pero algunas madres prefieren realizarse las mínimas pruebas y permanecer atentas a las señales de su propio cuerpo, que en estos momentos es receptor y transmisor de los mensajes y necesidades del bebé.

Precaución: intenta evitar el estrés

El seguimiento del embarazo a veces parece una carrera de obstáculos. Poner énfasis en la normalidad es esencial para el bienestar de las madres y los bebés.

Existen estudios recientes que ponen de manifiesto que el estrés en el embarazo tiene un impacto negativo sobre la madre y el bebé. Paradójicamente, una de las principales causas de este estrés tiene que ver con el exceso de medicalización y la preocupación por la salud del bebé, a menudo sin motivo.

El abanico de prueba al que tiene acceso la madre para controlar que el bebé está bien pone mucho el acento en todo lo que puede ir mal, generando una angustia innecesaria. Muchas embarazadas van a la consulta como si fueran a pasar un examen muy fácil de suspender, y es que la que no tiene sobrepeso, no pesa lo suficiente, y la que no, tiene el azúcar o la presión arterial alta, o el hierro, la hemoglobina o las plaquetas bajas...

En algunos casos pueden producirse “falsos positivos” (todas las pruebas tienen un margen de error), pero la angustia que vive la madre es la misma, y afecta al bebé, ya que ambos comparten el mismo estado emocional/hormonal.

Pruebas polémicas

Además, se da la circunstancia de que algunas pruebas son controvertidas, como el test de O'Sullivan, que sirve para detectar la diabetes gestacional. En España, esta prueba se realiza a todas las embarazadas, mientras que en otros países se reserva para aquellas mujeres que tienen factores de riesgo. Por su parte, la guía del embarazo recomienda realizarla entre las semanas 24 y 28, a pesar de afirmar que “no se ha probado su utilidad en mujeres sin factores de riesgo”.

Las pruebas también pueden suponer un riesgo en sí mismas si se realizan de manera inadecuada o demasiado pronto. Por ejemplo, algunos estudios con animales han demostrado que realizar ecografías en etapas tempranas del embarazo podría afectar a delicados procesos de formación del embrión, ya que interfiere en la migración neuronal de las células. Por esta razón, realizar una ecografía antes de la semana 12 de gestación no solo no es útil, sino que puede suponer un riesgo innecesario.

¿Puedo negarme?

  • Hoy en día existen algunas discrepancias entre las recomendaciones de la guías elaboradas por el Ministerio de Sanidad, las prácticas en otros países europeos y el calendario de pruebas que tenemos establecido aquí.
  • La ley de Autonomía del Paciente te permite decidir las pruebas médicas que deseas que se te realicen o no. La gestación es un caso especial porque afecta a dos personas (madre y bebé), pero la ley te ampara para decidir por él.

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