Cómo compensar la desconfianza en tu lactancia

LACTANCIA FELIZ

Cómo compensar la desconfianza en tu lactancia

Creer que con la propia leche el bebé no tendrá alimento suficiente es la duda más habitual. Infundada, como tantas. En este artículo se describe qué podemos hacer para conseguir que esas dudas desaparezcan y que el período de lactancia sea relajado y placentero.

Luis Ruiz

Cuando, en cualquier momento de nuestra vida, iniciamos una actividad nueva, es natural que tengamos dudas. Nos preguntamos si realmente estamos haciendo lo mejor, si lo estamos realizando de la mejor manera posible, si nos olvidamos algo o si estamos haciendo cosas de más, si lo hecho ha valido la pena, si hubiera sido mejor tomar otra decisión, etc.

Estos momentos de incertidumbre suelen ser habituales cuando se trata de cuestiones relacionadas con la salud y la crianza de los hijos, por ejemplo, amamantar. En algunos casos, las dudas y angustia de las madres se hacen más profundas cuando las personas de su círculo más cercano no entienden su decisión de dar el pecho ni valoran la lactancia materna en su justa medida, quizás porque en su momento no pudieron recibir suficiente información sobre el tema.

Estar seguro al cien por cien de algo no siempre es fácil. Para nadie. Sinceramente, creo que, hagáis lo que hagáis, las madres y los padres, siempre intentáis hacer lo mejor. A partir de ahí, veamos qué cosas pueden mejorarse y cómo podemos conseguir que esas dudas desaparezcan para que el período de lactancia sea algo más relajado.

El valor de los hechos

¿Tendré leche para alimentar a mi bebé? ¿La cantidad será suficiente o necesitará más para crecer bien? Estas dos preguntas, tanto si se las hace la misma madre como si provienen de su entorno, hacen mucho daño, ya que minan la confianza de la mujer lactante en un momento crucial.

Por lo general, son el preludio del abandono de la lactancia: ante la duda, cuando una amiga dice que ella no llegó a tener suficiente leche, o la suegra explica que no pudo dar de mamar a su hijo por el mismo motivo, se da por sentado que esta es una situación de lo más normal. Así, una idea errónea se transmite de generación en generación.

En realidad, es rarísimo que una mujer no tenga suficiente leche para dar el pecho a su hijo.

Desechar esta idea es más fácil de lo que parece. En Cataluña se dice “d'on no n'hi ha, no en raja”, que significa, más o menos, que de donde no hay, no puede salir nada. En este caso, si un bebé hace pipís y cacas, y lo hace regularmente, es seguro que está ingiriendo la cantidad de agua que necesita. Y como la toma a través de la leche materna, está claro que el cuerpo de la madre genera suficiente alimento.

Es más, cuanto más mame el bebé, más leche producirá.

Calidad incuestionable

¿Y si mi leche es mala? Esta es otra de las interferencias que afectan a la lactancia hoy en día. El mero hecho de ver que en los envases y en la publicidad de las leches adaptadas se incluye la frase “la lactancia materna es lo mejor para el bebé” tendría que borrar para siempre esta inquietud del pensamiento de muchas madres.

Cuando se les da esta explicación, acto seguido replican: “De acuerdo, pero es que no deja de llorar, y cuando le doy el biberón con un complemento, se calma inmediatamente”. Esta situación ocurre con frecuencia, y es verdad que en ocasiones –por dificultades en la succión por malposición del bebé en el pecho o alteraciones anatómicas, como un labio leporino o un frenillo lingual corto; o trastornos maternos que generan una baja producción de leche, como el hipotiroidismo– al tomar un biberón de leche artificial, el bebé que antes estaba inquieto y llorando todo el día se queda harto y se duerme como nunca antes lo había hecho.

Sin lugar a dudas, si una persona conocedora de la lactancia y su técnica ayuda a la madre a corregir la posición y solucionar las dificultades en el agarre, o detecta un posible problema de la mujer que se puede tratar, vamos a conseguir que el bebé mame bien y consiga el mismo nivel de relajación. En muchas reuniones de los grupos de apoyo, este “milagro” se produce con una gran frecuencia, igual que en los hospitales respetuosos con el parto y la lactancia, los Hospitales IHAN (Iniciativa para la Humanización de la Asistencia al Nacimiento y la Lactancia), donde profesionales formados ayudan a las madres a amamantar.

Temor a dañar al bebé

Otra situación frecuente una vez establecida la lactancia, o incluso antes, es el temor a dar el pecho cuando la madre está siguiendo un tratamiento médico y tiene que tomar medicamentos. En realidad, son pocos los fármacos que impiden seguir amamantando. Además, el sentido común nos dice que si cuando la mujer está embarazada –y el bebé intrauterino recibe rápidamente todas las sustancias que la madre tiene en la sangre– puede tomar ciertos medicamentos, durante la lactancia no debería haber ningún problema, y más teniendo en cuenta que la cantidad de medicamento que llega a la leche se reduciría en cinco o más veces.

Este sería el caso de una mujer hipotiroidea que ya está siendo tratada durante el embarazo, o a la que descubren un hipotiroidismo en el puerperio. Si lo que hace es tomar la dosis que necesita para tener los niveles adecuados de hormona tiroidea, eso no puede perjudicar al bebé. Todo lo contrario. ¿Acaso no pueden amamantar las madres que fabrican por sí mismas esta hormona? Para este y muchos otros casos, es muy útil consultar la página web realizada por el Servicio de Pediatría del Hospital de Denia sobre compatibilidad de la lactancia con medicamentos y otros productos.

Naturalmente y sin malestar

La posición al pecho es uno de los factores que más influye en el éxito de la lactancia. Y también otro de los que genera muchas dudas.

Hace unos años, cuando empezamos a trabajar en ayudar a las madres a amamantar, solucionábamos muchos problemas diciéndoles que debían de girar al bebé hasta que estuvieran los dos barriga con barriga. Este todavía sigue siendo un buen consejo en la mayoría de casos, pero no es la única solución a tener en cuenta, ya que si el pecho de la madre está caído u orientado hacia fuera, más que la posición de la barriga, lo importante es la colocación de la cabeza.

La idea es que el eje del bebé sea perpendicular al eje del pecho. Eso significa que cuando el niño está bien agarrado, podríamos ver una línea imaginaria que empezaría en la coronilla del bebé, seguiría a través del centro de su boca, hasta llegar al centro de la base del pecho de la madre. De todos modos, esta es una más de las descripciones que se pueden dar de un niño bien cogido al pecho.

Otros signos son:

  • que tenga la boca bien abierta
  • los labios evertidos (doblados hacia fuera, sobre todo, el inferior)
  • las mejillas hinchadas
  • que no exista callo de lactancia (ampolla que puede salir en medio del labio superior)
  • que no se le oiga chupetear...

A pesar de todo, algunos bebés que no siguen esta descripción al pie de la letra, maman sin problemas, y durante largo tiempo.

En realidad, la única cosa que las mamás debéis de tener claro es que dar de mamar no debe molestar. La más mínima molestia puede ser un indicador de que la posición al pecho es mejorable; no hay que aceptarla sin más.

Dar de mamar produce placer.

Aunque parezca que no tiene nada que ver, ninguna leona de la sabana africana aceptaría que sus crías le causaran el más mínimo dolor o molestia en el pecho mientras maman.

Posiciones óptimas

A pesar de que lo importante es que los dos se sientan cómodos, la situación del cuerpo del bebé respecto a la madre también puede beneficiar o dificultar la lactancia. Algunas imágenes que se han ido transmitiendo a lo largo del tiempo, como que la cabeza del bebé tiene que apoyarse en la curva que forma el codo al doblarse, no son de mucha ayuda: si se hace así queda situada por encima del pezón y la aréola, dificultando el agarre.

Estirada, sentada, en posición de rugby (el cuerpo del bebé pasa por debajo del de la madre con sus pies apuntando a la espalda), en caballito... No exite una única postura, sino la postura que mejor se adapta a cada mujer y a su hijo, a sus preferencias y sus características físicas. En general, mientras el cuerpo del bebé se mantenga cerca del de la madre, su cara mire hacia el pecho y su cabeza y su cuerpo estén en línea recta, la posición es buena.

También es cierto que en según qué situaciones es mejor una postura que otra. Por ejemplo, si la madre tiene una mastitis –ya sabemos que no hay que dejar de amamantar–, es conveniente que el bebé mame con la lengua puesta en la zona afectada. Así, si la mastitis afecta a la parte superior del pecho, lo mejor para la madre será amamantar echada sobre la cama con el bebé colocado en “paralelo inverso”, es decir, con los pies en dirección opuesta a los de la madre.

Sea cual sea la postura, insisto, dar de mamar ha de producir placer, que no quepa duda. Si os molesta lo más mínimo, buscad ayuda.

Un apoyo experimentado

A veces uno no sabe dónde ir a buscarlo. Ante la avalancha de informaciones contradictorias, ¿a quién hay que hacer caso? ¿A lo que dicen el pediatra y la enfermera del centro de atención primaria? ¿A lo que comentan algunas amigas? ¿A lo que se ha leído en un libro? Algunos profesionales sanitarios que trabajamos en lactancia materna podemos ser un buen referente para la resolución de dudas, pero, en ocasiones, la sobrecarga de trabajo (la famosa media de siete minutos por visita que tenemos los médicos en la sanidad pública) y la poca valoración que los estamentos sanitarios hacen de la oferta sobre lactancia materna provocan que no se pueda prestar toda la ayuda que necesitan unos padres primerizos para dar de mamar.

Una herramienta muy válida para solucionar dudas y compartir experiencias son los grupos de apoyo madre a madre. Estos grupos están formados por madres experimentadas en la lactancia, con formación adecuada y específica en el tema, y además cuentan con el apoyo de profesionales sanitarios a los que pueden consultar cuando lo necesiten. Muchas de estas madres también son profesionales sanitarias, con lo que la resolución de los problemas se hace con más eficacia.

Cada vez son más numerosos y su papel en el éxito de muchas lactancias es crucial. Es interesante contactar con alguno durante el embarazo. En las reuniones periódicas se facilita el intercambio de información y experiencias en un espacio de confianza para expresar dudas y dificultades.

El grupo brinda un importante apoyo emocional.

Ponen a disposición de quien lo necesite un teléfono para consultas, y suelen tener un sistema de préstamo de material (libros, sacaleches...). Organizan talleres y otras actividades.
Busca un grupo cerca de tu casa en la web de la Federación Española de Asociaciones Pro-Lactancia

Falsas contraindicaciones

Al oír el nombre de algunas enfermedades damos por sentado que la lactancia materna no es posible. Conviene, una vez más, romper con ideas preconcebidas.

  • Mastitis: La infección del pecho no afecta al niño y es oportuno drenar la cantidad de leche del pecho... amamantando.
  • Absceso Mamario: Si ha habido una cirugía del absceso no significa que no se puede amamantar.
  • Herpes: Tanto el herpes simple como la varicela no contraindican la lactancia. La madre no puede tocar al niño con las lesiones, pero la leche se puede dar en diferido. . Hepatitis: La enfermedad no pasa al bebé a través la leche.
  • Pezón invertido: El bebé no mama del pezón; con la boca abarca gran parte de la areola. Si se tiene pezón, mejor. Pero no es imprescindible.
  • Otro embarazo: La lactancia no está contraindicada si la madre y el hijo mayor quieren seguir.
  • Malnutrición: La alimentación materna asegura una buena producción de leche, pero aun en situaciones de malnutrición de la madre, el bebé sigue teniendo leche de igual calidad, aunque su cantidad se ve ligeramente disminuida.

Usar la intuición

  • Por mucha teoría que aprendas, por muchos consejos sensatos que te den, la principal tarea que tienes por delante es conocer a tu bebé, aprendiendo a descifrar sus reacciones.
  • Si después de unos momentos de succión rítmica, notas que baja la cadencia, traga despacio, su oreja se mueve ligeramente, su cuerpo se relaja, sus manos descansan sobre tu cuerpo... todo va bien.
  • Tendrás mucho ganado si no miras el reloj y le das el pecho en cuanto lo notas inquieto –no olvides que el llanto es un signo tardío del hambre–. De este modo, poco a poco irás ganando confianza y seguridad.

Para saber más

  • Web de los Hospitales IHAN (Iniciativa para la Humanización de la Asistencia al Nacimiento y la Lactancia: www.ihan.es
  • La página web realizada por el Servicio de Pediatría del Hospital de Denia sobre compatibilidad de la lactancia con medicamentos y otros productos: www.e-lactancia.org
  • Busca un grupo cerca de tu casa en la web de la Federación Española de Asociaciones Pro-Lactancia: www.fedalma.org