Lactancia materna: cuánto más tiempo, mejor

LACTANCIA MATERNA

Cuanto más tiempo, mejor

Si la leche materna es el alimento ideal para los niños, por qué quitárselo a los seis meses. Con el tiempo serán ellos los que nos digan que ya no la quieren.

Luis Ruiz

¿Hasta cuándo es bueno dar de mamar? Esta es una de las preguntas que suelen hacer las madres a los profesionales sanitarios cuando inician la lactancia materna, pero las respuestas que reciben pueden ser muy diferentes, e incluso contradictorias en algunos casos.

Por su parte, la Asociación Española de Pediatría recomienda alimentar al bebé exclusivamente con lactancia materna durante sus primeros seis meses de vida, y junto con la alimentación complementaria adecuada hasta más allá de los dos años. A esta propuesta se suma la Organización Mundial de la Salud (OMS) y Unicef, que defienden esta práctica como un derecho de todos los niños para una mejor alimentación.

En cambio, muchos médicos consideran que dar el pecho pasados los seis meses es una lactancia prolongada, y ya no digamos si la madre amamanta por más de un año, lo que es cada vez más frecuente. En la última encuesta de salud realizada en Cataluña, el número de madres que seguían dando su leche al bebé cumplidos los 12 meses se había duplicado respecto a los datos de la anterior.

Comparando mamíferos

La duración de la lactancia materna es algo que viene predeterminado por cada cultura. Pero a mí, ante la cuestión de hasta cuándo es bueno hacerlo se me vienen a la cabeza otras preguntas similares como: ¿Hasta cuándo es bueno comer saludablemente?, ¿y hacer deporte o tener sexo? Jamás se nos ocurriría plantear estas dudas porque la respuesta es más que evidente: ¡Cuánto más, mejor!

Los procesos naturales se regulan de manera fisiológica y, aunque están influenciados por aspectos culturales, si no interferimos en su evolución, cumplen con su cometido a la perfección y se adaptan continuamente a las necesidades de las personas, llegando a desaparecer si es preciso, tal y como ocurre con la lactancia materna.

De sobra es sabido que para los cachorros mamíferos la leche de su madre es vital para su supervivencia, y el tiempo que la toman está relacionado con la madurez del animal y con el nivel evolutivo de la especie. En nuestro caso, los humanos nacemos con un gran estado de inmadurez, por lo que el desarrollo se produce más lentamente, requiriendo así una mayor duración de la lactancia materna. Si observamos cuándo se produce el destete en otros mamíferos, podremos hacer una aproximación de cuál sería la duración adecuada.

Algunos animales amamantan a sus crías hasta que estos llegan a triplicar o cuadruplicar el peso del nacimiento, por lo que si los humanos siguiéramos este planteamiento se daría el pecho hasta que los niños tuvieran 30 meses. En cambio, otros mamíferos lo hacen hasta que empiezan a cambiar la dentadura de leche. En los humanos esto se produce entre los cinco y los seis años, tiempo en el que estaría recomendado dar el pecho si este fuera nuestro patrón.

El periodo que dura el embarazo también puede usarse como unidad de medida. Por ejemplo, los primates suelen amamantar unas seis veces el tiempo que dura su gestación, lo que llevaría a los humanos a hacerlo hasta que los niños cumplieran los cuatro años y medio.

También se ha comentado que debido a la inmadurez con la que nacemos, el sistema inmunitario tarda unos seis años en adquirir todas sus cualidades, y será a partir de entonces cuando el aporte materno de defensas a través de su leche no sería tan importante para la supervivencia de los bebés.

Si seguimos la regla de dejar de dar el pecho cuando el bebé alcance una tercera parte del peso del adulto, estaríamos hablando de entre los cuatro y los siete años.

La naturaleza es sabia y por eso, cuando entre los cuatro y los seis años desaparece la enzima que digiere el azúcar de la leche (lactosa), muchos niños dicen que no les gusta, aunque en realidad lo que les ocurre es que les sienta mal.

En nuestro país cada vez son más los adultos que sufren intolerancia a la lactosa, provocando así una reacción inmediata de la industria lechera que ha ampliado su oferta con productos sin lactosa, para que se pueda “digerir” mejor.

Quizá no es tan bueno tomar tanta leche cuando dejamos de ser lactantes, pero no hay ningún tipo de duda de que para la primera infancia la mejor es la materna.

Retomar la tradición

Si echamos un vistazo atrás, veremos cómo ya desde las antiguas civilizaciones las mujeres daban el pecho a los niños durante varios años. Existen imágenes del Antiguo Egipto donde se ve a la diosa Osiris dando de mamar a un niño que está de pie, así como en los yacimientos de Atapuerca se encontraron restos que, gracias a los avances tecnológicos, revelaron que la edad media de alimentación con leche materna de los niños solía ser los cuatro años.

Tampoco haría falta irnos tantos siglos atrás, porque seguramente algunos de nosotros hemos oído a la abuela explicar cómo nuestro tío le pedía teta cuando volvía del colegio. Pero las buenas costumbres a veces se recuperan, y eso es lo que está pasando actualmente, ya que cada vez es más frecuente ver cómo hay niños que lo primero que hacen nada más salir de la guardería o del colegio es pedirles a sus madres que los amamanten, para así mantener ese vínculo tan especial.

Este aumento del periodo de lactancia también lo compruebo en la consulta donde el número de madres que vienen con niños de uno, dos o más años a los cuales siguen dándoles su leche ha ido creciendo con el paso del tiempo.

Apoyo del entorno

Las complicaciones aparecen cuando las madres quieren continuar amamantando más allá del tiempo establecido socialmente, pero no cuentan con el apoyo de su entorno. Entonces, las opiniones de los familiares, de los amigos y, lo que es peor aún, de los sanitarios pueden generar tanta inseguridad en las madres que les haga abandonar su idea inicial. Normalmente, esta presión social surge por ignorancia, ya que, si se supiera que durante los seis primeros meses de vida es vital para el bebé y que hasta los 12 en el ámbito médico se lo define como lactante porque la leche materna es el alimento fundamental, nadie lo cuestionaría.

Y, además, en el segundo año, tres tomas le aportan una tercera parte de las calorías diarias que necesita. Estas afirmaciones contradicen las opiniones sin base que muchas madres tienen que escuchar, del estilo de: “Eso es vicio”, “Te toma el pelo” o “¿Ves? No lo alimentas bien”, cuando comparan a su hijo con un bebé que toma leche de fórmula, ya que su peso y crecimiento es diferente.

Casos especiales

A pesar de que es innegable el papel determinante que puede llegar a ejercer el entorno, la lactancia materna es cosa de dos, de la madre y de su hijo. Así pues, si por la razón que fuera, la madre no pudiera o no quisiera seguir con la lactancia materna es una decisión personal, porque en cualquier caso la mujer siempre desea darle todo lo mejor a su hijo.

Son muy raras las situaciones en las que la salud del niño impida que se lleve a cabo la lactancia materna. La galactosemia o imposibilidad del organismo para asimilar la galactosa (azúcar simple que compone la mitad de la lactosa) es una de ellas. En este caso, al no tolerar ningún tipo de leche, ni humana ni animal, deberá ser alimentado con fórmulas específicas.

Si la madre sufre una enfermedad que requiera toda su energía para recuperarse y, sobre todo, si tuviera que tomar alguna medicación incompatible con la lactancia, sería otra de las razones por las que no se amamantaría a un bebé.

Más que alimento

Lo más recomendable es no ponerse metas, sino disfrutar. Dar el pecho un día es perfecto, y hacerlo dos días es dos veces perfecto. En algunos países, como es costumbre en muchas zonas de Francia, se da u ofrece solamente el calostro. Pues fantástico, y si continuaran durante más tiempo, pues sería mucho mejor aún.

Además, y como ya hemos dicho muchas veces desde esta revista, la lactancia materna ofrece mucho más que alimento. El niño amamantado tendrá grandes cantidades de:

  • calor
  • seguridad
  • tranquilidad
  • contacto
  • consuelo
  • ternura
  • comunicación
  • apego...

Cosas que también se pueden conseguir dando leche artificial, pero que requerirá un esfuerzo extra porque no se conseguirá de manera natural y espontánea, sino que va a suponer mucho más trabajo.

Razones para dar el pecho más de un año

Los beneficios de la leche materna en los primeros meses de vida son incuestionables, pero ¿qué le aporta una vez ha cumplido los doces meses?

La leche materna siempre es mucho mejor que la de cualquier animal de otra especie o vegetal.

Y aunque a partir de los 12 meses de edad no es tan recomendable ofrecer el pecho antes de las comidas, si lo toma, da lo mismo. Lo importante es que mame.

  • obtienen calorías y micronutrientes (hierro, calcio, vitaminas) de la leche que les da su madre en una proporción nada desdeñable, ya que en ciertas ocasiones pueden llegar a representar el 50% de las necesidades diarias de un niño.
  • cuatro tomas al día se aconseja que hagan, preferiblemente después de las comidas para no quitarles el apetito y las ganas de probar nuevos alimentos. De todas maneras, cualquier momento es bueno para hacerlo. Lo más habitual es que los niños lo pidan como postre y antes de irse a dormir, y normalmente cuando están enfermos suele ser lo único que les apetece comer.
  • la técnica puede variar un poco porque ahora ya no necesitan de nosotras para encontrar la mejor manera para mamar. Se ayudan de sus manos, pueden ponerse a horcajadas en nuestra pierna... Lo que pueden aparecer son condiciones si la madre no se siente cómoda haciéndolo en público: “Solo cuando estemos en casa”, “En la calle mejor no”...
  • amamantar más de un año no influye en la autonomía de los niños como muchas personas piensan. Su independencia no viene determinada por el tipo de alimentación, sino por el estilo de crianza. Así que puedes estar tranquila que, aunque des el pecho a tu hijo durante años, eso no lo convertirá en un adulto dependiente de ti ni de nadie, al contrario.

El final de un proceso fisiológico

El amamantar es una decisión personal que solo incumbe a madre e hijo, igual que la decisión de cuándo dejar de hacerlo.

  • Finalizar la lactancia materna suele ser tan difícil como establecerla.
  • Debe hacerse poco a poco y, en la medida de lo posible, siempre evitando abandonos bruscos que no benefician ni a la madre ni al bebé.
  • Si la alimentación complementaria se instaura progresivamente, el niño tomará leche pocas veces al día, pero aprovechará entonces para tener calor, amor, seguridad...
  • La lactancia se irá desplazando poco a poco dejando paso a otras formas de contacto y conexión, y cuando el niño no necesite más, se producirá el destete.
  • No es necesario usar pastillas ni medidas coercitivas, para que deje de mamar. Cuando esta fase está superada, ellos mismos dicen que no quieren, a pesar de la sensación de ruptura que puede tener la madre. Es lo natural.

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