¿Qué comer mientras das de mamar?

LACTANCIA

Durante la lactancia ¿qué comer o beber?

Desvela todas tus dudas y deshazte de falsos alimentos prohibidos

Dr. Luis Ruiz

No hay que escuchar los viejos mitos: no existen alimentos mágicos o prohibidos. Ni hay que aumentar mucho la cantidad.

Toda la etapa de la maternidad es una oportunidad para mejorar los hábitos alimenticios, aunque, contrariamente a lo que muchos piensan, durante la lactancia no hay que comer mucho más, pero sí mucho mejor.

Algunos falsos mitos

Muchas madres, cuando están amamantando, modifican su pauta alimentaria habitual con la idea de que las va a ayudar a producir más leche.

Hay muchos falsos mitos al respecto: que si almendras, que si cereales, que si beber dos litros de agua...

También hay mujeres que no toman leche de forma habitual y que ahora beben más de medio litro al día porque les han comentado que es necesario para producir más leche.

Hay otras que llegan incluso a tomar infusiones de hinojo o cápsulas de cardo porque dicen que ayudan a subir la leche. También hay quienes se privan de cosas que les gustan porque piensan que son perjudiciales.

Finalmente, todo es más complejo y a la vez más sencillo, y tener una buena producción de leche depende de muchos factores, pero no de estos.

El más importante sigue siendo que el bebé mame a menudo, a demanda.

No hay alimentos milagro y la mujer ha de comer lo que le apetece, que por lo general se corresponde con lo que necesita.

Cuánto hay que comer

Una cuestión importante que se plantea es qué cantidad es necesaria: ¿hay que comer por dos?

A esta pregunta hay que responder que no.

Por lo general, la dieta recomendada para las mujeres sanas de complexión media es de 2.200 kcal al día. Esta cifra está sujeta a variaciones muy amplias, ya que se trata de una media, pero sirve de base para calcular lo que debería consumir una madre lactante, que son aproximadamente unas 500 kcal más de lo que consumiría habitualmente, es decir, 2.700 kcal.

Sin embargo, estudios realizados entre la población de madres lactantes sanas y bien nutridas han revelado que algunas consumían una dieta de entre 1.800 y 2.300 kcal, que sería bastante menos de esta cifra recomendada.

Esto nos lleva a pensar que es posible que, igual que la mujer embarazada optimiza la energía y los nutrientes que consume, cuando amamanta también tenga mejoras metabólicas que explicarían esta menor necesidad de alimentos y la capacidad de producir lo que precisa el bebé, aun con menos calorías de las teóricamente necesarias.

Lo que sí es realmente imprescindible es que las mamás escuchen su cuerpo, ya que sus necesidades se expresan mediante el hambre.

Y en cualquier caso aclarar que el periodo de lactancia no debe convertirse en un tiempo de descontrol pensando que dar de mamar engorda, porque no es cierto.

El gusto de la leche

En todas las culturas hay este tipo de sustancias a las que se atribuye una mayor producción de leche y también en todas existen unos alimentos prohibidos durante la lactancia porque se supone que harán que el bebé la rechace.

Por ejemplo, a menudo se ha considerado que la alcachofa, el ajo o la coliflor van a dar un sabor a la leche que no le va a gustar al bebé. Realmente, no hay fundamento en todo esto.

Seguramente el ajo puede producir en la madre un olor distinto, como si cambiara de colonia, y el olfato del recién nacido puede notar que el aroma que desprende su madre es diferente y llegar a rechazar en una primera instancia el pecho.

Pero no es nada que no se pueda resolver cuando el bebé tiene hambre suficiente.

De hecho, con el ajo se ha hecho un estudio aleatorio y a doble ciego (de esos que los científicos dan gran valor) en el que se administraba a unas madres cápsulas con ajo y a otras con una sustancia inerte o placebo. Ni las madres ni los médicos sabían qué había en cada cápsula. La conclusión al final del estudio fue que los bebés a cuyas madres se les administraba el ajo tomaban más leche que las otras.

Ante estos resultados, tan sorprendentes y científicamente correctos, no nos debemos dejar llevar por el entusiasmo e imponer a las madres lactantes el comer ajo, pero sí nos demuestra que estos mitos en torno a alimentos “rechazables” por el bebé son infundados.

Ciertamente, es posible que el bebé en un principio note ese cambio en el aroma de la madre, pero la realidad es que experimentar gustos diferentes a través de la leche materna hace que luego sean más receptivos a los nuevos sabores y alimentos cuando empieza la alimentación complementaria.

La cantidad de agua

–El agua es el componente esencial de la leche. Si la madre no ingiere toda la que necesita, puede disminuir la cantidad producida. Pero también es bueno aclarar que esto no significa que, una vez ha alcanzado los niveles de hidratación necesarios, tomar más agua incremente su producción.

–Tomar más agua puede ser una buena forma de combatir el estreñimiento, pero no de aumentar la cantidad de leche. El mejor estimulante para la producción de leche es que el bebé mame.

–El agua se obtiene también a través de otros alimentos, pero no debe ser sustituida por bebidas dulces. Los zumos, incluso naturales, no dejan de contener demasiada cantidad de azúcar. Desde el punto de vista nutricional es mejor calmar la sed con agua y tomar la fruta completa, ya que aporta la fibra y otros nutrientes frescos, crudos y sin procesar.

La lactancia adelgaza

–Todas las mujeres aumentan de peso en el embarazo debido al contenido uterino, pero también al incremento de los depósitos grasos para ser usados tras el nacimiento y permitir la lactancia.

–De tal forma que, cuando las mujeres dan el pecho a sus hijos, recuperan más pronto el peso anterior al embarazo.

–Por esta razón se dice que el bebé recién nacido es el mejor liposuctor, porque la mujer que amamanta puede perder medio kilo mensual de media los primeros seis meses. Aunque es evidente que, según su estado y dieta, algunas incluso ganan peso.

No es el momento de seguir una dieta muy restrictiva. Y cuando se realiza una dieta ligeramente hipocalórica, no disminuye la cantidad ni la calidad de la leche.

Recomendaciones

  • Evita las dietas y el uso de medicamentos que pretendan una rápida pérdida de peso.
  • Cuidado con la cafeína, pues pasa a la leche. Dos tazas de café o té al día no afectan al bebé.
  • Evita también el alcohol.

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