Por qué mama de noche

LACTANCIA MATERNA

Por qué mama de noche

Las tomas nocturnas garantizan al recién nacido los nutrientes necesarios, mientras que con el paso de los meses se convierten en la mejor manera de recuperar el tiempo que habéis estado separados.

Luis Ruiz


Tanto la Organización Mundial de la Salud como el Ministerio de Sanidad y la Asociación Española de Pediatría recomiendan la lactancia materna exclusiva, a demanda, hasta que el bebé tenga, como mínimo, seis meses. Esto significa que debería poder mamar siempre que lo deseara, aprendiendo así a regular su apetito y evitando los futuros
riesgos causados por una alimentación inapropiada.


¿Descansará bien?

El conflicto surge cuando el bebé mama con frecuencia durante la noche. Es una cuestión que suele preocupar especialmente al entorno de la madre y a su pareja, pero no a ella. Mientras que la abuela se angustia pensando que de esta manera su hija no duerme bastante y, por lo tanto, estará más cansada al día siguiente, la madre lactante no
aprecia tanto conflicto. Es más, incluso puede vivir este periodo con placer, siempre y cuando la crianza sea su única ocupación.

Todo cambia cuando debe volver al trabajo. Entonces, sus necesidades de sueño serán distintas y estos despertares frecuentes pueden llegar a inquietarla, ya que es probable que se sienta más cansada y con menos energía para afron-tar esta etapa tan intensa.

Además, también es habitual que le preocupe si con tantas interrupciones el bebé descansa bien, si estas tomas son eficaces, si estará haciendo algo mal durante el día para que necesite comer tanto por la noche...

Y los consejos de las personas que la rodean no suelen ayudar mucho, porque una de las creencias más extendidas es que los bebés tienen que dormir X horas de un tirón, cuando esto no es cierto. Nadie mejor que el niño sabe cuánto debe dormir.


Una cuestión fisiológica


Las tomas nocturnas son de gran necesidad para el recién nacido y para el lactante de pocos meses.
Como su estómago es muy pequeño -al nacer se compara con el tamaño de una canica, y al cabo de unos días, es un poco mayor que una pelota de ping-pong-, solo es capaz de ingerir escasos centímetros cúbicos, razón por la cual necesita mamar muy a menudo.

Así mismo, también influye que en esta edad el bebé suele digerir la leche en una hora y media, y al no contar con suficientes reservas alimenticias que mantengan los niveles de glucosa en sangre adecuados, precisa tomar pecho con mucha más asiduidad.

Con el paso de los meses -y sin olvidar que cada niño tiene su propio ritmo- es habitual que se prolongue el tiempo entre toma y toma, llegando incluso a dormir periodos más largos durante la noche.


Necesita tu presencia

Los despertares nocturnos son normales en todos los bebés, ya tomen pecho o biberón. Y son mucho más frecuentes cuando la madre retorna su actividad laboral. El bebé que ha disfrutado de los cuidados y la disposición exclusiva de la madre durante sus primeros meses de vida, de repente se da cuenta de que hay momentos del día en los que ella no aparece por mucho que la reclame.

Por este motivo, es normal que solicite más atenciones de su madre cuando esta llega a casa, especialmente por la noche. Despertándose con frecuencia se asegura de que permanece ahí, disfruta de su calor, del alimento que le ofrece... y así se relaja. No es extraño que, incluso bebés que ya dormían bien, vuelvan a despertarse más a menudo al no poder contar 24 horas con la presencia de su madre. En el caso de que el bebé sea amamantando, las tomas noctur-nas facilitan prolongar la lactancia materna, al mismo tiempo que sumergen a la madre en un estado de relajación tal que le permite conciliar el sueño con más facilidad.

Este efecto tranquilizante lo causa la oxitocina que se libera al dar el pecho, y se transmitirá al bebé procurándole un sueño más reparador.


Otras posibles causas

A pesar de que es muy normal que los bebés se despierten varias veces a lo largo de la noche, si lo hiciese con "2demasiada" frecuencia, sería necesario valorar otras circunstancias que pudiesen estar causando estas interrupciones del sueño.

  • Tiene el pañal sucio. Algunos bebés se sienten tan incómodos en esta situación que no logran dormirse. En determinadas ocasiones, un cambio de pañal con una luz tenue es la forma más eficaz para que vuelva a conciliar el sueño. Sobre todo, es recomendable tener este aspecto en cuenta con los recién nacidos, ya que suelen hacer muchas más deposiciones al día (a veces una después de cada toma).
  • Respira por la boca. Si el bebé estornuda mucho, ronca o respira por la boca, puede causarle malestar. De esta manera es posible que se le reseque la garganta, llegando a provocarle un episodio de tos, aun sin estar resfriado. Por otro lado, limpiarle la nariz con suero fisiológico si está acatarrado puede ayudarlo a respirar sin dificultad. No está demostrado que los vaporizadores sean útiles, pero pueden funcionar.
  • Escucha un ruido inesperado. Muchos bebés son capaces de dormirse incluso en ambientes con mucho ruido, pero si están en una fase de sueño superficial es más fácil que se despierten con un ruido repentino e intenso: el ladrido de su perro, un trueno, un portazo...

Aun así, piensa que se puede despertar por muchos motivos, pero no olvides que sentir el calor de tu cuerpo es un remedio casi infalible para su tranquilidad.

En la misma cama

Si tu presencia lo calma, ¿por qué no dormir juntos? Compartir la cama con el bebé o, al menos, la misma habitación favorece el sueño de toda la familia y la lactancia materna.

Los pediatras ya no recomendamos que se destierre al recién nacido a su habitación como se hacía hace unos años. Es poco práctico tener que levantarse varias veces durante la noche para ir al cuarto del bebé a consolarlo hasta que se vuelve a quedar dormido. Así es más probable que te acabes despertando totalmente y que luego te cueste más volverte a dormir.

Si el niño está cerca, cuando se desvela es mucho más descansado y cómodo atenderlo. Compartir la habitación es algo de sentido común. Ni a los mamíferos más fieros se les ocurriría separarse de su cría. No tiene ningún sentido.

Pero, aunque pueda parecer lo contrario, el colechar con los hijos no es ningún invento moderno. Se practicaba hace años en nuestra cultura, y todavía persiste en muchas otras. Actualmente, en muchas sociedades avanzadas, el colecho se considera una parte muy importante de la crianza. Y yo argumento a su favor, siempre que se sigan los criterios mínimos de seguridad que plantea Unicef.

No se trata de forzar a nadie a que lo haga, igual que tampoco se debe prohibir si no implica ningún riesgo.

Muchas madres encuentran muy cómodo levantar el pijama cuando su bebé llora, ofrecerle el pecho y que ambos se vuelvan a dormir mientras el bebé mama.


Necesita tu presencia

En definitiva, si el bebé se despierta mucho por las noches, es necesario valorar las posibles causas. Y en cualquier caso, hay que ofrecerle consuelo al mínimo indicio de intranquilidad.

Para calmarlo es preferible no encender luces muy intensas, porque así se despertará completamente y resultará más complicado y estresante para los dos. Acarícialo, bésalo, colócalo sin ropa sobre tu pecho desnudo, ofrécele alimento... y verás que rápido vuelve a caer rendido.

Cuando tengas una noche difícil piensa que esta época acabará y que, con el paso de los meses, tu hijo tenderá a dormir de noche y a estar activo de día.

Otro aspecto a tener presente es que también hay un componente cultural que hace que los niños aprendan a dormir cómo y cuándo sus padres, así que adquirirán mejores hábitos de sueño si dormimos con ellos.

Causas de sus despertares


No todos los bebés son iguales y, aunque algunos duermen toda la noche de un tirón, lo más habitual es que se despierten varias veces y durante varios meses. Esto ocurre por varios motivos:

  • Necesita comer. Esta suele ser la razón más frecuente y la que tiene una solución más sencilla: solo hay que ponerlo al pecho para que mame cuando desee. Además de alimento, el contacto con el cuerpo de la madre lo relaja, así que se dormirá rápidamente.
  • Tiene calor. Como siempre tienen las manos y los pies fríos se los abriga demasiado. Con frío no se duerme, pero con calor se duerme mal y se suda, así que como necesita reponer agua se despierta más a menudo para mamar.
  • Le duele la barriga, el oído... Cuando se despierta por la noche y ni el pecho ni las caricias lo consuelan, puede ser que se encuentre mal. Es habitual que tengan cólicos, entonces habría que revisar la posición de agarre al pecho.

Practicar colecho sin riesgos


Compartir la cama con nuestros hijos es beneficioso para toda la familia, pero requiere tomar ciertas precauciones.
Pues en algunas situaciones el colecho puede no ser seguro.

  • Unicef Reino Unido y la Fundación Inglesa para la prevención de la Muerte Súbita recomiendan no practicarlo si los padres fuman, beben alcohol o toman medicamentos o drogas.

  • Si la madre sufre algún tipo de enfermedad que pueda generarle una mayor somnolencia o sobrepeso, es pre-ferible no dormir juntos.
  • La temperatura de la habitación debe oscilar entre los 16 y los 18 °C, porque los cuerpos y las sábanas, mantas... ya ofrecen calor suficiente.
  • La cama debe acercarse a la pared, para que el bebé no se caiga.
  • También existen cunas o moisés que se acoplan a un lateral de la cama para facilitar el colecho. El colchón debe ser firme y parejo.
  • Si además del recién nacido se comparte cama con otro hijo, este dormirá del lado de la madre o el padre que no esté el bebé para evitar que lo lastime mientras duerme. Pasados unos meses, podrá colocarse donde quiera.
  • Si el bebé toma el biberón, la madre debe intentar no dormirse hasta que su hijo termine la leche.

Indicios de que tiene hambre


Popularmente, cuando el bebé llora se dice que tiene ganas de comer, pero en realidad esta es una señal tardía.

  • El bebé dormido que empieza a sentir hambre mueve la cabeza y abre la boca buscando el pecho, aun con los ojos cerrados.
  • Si la madre - con el sueño ligero desde el embarazo - lo tiene cerca, puede darse cuenta con facilidad y acercárselo sin necesidad de despertarse completamente.
  • De no ser así, si no hay respuesta a estas señales sutiles, la intensidad de los gestos y movimientos del bebé se volverán más intensos: estirará y encogerá las piernas, se morderá las manos...
  • Esperar a que llore para alimentarlo es un error, porque así le costará más cogerse al pecho.
  • Conforme el bebé va creciendo y la madre va ganando en práctica, el bebé necesitará dar menos señales para lograr la reacción de la madre que necesita.
  • Al mismo tiempo, la mujer encontrará las posturas que le resulten más cómodas, como puede ser amamantar tumbada.

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