Tu intuición en la lactancia

LACTANCIA MATERNA

Recupera el poder de tu intuición para dar el pecho

Para disfrutar de una buena lactancia es importante apoyarse en las propias sensaciones y dejarse llevar por el sentido común.

Luis Ruiz

El número de madres que desean dar de mamar a sus bebés recién nacidos ha ido en aumento en los últimos años... y sigue creciendo. Cada vez son más las mujeres que ya durante el embarazo buscan información para que amamantar a sus bebés sea una experiencia tan natural y gratificante como imaginan.

Muchos de los centros que ofrecen cursos de preparación al parto y la crianza a madres y padres hacen hincapié en la importancia que tiene dar de mamar y cuál es la mejor técnica para lograr una lactancia exitosa.

Revistas como la nuestra y libros de médicos y otros expertos en lactancia materna dan orientaciones sobre el arte de amamantar, intentando recomponer la cadena de transmisión oral entre madres e hijas que se rompió en la última generación de madres (ahora abuelas) que fueron inducidas a no amamantar por múltiples presiones sociales y económicas, y que ahora no entienden muy bien por qué sus hijas e hijos se empeñan en hacer algo que, según les habían contado, no era tan importante.

Por otra parte, muchos pediatras y sanitarios que no han recibido la formación adecuada para ayudar a las madres a amamantar se encuentran sometidos a la presión de unas parejas jóvenes con mucha información –Internet se ha convertido en una herramienta de uso cotidiano– y con ganas de dar a sus hijas e hijos lo mejor desde el primer día.

De la teoría a la práctica

Con este cuadro, y a pesar de todos los datos disponibles, no todas las parejas están siempre bien informadas, y muchas de las que lo están “sólo” tienen claro lo importante que es amamantar a su bebé. Así, es muy frecuente que en la consulta nos encontremos cada vez más con madres y padres que tienen la teoría muy clara: saben que la lactancia ha de ser a demanda y que la clave es la posición del niño al pecho, que hay que hacer que el bebé abra bien la boca y que agarre no sólo el pezón sino una buena parte de la areola, que los labios tienen que estar “doblados” hacia el exterior mientras succiona...

En definitiva, conocen qué se debe hacer para dar bien el pecho. Pero eso puede no ser suficiente, porque amamantar no es como montar un mueble comprado por catálogo que llega con su libro de instrucciones (aunque para hacerlo correctamente también es necesario poner todo nuestro empeño y cariño).

Dar el pecho no es una acción mecánica. Oler al niño, mirarlo a la cara y comérselo con los ojos, besarlo y saborearlo, oír su respiración y cómo nos llama con sus lloros o gemidos cuando nos necesita, acariciarlo con dulzura y suavidad cuando lo sostenemos entre los brazos... todas estas sensaciones forman parte de la experiencia de amamantar. De hecho, aplicar y usar los cinco sentidos es fundamental en el establecimiento de una buena relación del recién nacido con su madre, aumentando lo que se conoce como apego.

Como hemos comentado en otras ocasiones, el recién nacido ya usa esos cinco sentidos desde el primer instante, lo que le permite interrelacionar con su madre y mejorar su entrada en esta vida. Asimismo, los reflejos que posee lo ayudan a arrastrarse hasta el pecho por sí mismo y prenderse de él sin mucha dificultad.

Pero las madres actuales, que tienen una formación cada vez más elevada y una mayor capacidad de decisión, se encuentran con que todos los libros y todos los artículos que han leído han provocado un efecto indeseado: el olvido del manejo de la intuición femenina.

Nuestra sabiduría interior

De gran valor en éste y otros campos, las mujeres que hoy se convierten en madres no han podido utilizarla ni entrenarse en su uso. Esa intuición para la maternidad podría haberse adquirido en la infancia y adolescencia viendo y conviviendo con mujeres que criaban a sus bebés, o incluso cuidando a hermanos o primos pequeños. Pero ésta no ha sido una situación común en las últimas décadas. Y es una lástima, porque el desarrollo de ese saber hacer espontáneo que es la intuición necesita experiencias personales previas y sensaciones que muchos expertos en lactancia no podremos tener nunca.

Esas sensaciones adquiridas desde el nacimiento de la propia mujer, e incluso durante su propia lactancia, permiten a las madres dejar actuar a sus bebés en esos primeros minutos mágicos, buscar las mejores condiciones para que el recién nacido siga con la cadena de reflejos neonatales que le llevan por sí mismo al pecho materno y a adaptarse lo más dulcemente posible a la vida fuera del útero.

La intuición también ayuda a las madres a buscar sin miedo la mejor manera de dar el pecho, que, en realidad, no es la que dice la matrona o el pediatra, o la que hay escrita en tal o cual libro, sino la que ella finalmente consigue de manera natural. Se pueden mejorar situaciones y posiciones, pero la mejor postura para dar el pecho es la que cada mujer realiza a su manera.

Desde luego, si siente dolor o la succión le causa la más mínima molestia, puede decirse que hay una dificultad en la técnica de mamar, un error que es necesario corregir. Pero también es cierto que bebés teóricamente mal posicionados logran extraer la leche de forma efectiva y crecen la mar de bien sin que la madre sienta molestias remarcables.

Es decir, las recomendaciones ayudan a tener una lactancia exitosa, pero ésta también puede lograrse por otros caminos.

Encontrar las respuestas

Cuando una madre se siente desmoralizada por las dificultades, los sanitarios debemos empatizar con ella, intentando transmitirle su capacidad para poder cambiar esa situación. Se trata de lograr que crea en sí misma y, de esta forma, mejore su lactancia sumando sus conocimientos intuitivos y las recomendaciones científicas más actuales que los especialistas podemos transmitirle. Para hacer estos cambios no hay que dar órdenes ni imponer esta o aquella forma de ponerse el niño al pecho, sino permitir que las madres sientan placer al amamantar a sus bebés, lo que equivale a no percibir ninguna sensación de dolor en cualquiera de las fases de agarre, durante la succión o una vez acabada la toma.

Aunque los sanitarios usemos guiones sobre cómo observar una toma, y tengamos registrado cómo el niño tendría que estar agarrado al pecho, las madres solamente deberían centrarse en sentir, dejarse llevar por lo que están viviendo con sus hijos, y no estar pendientes de la forma que adoptan los labios del bebé, cómo está la boca (muy abierta, sólo un poco...) o si su cabecita debería apoyarse en el antebrazo más o menos arriba.

El significado del dolor

¿Cómo podemos solucionar las dificultades al dar el pecho sin estar pendientes de todos y cada uno de los signos de un buen agarre y una succión correcta? La naturaleza nos ha dado la mejor herramienta: el malestar. Si existe la más mínima molestia, y mucho más si se trata de dolor, hay que buscar por qué se produce y aplicar soluciones de forma intuitiva. Separar al bebé del pecho y volver a empezar, cambiar de postura, cogerlo de otra manera... Cada mujer podría terminar encontrando la solución dejándose guiar por sus sensaciones.

Desafortunadamente, este significado del dolor como un indicador de que es necesario cambiar algo a veces queda oculto. En algunos casos, cuando la mujer que amamanta tiene miedo del daño que le puede producir su bebé al succionar, se echa un poco hacia atrás de forma refleja, pero no modifica la posición del bebé en el pecho. Sin embargo, algunas madres que han visto la lactancia de forma intuitiva saben que si aprietan al bebé contra su pecho, éste les “obligará” a abrir más la boca y la sensación de dolor disminuirá. Esta acción intuitiva no es una temeridad, todo lo contrario; reproduce en cierto modo el agarre espontáneo del bebé que repta sobre el abdomen de su madre: la presión de la cabeza permite al pecho entrar en la boca.

En definitiva, disfruta de la lactancia con todos los sentidos y dejáte llevar por la intuición. Seguro que lograrás que funcione.


Tu hijo es tu guía

No te equivocarás si dejas que sea él mismo quien decida cómo y cuándo mamar. Algunas pistas te darán tranquilidad definitivamente:

  • Tu bebé decidirá cuándo ha llegado el momento de separarse del pecho. Si lo apartas antes de tiempo tendrá hambre pronto y, posiblemente, una sobrecarga de lactosa que le causará malestar (la primera leche tiene más cantidad, mientras que la de la parte final es más grasa).
  • Obsérvale. ¿Está tranquilo y relajado mientras mama? Si es así, seguro que todo va bien. Una succión que es siempre rápida y superficial no indica nada bueno. Lo lógico es que, tras unos segundos, cuando empieza a salir mayor cantidad de leche, el bebé realice succiones lentas y profundas.
  • Hay bebés que maman muchas veces y otros menos. Sólo hay que tener en cuenta una generalidad: la primera semana suelen hacerlo unas 12 veces al día y, luego, unas 8-10. Pero estamos hablando de cifras orientativas. Aplica la máxima siguiente: cuanto más frecuentes, más cortas.

Molestias en el pecho

Ante un malestar reiterado, vale la pena buscar un grupo de madres o un especialista que nos oriente. Los trastornos más habituales son:

  • Grietas. El pezón está enrojecido, empiezan a aparecer heridas y la madre siente dolor al dar el pecho. Es urgente evaluar la posición.
  • Obstrucción. Una parte del pecho –muchas veces cerca de la axila– se nota dura y provoca dolor. Se supera aplicando calor y masaje, y drenando el pecho mediante la succión.
  • Mastitis. Una obstrucción se infecta y causa malestar y fiebre. Una zona del pecho está caliente, dura y enrojecida. Requiere tratamiento, pero se puede seguir dando el pecho.
  • Candiasis del pezón. Es una infección por hongos que provoca un dolor intenso, a veces descrito como similar al que provocarían unos pinchazos de alfileres o una quemadura.

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