Lactancia en libertad

Lactancia

Siéntete libre de dar el pecho en cualquier lugar

Que nadie te haga dudar de que estás haciendo lo mejor

Luis Ruíz

Tu hijo tiene el derecho de comer siempre que tenga hambre, no importa la hora ni el lugar, así que no dejes que el entorno te influya y hazlo con total tranquilidad.

La mayoría de las personas vivimos en las ciudades, alejados de todo aquello que tiene que ver con la esencia del ser humano.

Las ciudades no nos permiten estar en contacto con la naturaleza, tan necesaria para nosotros. Hay pocos árboles y nos desplazamos al trabajo en medios de transporte sin apenas respirar aire puro, saliendo de casa sin luz natural, estando todo el día en espacios cerrados y regresando a casa cuando ya es de noche.

Este estilo de vida ha llevado a muchas personas a buscar lo natural: intentan comer más sano (alimentos ecológicos), están el máximo tiempo posible en contacto con la naturaleza y ofrecen a sus hijos el alimento más saludable, la leche materna.

Cuando una mujer logra dar el pecho a su hijo es como si la llama de la lactancia materna se multiplicase y se propagase. Y junto con la lactancia materna se están recuperando otras prácticas propias de la crianza natural: el colecho, llevar al bebé en brazos o colgado (porteo), estar en contacto piel con piel...

A pesar de la privacidad que ofrece la ciudad para poder hacer lo que deseemos –mientras no molestemos a nadie–, es posible que las madres se sientan fuera de lugar si no se comportan como la mayoría, y es que, aunque empieza a ser más normal ver a los niños en un portabebés o tomando el pecho, la realidad es que no es lo que hace todo el mundo.

En un entorno urbano, no es nada extraño que una mujer que dé el pecho en público sea criticada o reciba miradas recriminatorias por parte de las personas que pasan por su lado.

Y es que nuestra cultura ha olvidado que amamantar es algo natural, inherente al ser humano.

Por el contrario, en lugares más lejanos en los que aún no se ha perdido el contacto con la naturaleza, yo mismo he visto cómo las madres, incluso con puestos de responsabilidad, van con su bebé a trabajar y está con ellas todo el tiempo.

La secretaria del ministro de Salud de Burkina Faso (África) llevaba a su hijo de 13 meses a la espalda mientras estaba en el despacho. Si el bebé quería comer, se agarraba al pecho, y la madre seguía trabajando y atendiendo el teléfono.

Esta situación también existe en países más desarrollados, donde las parlamentarias, que van con sus hijos porteados a la africana, asisten a las sesiones para hablar y discutir los temas de sus conciudadanos, sin tener que dejar de lado un aspecto tan importante de su vida como es el cuidado de sus propios hijos.

Situaciones difíciles para amamantar en libertad

Hace 20 años, un padre me comentó que en un restaurante de Holanda se había levantado de la mesa para invitar a los comensales a abandonar el local. ¿El motivo? Pues que el maître le había prohibido a su mujer darle de mamar a su hijo sentada allí mismo donde celebraban un cumpleaños en familia. El padre dijo en voz alta: “Estamos aquí comiendo con la familia y a mi hijo pequeño le prohíben comer. ¡Nos vamos de aquí!”. Y el restaurante se vació rápidamente.

Situaciones como esta se repiten con frecuencia también en nuestro país. En el Museo del Prado (Madrid), un vigilante le advirtió a una madre que amamantaba a su hijo ante la maja desnuda de Goya, sin darle ninguna clase de explicación, que no podía hacerlo.

Lo mismo pasó en la entrada de un mercado de Barcelona, donde un policía le dijo a una mujer que tenía que irse a otro lugar para darle el pecho a su hijo. Su cara de sorpresa fue la misma que la de una mujer al entrar en el baño de unos grandes almacenes y ver que todos estaban ocupados por madres sentadas alimentando a sus bebés, y es que en la tienda no había ningún sitio donde poder hacerlo.

Todo esto ocurre con tanta frecuencia en las ciudades que algunas madres han decidido unirse, formando iniciativas como la #teteadamasiva o el grupo Lactancia en Libertad (www.facebook.com/lactanciaenlibertad), para defender el derecho fundamental de amamantar en público.

Unidos por un mismo fin

Hemos de normalizar nuestra visión de la lactancia materna, especialmente en el ámbito público, para que acabe siendo igual de normal que ver a una madre besando a su hijo, algo que se considera natural y sano. Y lo es, porque este contacto físico genera apego y a su vez autoconfianza tanto en los niños como en las madres.

Con la finalidad de defender esta normalización, ya se han realizado diversas acciones: desde la manifestación llevada a cabo hace más de 20 años en Barcelona, para celebrar que por primera vez se festejaba en España la Semana Mundial de la Lactancia y que motivó a muchas madres a buscar más información, hasta la celebración anual de esta fiesta, que moviliza a millares de madres y familias en todo el mundo.

Estas madres salen a la calle a reclamar su derecho a poder amamantar, y hacerlo donde el bebé lo solicite y ellas estén dispuestas a hacerlo. La lactancia se puede hacer en cualquier momento y lugar, y no es necesario posponerla si el bebé la pide.

Ver a una madre en el dentista con su bebé mamando o frente al ordenador con el niño prendido al pecho, por ejemplo, deberían ser más habituales.

Se ha de lograr que se respete a las madres que amamantan a sus hijos en público, y no desterrarlas a los baños ni encerrarlas en casa para que lo hagan. Con todo mi respeto, si la imagen no le gusta a alguien, que se vaya.

El bebé tiene derecho a comer y su madre a dárselo en cualquier momento y en cualquier lugar.