Amamantar es salud para tu hijo

LACTANCIA MATERNA

Tu leche fortalece el sistema inmune de tu hijo para toda la vida

Cuando amamantas a tu hijo, siempre tienes a su disposición el alimento más saludable y en las mejores condiciones, pero ¿sabías que es una fuente de salud? Aquí tienes todos sus beneficios.

José María Paricio

Ver a un bebé tomar el pecho, por más normal que parezca, no es la tónica habitual a la que nos tienen acostumbrados los medios de comunicación. Al dar una noticia sobre la vida infantil, así como en algunos anuncios, películas o series de televisión, suelen relacionar bebés y niños con biberones, chupetes y tetinas, y obviar por completo la alimentación natural, la que nunca debimos perder de vista, la sana, la buena, la original y auténtica: la lactancia materna.

Tienes la original, ¿para qué una copia?

La importancia de la leche materna para mantener y potenciar tu salud y la de tu hijo es tal que los laboratorios que crean este tipo de alimento para bebés a partir de leche de vaca se afanan en descubrir y estudiar todos esos elementos que la componen, tratando de añadirlos a sus fórmulas. Sin embargo, de los miles de factores que hacen de tu leche el mejor alimento que le puedes ofrecer a tu recién nacido, en las fórmulas artificiales apenas se han podido incluir unas decenas.

Protegerlo es fácil y está al alcance de tus manos

Una de las propiedades más evidentes y conocidas de la leche materna es su capacidad de fortalecer el todavía inmaduro sistema inmunitario del recién nacido, logrando que los bebés amamantados estén protegidos frente a numerosas infecciones.

Un lactante que no toma pecho tiene 14 veces más probabilidades de sufrir una diarrea y seis veces más riesgo de padecer una enfermedad respiratoria, ya sea catarro, otitis, bronquiolitis o neumonía. Por esa razón, estos bebés visitan más al pediatra, toman más medicamentos e ingresan más en los hospitales, sobre todo por enfermedades infecciosas, que aquellos que sí toman leche materna.

La protección que le aporta tu leche frente a posibles infecciones proviene de varios mecanismos diferentes y complementarios, como son el envase y lo que contiene el propio alimento.

El mero hecho de amamantarlo constituye una barrera física, ya que limita el acceso de agentes infecciosos ambientales que podrían llegarle a través de los alimentos o de los recipientes que los contienen.

Tu pecho es el mejor envase que puede tener un alimento como la leche, evitando así los riesgos de contaminación y los posibles errores de preparación con las leches de fórmula.

También contiene una variedad de factores bioactivos que no solo protegen frente a posibles infecciones, sino que además tienen propiedades antiinflamatorias. Destacan las inmunoglobulinas –más conocidas como defensas–, sobre todo la A (muy abundante en el calostro o leche de los primeros días y siempre presente en proporción generosa), la lactoferrina, los nucleótidos y numerosas células vivas defensivas.

Por otro lado, estos componentes favorecen la colonización del intestino por bacterias probióticas, con lo que se reduce la posibilidad de que se desarrollen infecciones intestinales y alergia a las proteínas.

Tu leche aún juega un papel más importante si cabe si tu hijo ha nacido antes de lo esperado, puesto que los bebés prematuros que no son amamantados corren más riesgo de padecer una grave enfermedad del intestino llamada enterocolitis necrotizante. Por eso, en las mejores unidades neonatales de los hospitales de nuestro país, además de estimular y ayudar a las madres para que den el pecho a sus bebés prematuros, disponen de bancos de leche materna para alimentar a aquellos cuyas madres no pueden hacerlo por la razón que sea.

Un secreto a voces

Con todas las propiedades que encierra la leche materna no es casualidad que también se le conozca como oro líquido. Los organismos sanitarios nacionales e internacionales que velan por la salud de todos los ciudadanos lo saben.

Y por eso recomiendan una lactancia materna exclusiva durante los primeros seis meses de vida, así como seguir dando el pecho junto a otros alimentos al menos hasta que el niño haya cumplido dos años, o hasta que madre e hijo deseen o puedan.

Hace años que la Organización Mundial de la Salud hizo esta recomendación, a la que se han adherido todas las sociedades de pediatría y de otras especialidades de diversos países del mundo, incluido España, por supuesto. Sin embargo, estamos lejos de lograr ese objetivo porque actualmente menos de la mitad de los bebés menores de seis meses de todo el mundo están siendo amamantados de forma exclusiva.

Y es que a veces, por mucho que las madres lo deseen, no tienen nada fácil seguir estas recomendaciones.

En nuestra sociedad existe toda una serie de hechos que convierten la lactancia materna en una verdadera carrera de obstáculos...

Empezando por los permisos de maternidad, que son demasiado cortos y obligan a las madres que quieren amamantar a hacer encajes de bolillos con su vida personal, familiar y laboral (juntar las horas de lactancia, empalmar con las vacaciones, solicitar excedencias y reducción de horarios... ), y continuando con las jornadas laborales, que para nada se adaptan al ritmo de la lactancia y la crianza tranquila.

Lo más grave no es que nuestro modelo social no ofrezca una conciliación eficaz de la vida laboral y familiar, sino que se haya minado el factor más importante conocido y demostrado para mantener la lactancia materna:

La confianza de las mujeres en sí mismas, en su rol de crianza y en su capacidad de dar el pecho.

Y no solo eso, igual de trascendental es que esta idea alcanza a toda la sociedad, incluidos los profesionales, que a la menor dificultad recomiendan optar por las fórmulas industriales.

Sabiendo que al amamantar se cuida de la salud de los niños hasta tal punto que se reduce en un 70% el riesgo de que sufran la temida muerte súbita del lactante y los protege de posibles alergias e infecciones, e incluso de enfermedades tumorales, se impone una profunda reflexión desde múltiples frentes para revertir este funcionamiento de la sociedad moderna, que impide a las madres desempeñar una función esencial a la hora de alcanzar el máximo potencial de salud, tanto para ellas como para sus bebés, y no solo física, sino también emocional.

Tener la posibilidad de garantizar a los niños un sistema inmune fuerte, hasta en la edad adulta, ¿no es razón suficiente para fomentar la lactancia materna?