Los 6 enemigos de un parto fluido

PARTO RESPETADO

Los 6 enemigos de un parto fluido

El cuidado de las condiciones que favorecen el bienestar emocional de la embarazada es tan importante como los aspectos médicos o técnicos de la atención.

Emilio Santos Leal

¿Cómo es posible que un proceso natural y fisiológico sea tan doloroso? ¿Realmente es tan difícil parir sin ningun tipo de analgesia? La respuesta a estas preguntas es que el parto, en las condiciones que la naturaleza tiene previstas, no implica sufrimiento. Si se respetan las necesidades básicas de la mujer –es decir, en un parto natural–, permitiéndole usar todos sus sentidos y facultades, puede ser un proceso de gozo, tanto para la madre que pare como para el bebé que nace.

El parto es un proceso de gozo como lo son todas los demás funciones fisiológicas que experimenta el cuerpo humano. En concreto, desde el punto de vista biológico, el parto se parece mucho a dos de ellas: el acto sexual y la defecación. Y los enemigos que pueden dificultarlo son los mismos:

1. EL MIEDO

Nuestro sistema neurohormonal está diseñado para que ante la necesidad de luchar o de huir, estas actividades sean prioritarias. Todo lo demás se puede posponer. Así pues, sintiendo miedo, un mamífero no puede aparearse, no puede defecar y no puede parir. Salvo en un caso: cuando la finalización de estos actos sea inminente. Los profesionales que atendemos partos sabemos que la amenaza de fórceps o de cesárea en la fase final del parto provoca en muchos casos que el nacimiento se produzca rápidamente y no haya que usarlos. El “susto” que se lleva la parturienta acelera el proceso. Esto no significa que sea bueno ni útil usar estas “amenazas” porque el efecto puede ser el contrario.

La noradrenalina es la hormona responsable del reflejo de eyección fetal en el parto, y del reflejo de eyaculación orgasmo en el acto sexual. Pero la adrenalina o la noradrenalina mal sincronizadas muy habitualmente son responsables de que estos procesos se detengan o se produzcan de un modo disfuncional. La adrenalina es una antagonista de la oxitocina, hormona que dirige el parto. Excepto en el final del proceso, tiene el efecto de inhibirlo.

Toda persona que esté presente en un parto debe saber que tiene que contribuir a que la parturienta esté en un ambiente de confianza. La mujer de parto debe sentirse segura: ésa es la necesidad más importante. Y si la madre se siente segura, sin miedo, el bebé también se siente seguro y sin miedo, porque ambos comparten las mismas hormonas.

2. LA PRISA

El segundo enemigo declarado del parto es la pretensión de que todo vaya muy deprisa. Ésta también es una de las principales causas de los trastornos sexuales. Cuando nos sentimos estresados, nuestro cuerpo decide que no es el momento para realizar el acto sexual, como tampoco es el momento de parir. Del mismo modo que en el caso anterior, la hormona asociada a la prisa es la adrenalina. Si la madre genera adrenalina durante el parto, el bebé también lo hace.

Las personas presentes en un parto, tanto los sanitarios como el acompañante, deberían entrar en el mundo de la calma y actuar con mucha discreción: moverse sigilosamente, hablar despacio y con suavidad, no hacer ruido, no encender luces... Todos estos estímulos que nos hacen funcionar en modo “prisa”, “eficiencia”, “diligencia”, pueden afectar a la madre y se oponen al curso normal del parto. Las matronas que siguen su instinto, cuando atienden un parto suelen actuar sigilosamente, con calma, con cariño. Instintivamente, la mujer también suele actuar así cuando acompaña a otra mujer en el parto.

3. LA SOCIABILIDAD

Hoy se sabe que en las tribus de sociedades basadas en el grupo y no en la pareja, el parto se producía sin dolor. Cuando llegaba el momento, la mujer se iba a parir en soledad y volvía con el recién nacido en brazos. Así es; el parto, como el acto sexual, necesita intimidad, no es un evento social.

Cuando socializamos ponemos en marcha nuestro cerebro racional y bloqueamos nuestro cerebro primitivo. Porque hablar es un acto que necesita de la lógica. Sentirse observada también activa la corteza cerebral. En cambio, para parir bien, igual que para hacer el amor, no podemos estar activando nuestro celebro lógico. Son actos que sólo se realizan a gusto en la intimidad, a salvo de miradas de terceras personas. Al hacer el amor podemos hablar y nos pueden hablar, pero ha de ser con un lenguaje no lógico, el lenguaje de los cuentos, de las fantasías, de los bebés. Si en ese momento activamos el lenguaje de la sociabilidad, que nos hace pensar y activar el cerebro racional, fallamos.

Toda persona que acompaña un parto debe saber que ha de ser muy respetuosa. Debe saber que, en realidad, el parto original en la especie humana, el parto que nuestra naturaleza tiene diseñado, es un proceso íntimo. Los sentimientos de vergüenza, pudor, indefensión o respeto social interfieren. Un acompañante de parto que se muestre superior a la mujer que está teniendo a su bebé representa, en sí mismo, un enemigo para el parto.

4. EL SUFRIMIENTO

En nuestro ambiente cultural, el parto duele, es verdad. Muy pocos son los partos que, sin epidural, se producen sin dolor (casi siempre se trata de partos en domicilio). Pero dolor no significa sufrimiento. El dolor puede coexistir con el gozo. Por ejemplo, un montañero puede estar padeciendo dolor por el cansancio muscular, dolor por las agujetas, por frío o por hambre, dolor al sentir el granizo en su cara, y, sin embargo, estar gozando simultáneamente, hasta el punto de llegar a casa de su aventura y desear con toda su alma que llegue de nuevo el día de la siguiente salida a la montaña.

El dolor, el frío, el hambre o el calor son sensaciones que no necesariamente implican sufrimiento y que pueden, en muchos casos, disfrutarse. Igual que el dolor de las contracciones cuando existe, ya que no deja de ser un dolor muscular, del músculo uterino. Y la percepción de la intensidad de las contracciones puede ser gozosa. Gozosa para la mujer que pare y gozosa para el bebé que nace.

Por este motivo, las mujeres que van a tener un bebé deberían saber que si mentalmente interpretan el proceso del parto como algo gozoso, están generando, como el montañero o el deportista, una cantidad suficiente de hormonas del placer las endorfinas, que cambiarán su percepción del dolor.

Y cuando la madre genera endorfinas, el bebé también lo hace.

Por el contrario, si una mujer de parto interpreta las sensaciones de las contracciones como sufrimiento, su dolor será mayor. Si eso es lo que finalmente ocurre, si la mujer siente que sufre, para eso están las técnicas de analgesia. En esos casos, se puede recurrir a las opciones que la tecnología pone a nuestra disposición: tens (estimulación nerviosa transcutánea), óxido nitroso, etc., aunque la epidural se ha mostrado como la más eficaz.

5. EL ROL DE ENFERMA

  • El enema para vaciar el intestino antes del parto
  • el rasurado púbico para “limpiar la zona”
  • el ingreso en una cama de hospital
  • estar tumbada sin libertad de postura
  • la monitorización continua conectada a máquinas
  • las exploraciones vaginales frecuentes...

Todas estas acciones contribuyen a que una mujer de parto se sienta como una enferma, cuando no lo es.

Los estudios científicos muestran que esas prácticas, realizadas por rutina y sin necesidad, no suponen ninguna ventaja para la embarazada que está a punto de parir a su hijo.

Por ejemplo: escuchar periódicamente el corazón del bebé es mejor que una monitorización continua: se producen menos cesáreas y el estado de salud de los bebés es muy similar.

Los estudios científicos muestran que la mujer que se siente libre de adoptar la postura que desea en cualquier fase del parto pare mejor.

También se ha demostrado que la episiotomía no salva lesiones en el periné, por lo que sólo debe hacerse si se tiene que acelerar la salida del bebé.

Todas estas técnicas que se usaban en el seguimiento del parto en el siglo pasado, hoy se sabe que no son necesarias de rutina. Porque el parto, en la gran mayoría de los casos, es un proceso saludable de una persona sana que está en uno de las mejores momentos de su vida; transformar este momento en una enfermedad lleva a no parir bien. Como llevaría a no poder realizar un acto sexual.

Parir y hacer el amor precisa tener sentimientos de admiración hacia una misma y hacia la otra persona, sentimientos de grandiosidad, totalmente incompatibles con el rol de persona enferma.

Las buenas matronas saben hacer una vigilancia del parto normal sin provocar que la mujer que pare se sienta enferma, sin que se sienta pequeña, sin infantilizarla.

6. LA IGNORANCIA

Todos tenemos una sabiduría interna que nos permite saber cómo realizar cada una de las funciones fisiológicas: la ingesta de alimentos, la respiración, la micción... Todas estas funciones fisiológicas tienen un componente involuntario. Y todas nacemos con una sabiduría interna para autorregularnos y para saber cómo realizar correctamente estas funciones. Pero nuestra cultura está impregnada de prejuicios y falsas creencias que, a veces, nos impiden conectar con ella.

¿Qué necesitas?

Antes de plantearnos cuáles son las necesidades médicas o tecnológicas de la mujer sana cuyo parto empieza a desencadenarse, es importante reflexionar sobre sus sensaciones y emociones, ya que el estado emocional se traduce en la secreción de hormonas que pueden influir en un sentido u otro en el progreso del parto.

El parto normal en la especie humana es un acontecimiento fisiológico que fluye con facilidad sólo cuando sucede en una determinada atmósfera emocional, es decir, cuando la mujer tiene:

  • Sensación de seguridad y confianza en sí misma.
  • Sensación de calma.
  • Sensación de intimidad (incluyendo restringir el lenguaje)
  • Sensación de gozo
  • Sensación de grandiosidad
  • Conexión con su sabiduría innata

Todos y cada uno de estos elementos son necesarios para que el parto progrese de manera segura y espontánea.

Y todos los profesionales relacionados con la atención al parto tenemos como función principal asegurar esta atmósfera emocional a una mujer que está a punto de dar a luz, uno de los momentos más importantes e intensos de su vida.

Miedo y estrés en la recta final

  • El estado emocional de la embarazada influye de forma determinando en el parto. Un par de estudios sobre rotura de la bolsa con motivo del 11M y el 11S demuestran la influencia que el estrés y el miedo pueden causar en el embarazo.
  • En el año 2004, el departamento de ginecología y obstetricia del Hospital Clínico de Madrid realizó un interesante trabajo científico, publicado en la revista británica Birth, con motivo del estado de temor generalizado de la población de Madrid originado por el ataque terrorista del 11M. El estudio comparó la incidencia de sucesos al final del embarazo durante los siete días que siguieron al ataque terrorista, con un período de control que eliminara al máximo los errores.
  • El número de roturas prematuras de membranas durante la semana posterior al 11M fue de 18 casos, mientras que en semanas anteriores lo habitual era una media de 9,29 roturas prematuras por semana. En términos relativos, la estimación de incidencia media de rotura prematura de membranas a término fue de 2,1% durante el período de exposición, frente al 1% durante los períodos de control.
  • Éste fue el primer estudio que evaluaba el riesgo de rotura prematura de membranas a término en relación con estados emocionales de estrés. Al año siguiente se publicó un estudio similar que mostraba que tras el ataque terrorista del 11 de septiembre de 2001, en Nueva York, aumentó significativamente el número de partos pretérmino.
  • Ambos estudios parecen indicar que el estado de temor generalizado puede desencadenar el parto de formas diferentes de la normal.

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