bañera cuadrado

Parto natural

7 claves para evitar la epidural

La anestesia no es el único recurso para aliviar el dolor, hay otras opciones que, además, no tienen contraindicaciones

Blanca Herrera

El miedo, la angustia, un entorno hostil... son los responsables del dolor que se siente en el parto. Para sobrellevarlo, la epidural no es el único recurso; las mujeres disponen de otros métodos de analgesia y sin efectos secundarios.

1. Un entorno cálido

Las maternidades actuales resultan incómodas, hostiles y disuasorias (luces fuertes, falta de intimidad, potro obstétrico...), lo que genera miedo y, por tanto, dolor. El parto requiere un ambiente confortable.

2. El apoyo continuo

De una persona que comprenda el proceso y las necesidades básicas de una mujer de parto (intimidad, calor, pocos estímulos, soporte emocional...). Así, disminuye la necesidad de analgesia, la tasa de cesáreas y de partos instrumentales, mejora la satisfacción de la mujer con la atención recibida y aumenta el éxito de la lactancia materna.

3. El movimiento libre

Facilita que el bebé se encaje y descienda. Las contracciones son más tolerables cuando la mujer adopta en cada momento la posición que necesita, en función de cómo se mueve el bebé. Algunos artilugios pueden facilitarlo: pelotas de parto, poleas o cuerdas, cojines...

4. El agua caliente

Es uno de los métodos no farmacológicos más efectivos que existe. El objetivo no es parir en la bañera o la piscina, sino aprovechar los beneficios del agua caliente. Este recurso natural relaja, hace las contracciones más llevaderas, y facilita las contracciones uterinas y la dilatación cervical. En el Reino Unido, esta clase de analgesia se conoce como “la epidural de las matronas”.

5. Los masajes

Aplicados en la zona lumbar proporcionan confort y alivio. La presión aplicada y el calor generado por la fricción ayudan a tolerar el dolor que aparece en esta parte del cuerpo. Es de gran utilidad para muchas mujeres.

6. Algunas técnicas de relajación

Y de autohipnosis (relajación progresiva de Jacobson, entrenamiento autógeno de Schultz, neositerapia...) pueden ser eficaces, pero requieren un entrenamiento previo.

7. Hay métodos más invasivos

Como la inyección de agua estéril en puntos de la espalda o los TENS (electroestimulación). Ambos son económicos, favorecen la fisiología del cuerpo, no tienen efectos colaterales, y fomentan la participación de la mujer y del acompañante.

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